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DONDE FLORECE EL HORROR

NOTAS AMARGAS SOBRE TRISTEZA DE LOS CÍTRICOS

 

Belinda L. de la Torre

 

Al leer a Liliana Blum (Durango, 1974) siempre me llevo una grata sorpresa. Además de tener un excelente manejo del lenguaje con minuciosas descripciones, las historias que nos narra logran desgarrarnos dejando imágenes inquietantes en nuestra cabeza durante mucho tiempo. La primera vez que leí a Blum fue en una antología del noir mexicano titulada La renovada muerte (Grijalbo, 2019). Su cuento “Kristallnacht”, minucioso, profundo y anacrónico, me mostró su impresionante capacidad para adentrarnos en su mundo literario que, en la mayoría de las ocasiones, se nos presenta como cruel, asfixiante, desolador e impetuoso. Para leerla hay que tener el suficiente estómago y una curiosidad que nos permita llegar hasta el final, tomar una bocanada de aire fresco y proseguir con otro cuento que seguramente será más intenso que el anterior.

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Tristeza de los cítricos (Páginas de espuma, 2019) es el contenedor de diez relatos que convergen entre las líneas de lo familiar y lo social, pero que están unidas por la crudeza del mundo, la insatisfacción y el anhelo de encontrar algo diferente, algo que azote la monotonía y otorgue un nuevo significado a la vida. En entrevistas, Blum ha destacado que el proceso de creación de este libro le llevó muchos años, que cada cuento fue recopilado hasta que decidió iniciar con una labor de corrección y, una vez terminado, encontrar una editorial interesada en publicarlo. Señala también que por momentos creyó que no saldría a la luz por las innumerables ocasiones en las que fue rechazado (1). Cabe destacar que la portada del libro, hipnótica y violenta, en la que vemos a un ciervo antropomórfico herido intentando retirar la lanza afianzada a su pecho, es una obra que representa en gran medida la esencia del libro: esa flecha aqueja la difícil condición humana de la que muchas veces nos queremos librar y habita un dolor constante del cual se asoma una ligera y breve posibilidad de volver a la vida. La mirada del ciervo es apacible, no presenta desesperación o dolor, es como si supiera que no hay nada que hacer; no obstante, el título ayuda a complementar la escena: en botánica el término tristeza de los cítricos representa un mal que de a poco enferma a los árboles sin tener una cura. Tanto el árbol como el ciervo están condenados a morir de forma lenta.

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En el primer relato, titulado “Conejillo de indias”, nos encontramos con un ama de casa como protagonista, cansada de su marido y entregada a una doble vida como amante de un joven soltero con el que encubre sus clases de natación y cocina en cuartos de hotel. Como voyeristas lectores, nuestros ojos observan los movimientos de una familia sumida en la cotidianidad y el hastío, pero también develamos la motivación de la infidelidad: una mezcla de venganza, capricho y vanidad al sentirse deseada por un hombre de menor edad que ella. Intenta reconectar quizá con un pasado, pero a su vez permanecer en ese espacio que le hace olvidar su tiempo presente. El tedio, aunado a la violencia diaria, es algo que permanecerá presente en la mayoría de los cuentos.

La añoranza del escape es el sello característico de esta obra donde los personajes principales sueñan con adquisición de bienes, aceptación, estatus, amor eterno, estabilidad, un encuentro consigo mismos; sin embargo, chocan contra una realidad más poderosa e inalterable que ellos. El espacio y la temporalidad en las que se desarrollan las historias nos permite ver a través de una pequeña ventana una porción de la realidad de México, esa que aterra, que apesta con su tufo nauseabundo a narcotráfico, a desapariciones, a los abusos familiares, a muerte. Nos encontramos con lugares precisos en el mapa geográfico: nos sofoca el calor de una zona costera, el ambiente asfixiante de la metrópoli, los vientos del norte, la aparente tranquilidad de un pequeño pueblo. Al leer a Liliana todo nos resulta cotidiano, palpable, cercano. Después de cada relato la desesperanza golpea mientras un vuelco en el pecho nos recuerda la latente posibilidad de formar parte de las sangrientas estadísticas.

