LA MUJER SOÑADA Y EL MONSTRUO

I

 

Emiliano González

 

 

El autor cómico e imaginativo Norman Matson completa la novela de Thorne Smith La bruja apasionada (1942), base de la serie de TV Hechizada, que da origen a otra serie muy parecida, Mi bella genio, en que la bruja casada y doméstica aparece vestida como un personaje de Las mil y una noches.

Un cuento de este libro, titulado “Historia de los dos que soñaron”, le inspira a Matson El doctor Fogg (1929), novela en que un cilindro con una joven dentro es desenterrado en un jardín. En el cuento miliunanochesco, un hombre infortunado de El Cairo sueña que un desconocido le asegura que su fortuna está en Persia, en Isfaján, y al despertar el hombre va a esa ciudad, pero se mete en un problema y es encarcelado. El juez lo interroga y él cuenta su sueño, motivo de su viaje.

El juez dice que ha soñado tres veces con una casa en una ciudad de El Cairo, en cuyo fondo hay un jardín y un tesoro. No ha dado crédito a su sueño. Pero en el jardín de su casa de El Cairo, el hombre infortunado desentierra el tesoro, que es el del sueño del juez. Virginia Woolf, en el cuento “Una casa encantada”, dice que hay un tesoro enterrado en el jardín: la luz del corazón.

Los dos cuentos influyen sobre mi obra, en que hay un argumento muy parecido al de Matson: un huevo prehistórico con una mujer dentro es desenterrado en un jardín (argumento de mi personaje Aurelio Summers). Lo del huevo prehistórico me fue inspirado por una carta en que Lovecraft se refería a un proyecto sobre el huevo de un dinosaurio, pero no narraba el argumento. En mi novela fantástica lo prehistórico simboliza el atavismo ancestral que posee a Maisie y la animaliza, convirtiéndola en mona. El mono de Toth (Leah Hirsig), que supuestamente se entrega a aventuras escatológicas con Crowley (anécdota digna de El libro de las mentiras), se vuelve realidad en mi novela, pero transformada en Maisie.

El cuento de Virginia Woolf, “Una casa encantada”, es una variación de un cuento, “El tesoro”, de la modernista española Carmen de Burgos, en que están la pareja fantasmagórica, la luna, la lluvia, el sueño y el tesoro, que es el amor. Escribe Carmen de Burgos: “…los rayos de luna, que se deshacían en lluvia de brillantes”, y Virginia Woolf escribe: “…los rayos de luna salpican y se derraman salvajemente en la lluvia” (“moonbeams splash and spill wildly in the rain”).

Enfermedades de la Naturaleza, animales crueles o anormales vienen al caso ante las perversiones, como ciertos chimpancés entregados a la coprofagia. Opuesto a éstos es un mono recordado por mi abuela, que al mancharse con excremento de gallina quedó obsesionado, triste, oliendo la pata manchada, hasta que al fin murió, asqueado, a pesar del perfume que se le puso. En la literatura fantástica, la transformación de humano en animal implica siempre involución que llega hasta el polimorfo perverso: el hombre-lobo es comparable con el hombre-mono al no ser erótico sino sexual, instintivo, animal, sin vergüenza alguna y sin ética ni estética. El hombre-lobo es de hecho violento, macabro, devorador. El erotismo, en cambio, implica siempre amor, belleza y humanidad.

David Garnett en Las flores de la selva (1955) afirma que la fachada de la granja de Asheham (donde Virginia Woolf y su esposo pasaban los fines de semana) tenía “un carácter curiosamente onírico”: se suponía que estaba embrujada. Aunque Garnett nunca vio un fantasma, él asegura que Clive Bell vio “una figura pasando de habitación a habitación y cruzando las ventanas”. Según Garnett, la granja tenía carácter personal, “tan individual como el de una mujer que uno ha amado, y que está muerta”. Garnett explica que los lugares “se impregnan con el espíritu de los que los han habitado y han sido felices en ellos”. El fantasma visto por el crítico Bell es tal vez una ilusión óptica provocada por el desplazamiento de una sombra en cuartos y ventanas. El cuento “Una casa encantada” de Woolf es una evocación del fantasma de Asheham. La explicación racional es necesaria después de la recepción del cuento de Woolf: el lector despierta del sueño en que lo ha sumergido la lectura, un sueño amoroso y poético.

Garnett, al referirse a las personas y a los lugares, da la razón a Woolf cuando la protagonista muere al final de la novela El viaje de ida (1915) y el hotel queda vacío, sin su espíritu del lugar, y los huéspedes son como maniquíes sin almas. En la novela de Woolf, la flor de la selva (forest flower) es emblema del amor. De ahí el título de Garnett, Las flores de la selva (The Flowers of the Forest), para un libro de 1955, y el título del disco de free jazz de Charles Lloyd, Forest Flower, inspirado directa o indirectamente por las flores de la selva.

Otro músico inspirado por Garnett es Jimi Hendrix en su canción “Foxy Lady”. Cuando en mi juventud tuve alucinaciones que parecían ser fantasmas oí sonidos muy parecidos a los de Hendrix en sus momentos más experimentales, no en los momentos rítmicos de rock o de blues.

Garnett, autor de una novela sobre una dama convertida en zorra, muestra una sensibilidad abierta a lo fantástico, y todo cuento fantástico exige la suspensión de la incredulidad que acompaña a la suspensión de juicio (descanso necesario para el juicio sano y sereno). La joven convertida en mona de mi novela, como la dama convertida en zorra de la novela de Garnett, implica involución: la bella se convierte en bestia, en una variación del cuento feérico.

Concluirá…

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Emiliano González

Autor de Miedo en castellano (1973), Los sueños de la bella durmiente (1978, ganador del premio Xavier Villaurrutia), La inocencia hereditaria (1986), Almas visionarias (1987), La habitación secreta (1988), Casa de horror y de magia (1989), El libro de lo insólito (1989), Orquidáceas (1991), Neon City Blues (2000), Historia mágica de la literatura I (2007), Ensayos (2009), La ciudad de los bosques y la niebla (2019) y De un mundo a otro (2021).

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