ENCONTRÉ AL DIABLO

un oscuro sendero entre la venganza y la perdición

 

Israel Yerena

 

¿Perdonarías a un asesino? ¿Le desearías el bien a un violador? Más aún, ¿aceptarías las disculpas del hombre que, además de abusar sexualmente de tu prometida, la descuartizó a pesar de saber que estaba embarazada? Si eres un “monstruo” que no se tienta el corazón, seguramente tu respuesta a las preguntas anteriores fue un rotundo no; de ser así, entonces Encontré al diablo (Akmareul boatda, 2010), del director Kim Ji-Woon, es para ti.

La cinta nos presenta la historia de Kim Soo-hyeon (Lee Byung Hun), un agente de policía cuyo único deseo es vengar la tortura, violación y el posterior descuartizamiento de su novia Joo-yun (Oh San-ha), cuyos últimos momentos de vida fueron un infierno a manos de su asesino, Kyung-Chul (Choi Min Sik). Sin embargo, cuando el detective encuentra al hombre que le hizo esto a su prometida, su objetivo no será encarcelarlo ni mucho menos matarlo, sino que en lugar de ello se adentrará en un perverso juego en el que atrapará, torturará y liberará al agresor una y otra vez hasta que la vida de éste último quede destrozada.

Esta película es un claro ejemplo de la perversidad humana, pues por una parte nos demuestra la diabólica mente de un asesino y, por la otra, nos expone de gran manera la transformación de ser humano a monstruo del protagonista, ya que al ser tanta su sed de venganza terminará por convertirse en alguien igual o peor que aquel a quien persigue. Sin embargo, también funciona como un retrato nuestro, pues ¿quién de nosotros no querría destrozar la vida de la persona que destazó y vejó el cuerpo de nuestro ser amado? Seguramente más de uno de nosotros lo haría sin dudarlo, hecho que, si bien sería un acto de justicia propia, nos rebajaría a la misma categoría de aquel que arruinó nuestra vida.

Todo esto lo veremos luego de que Kyung-Chul secuestre, viole y descuartice a Joo-yun a pesar de saber que estaba embarazada; un hecho terrible que despertará una búsqueda implacable de venganza por parte de Kim Soo-hyeon. Sin embargo, y como dijimos antes, la película no se satisface con la captura del asesino; no, sino que se encarga de hacer de Kim un sádico justiciero, quien jugará al gato y  al ratón con Kyung, ya que en vez de encerrarlo de por vida en la cárcel, su objetivo es hacerlo sufrir una y otra vez mediante horribles torturas.

Como es de esperarse el camino no será fácil, pues lo que el protagonista no sabe es que está tratando con un psicópata que no siente remordimiento alguno, ya que este asesino sabe que sin importar las torturas a las que Kyung lo someta, su sufrimiento nunca será nada comparado al que él les causó al policía y a su novia con el brutal asesinato de ésta; motivo que no sólo no lo hace arrepentirse de sus actos, sino que también le da más ánimos para seguir con vida y continuar atormentando a su verdugo, lo que a su vez hará que su perseguidor cobre nuevas fuerzas e ideé más métodos para hacerlo sufrir. En pocas palabras, la película es un circulo sin fin de venganza que se alimenta de sí mismo.

Ya antes mencionamos que la cinta es un claro ejemplo de la perversidad humana, pues a lo largo de la trama nos encontraremos con personajes cada vez más ruines. Si creíamos que el violador era la peor escoria de ser humano, quizás el espectador cambie de parecer al saber que éste tiene por compañeros a otros psicópatas que incluso son capaces de devorar carne humana. Sin embargo, el más claro ejemplo de corrupción lo veremos en el personaje de Kim, pues seremos testigos de cómo poco a poco lo que parecía ser un hombre tranquilo se convierte en un monstruo que, sin darse cuenta de ello, lleva a la práctica todos aquellos actos que tanto aborrece; hecho que no sólo destrozará todavía más su vida, sino la de quienes lo rodean y aún guardan un poco de amor por él.

En resumen, Encontré al diablo es una película que, si bien presenta grandes escenas de sadismo -incluso rayando lo gore-, tiene su principal fuente de violencia en el sentimiento de venganza, pues con tal de hacer que el villano de la cinta pague por todos sus pecados, veremos cómo el protagonista recorrerá un camino lleno de ira y perdición cuyo final dejará insatisfecho a varios, pero no debido a que sea un final mediocre (al contrario, es un gran final), sino porque la conclusión del filme no se siente como una victoria y mucho menos como un acto de justicia, sino como una terrible derrota en la que víctima y verdugo lo perdieron todo con tal de conseguir los gritos y lágrimas del otro.

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Carlos Israel Yerena Cruz, 24 años.

Egresado de la carrera de Comunicación de la Facultad de Estudios Superiores Acatlán. 

Contribuyente de la revista electrónica “Encuadres”, escribiendo reseñas y noticias acerca del género de terror.

Titulado mediante la tesis “La masacre de Texas: del asesino histórico al fílmico”.

Amante de los temas tabúes, lo retorcido y lo bizarro, desde muy temprana edad -cuando apenas era un pequeño Ghoul– encontró en el género de terror un refugió en el cual depositar y liberar todos aquellos deseos perversos que crecen hasta en la mente más pura. Sin importar la vertiente, ya sea literaria o cinematográfica, el horror es un género que lo ha sumergido en un mundo que le ha enseñado que, a veces, la belleza más extrema se encuentra en las obras más grotescas.

De estómago curtido principalmente por los filmes slashersel género de horror también le ha demostrado que la mente y la naturaleza del ser humano son, quizá, las fronteras más lejanas y oscuras que nunca terminarán de ser exploradas, pero que piden a gritos que alguien se adentre en ellas. En la literatura, gracias a Lovecraft, ha aprendido que, aunque sea en unas cuantas páginas y en breves oraciones –escritas a veces por las mentes más solitarias e incomprendidas se alberga el horror más profundo de todos, aquel para el que ni siquiera se han creado las palabras ni ojos que sean dignos de describirlo.

¡! ¡Cthulhu fhtagn!

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