“El diablillo de la balsa” (de mis favoritos) es un cuento que emplea un recurso fascinante: el ensamblaje literario, que consiste en recurrir a notas periodísticas para recrear una historia. Imaginar el orden de las circunstancias, incluir a otros personajes, dar una vuelta de tuerca y cambiar los finales es algo que nos permite vislumbrar los hechos desde otra perspectiva y, en algunos casos, hacer una denuncia social. Me traslada a novelas como Las muertas de Jorge Ibargüengoitia o Libro de Manuel de Julio Cortázar, donde hechos que conmovieron un país son reinterpretados a base de retazos de expedientes judiciales, notas de periódicos, entrevistas, testimonios o documentales. A pesar de que el relato nos entrega una mezcla de congoja y lástima por la protagonista, una mujer en los cuarenta que vive sólo con sus gatos y que intenta convertirse en la salvadora de un inmigrante cubano encarcelado del que se enamoró después de verlo en una fotografía de una nota del periódico de Tampico, disfrutamos del poder imaginario de Blum para hablarnos sobre la imposibilidad del amor, la soledad y la compleja oscuridad que se esconde tras los lazos familiares.

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Con “Madriguera” la sensación de compasión desaparece para convertirse en un odio por el perverso personaje central, un vividor que con técnicas manipuladoras seduce a mujeres a las que les quita dinero y se instala en sus casas fingiendo ser un humano excepcional. Al tener acceso a sus pensamientos, entendemos la podredumbre del hombre:

Ricardo Stirner hace un gesto de asco y disgusto: la presencia de los pordioseros le impide disfrutar de la Sonata 12 en fa mayor de Mozart que se escapa del interior del lugar. Ahora la niña extiende la manita sucia al mismo tiempo que su hermano le pide una moneda. Él los ignora y se lleva la taza de expreso a los labios. No se van. ¿Por qué no se largan de una buena vez? No hacen más que afear el panorama, arruinarle su café. Si creen que porque él es blanco y rubio como extranjero irá a darles una moneda están muy equivocados. Qué fastidio. (Blum, 2019)

Además del riesgo que representa no sólo para las adultas que lo rodean, sino también para los menores de edad, pues en reiteradas ocasiones se asume sin vergüenza o remordimiento como un pedófilo. Resulta frustrante la manera tan sencilla en la que a través de “fases” (como les llama él) logra aprovecharse de la necesidad de compañía y vulnerabilidad de mujeres que viven solas.

La magia de los cuentos de Liliana Blum radica en revolvernos las entrañas, en llevarnos por un vaivén de emociones que van desde el asco, la decepción y la rabia hasta el dolor, un dolor que trastoca por esa llaga abierta que tanto ha destruido el tejido social de México: el narcotráfico, la impunidad, las desapariciones forzadas, la brecha de clases y esa inexistente justicia social a la que tanto está acostumbrada la población. Escribir lo que duele libera, pero también deja un registro de historias que reconocemos en nuestro día a día, esas que ni el sistema político ni las instituciones se atreven a enfrentar, las mismas que sólo se maquillan con cifras menores y discursos falsos que intentan convencernos de que todo va bien, que el problema se va extirpando de raíz.

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Liliana Blum

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(1) Blum, L. (21 de enero de 2020). mascultura.mx. (F. V. Escalante, Entrevistador) Obtenido de https://mascultura.mx/entrevista-liliana-blum-y-la-tristeza-de-los-citricos/

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AQUÍ puedes leer las primeras páginas de Tristeza de los cítricos.

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En “De puertas para adentro” reseñaré obras —escritas y dirigidas por mujeres— que abordan el horror cotidiano.

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Belinda L. de la Torre

Narradora. Licenciada en Letras y Maestra en Literatura Hispanoamericana por la Universidad Autónoma de Zacatecas.

Ha colaborado en las revistas y suplementos culturales: La gualdra (periódico Imagen), Crash, La testadura, Tachas (Es lo cotidiano), Confluencia Revista Hispánica de Cultura y Literatura, Campos de plumas.

Forma parte de Y son nombres de mujeres: antología de escritoras zacatecanas IV y Tinta violeta de la editorial Aquelarre de tinta.

Contacto: klavier.belinda@gmail.com

IG: https://www.instagram.com/be.delatorre

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