LO FEMENINO

ESA OTREDAD MONSTRUOSA

 

Edna Montes

 

Aquella tarde, tía rentó una película. Era un invierno defeño que invitaba a la pereza, así que hicimos palomitas, cerramos las cortinas y apagamos la luz. Era ella la que siempre me conseguía las pelis de terror que quería ver. Nunca olvidaré el clímax de la cinta con la chica bañada en sangre de cerdo, haciendo arder en llamas todo a su alrededor. Claro que daba miedo, pero a la vez una dulce sensación de poder y venganza. En especial para mi yo de 9 años, que sufría bullying en la escuela. Llegué a Carrie muy joven, sin entender por completo las implicaciones del horror corporal que años después, cuando leí el libro, ya tenía muy claras.

En el género de terror y  horror, cuando las mujeres no son víctimas se vuelven aquello que inquieta y asusta. Quizá debido a la mirada masculina hegemónica en esas narrativas o a los ecos de los cambios corporales que experimentamos a lo largo de nuestra vida y, una vez despojados de la romatización, no son gratos ni amables. No es de extrañar que desconocernos mientras cambiamos nos haga sentir monstruosas o que el género masculino sienta miedo por algo que le resulta por completo ajeno y desconocido. En la actualidad, todavía contamos historias por las mismas razones que nuestros ancestros cuando se reunían junto al fuego: mantener a raya el miedo y lanzar advertencias.

La teórica de cine Laura Mulvey sostiene que la mirada cinemática no es neutral, sino que refleja el género del cineasta. Es por eso que en una narrativa de autor masculino el monstruo femenino siempre estará codificado con base en un discurso patriarcal que nos dice mucho sobre los miedos y deseos de los hombres. Es decir, una mezcla de encanto y repulsión.

Quizás el mejor ejemplo de ese temor masculino (en la pantalla y en la vida real) son las brujas. Durante las cacerías de brujas se acusaba a las mujeres de fornicar con el diablo, castrar o dejar impotentes a los hombre e incluso de robar penes. Estas ideas, que hoy pueden parecer absurdas, estaban asentadas en el manual de cualquier inquisidor de la era: el Malleus Maleficarum.

En The Witch (2015, Robert Eggers), Thomasin y su entorno reflejan muy bien las paranoias puritanas durante esa era y, claro, un maravilloso desenlace que no voy a echarles a perder si no han visto la película (pero corran YA a verla).

De vuelta a Carrie, que puede ser catalogada como una bruja que recibe sus poderes cuando tiene su primera menstruación, podemos notar que las mujeres también pueden ser partícipes de ese orden patriarcal y reforzarlo. Su madre la reprime y maltrata en arras de sus ideas conservadoras sobre la sexualidad femenina y su naturaleza como algo “maligno”.

A menudo, lo monstruoso femenino va ligado a la idea de la castración. Desde las brujas que “desaparecían penes” al inquietante mito de la vagina dentata. Freud atribuía el miedo a la castración a una idea que el varón desarrollaría en la infancia: cuando cree que su madre tiene un pene, o lo tuvo, pero éste ha desaparecido. Un temor que revivirá a lo largo de su vida.

«Vagina Dentata», por Wednesday Wolf.

Las leyendas relacionadas a la vagina dentata tienen un punto en común: una  mujer hermosa pero inalcanzable que tiene dientes en la vagina y va por ahí emasculando hombres. La idea no deja de fascinarme porque se trata de un mito universal.  En el caso del México prehispánico hay relatos del tema entre los huicholes, otomíes, mazahuas, mixtecas, huaves y zoques. Algunas versiones tienen imágenes tan bellas como delirantes. Por ejemplo, la de los huicholes sobre un hombre que encontró un peyote que era una mujer y al copular con ella «fue devorado por la barranca», u otra más donde el Sol es seducido por la serpiente del inframundo: ella se le aparece en forma de mujer con cola de serpiente para devorado con su vagina dentada; es así como él se transforma en su alter ego, el Sol nocturno.

Aunque quizá la representación que más ha permeado la cultura popular es la de una mujer japonesa que tiene dientes en sus partes íntimas y emascula a sus maridos (varios, porque, claro, mueren desangrados) hasta que un herrero le fabrica un pene de hierro para romperlos.

De ahí se origina el Kanamara Matsuri, el popular festival del pene, que se celebra en la ciudad de Kawasaki en abril de cada año.

Es la cinta Teeth (2007, Mitchel Lichtenstein) la que con una mezcla de sangre y un poco de comedia negra sacó el tema de los tratados de antropología y lo puso en la mente de los fans del terror.

Pareciera que, en la mirada masculina del terror, la belleza y sexualidad femeninas siempre han sido un arma que puede ser usada en su contra. Desde las sirenas griegas, pasando por las novias de Drácula y filmes tan delirantes como Species (1995, Roger Donaldson), el monstruo femenino usa el erotismo para seducir a sus incautas víctimas. El deseo sexual de la mujer en el género no se representa como un hecho biológico natural, sino desde la moralidad. Las mujeres que tienen sexo en un slasher mueren, como se indica en las “reglas” de Scream (1996, Wes Craven). El Terror retrata el despertar de las mujeres a la sexualidad como un hecho terrible o traumático.

En una sociedad que condena la sexualidad femenina, It follows (2014, David Robert Mitchell)  pone sobre los hombros de Jay, su protagonista femenina, el peso de transmitir por vía sexual una maldición que mata el portador. Si bien el ente de la película podría ser una metáfora de una enfermedad venérea, el método por el cual se transmite la maldición es también un reflejo del miedo e incertidumbre con el que una mujer joven se enfrenta al inicio de su actividad sexual, lo cual incluso puede incluir abuso sexual, y la forma en que ese cambio en su vida la obliga a replantearse la forma en que establece relaciones con los hombres.

Aquí nos enfrentamos a un círculo completo: el cuerpo femenino, como ese otro monstruoso que asusta,  se vale de herramientas malignas como la seducción. Quizás el discurso masculino en el cine siempre se aferra a inseguridades y miedos que no podría expresar de ninguna otra manera.  No obstante, la sexualidad femenina va ligada a los viejos mitos del sagrado femenino como algo violento. Las brujas nunca están lejos de la idea de la Madre Naturaleza como una entidad furiosa, que castiga. Diosas como Morrigan, Kali, Izanami o Hécate son muestras de ello. En sus trabajos de mitología comparada, Joseph Campbell sostiene que a las mujeres se les adjudica tener dominio sobre la magia antes que a los hombres debido a su capacidad para concebir. En una dicotomía inevitable, alguien con capacidad de dar vida está también muy cerca de la muerte todo el tiempo. De ahí la abrumadora y persistente imagen de un sagrado femenino violento e incluso cruel, el cual podemos ver muy bien representado en Suspiria (2018, Luca Guadagnino).

Tal vez, en secreto (o no tanto),  las mujeres seguimos consumiendo esa mirada en el horror porque como Carrie, Thomasin, Dawn, Sidney, Jay o Susie celebramos nuestros secretos como las verdaderas brujas de la antigüedad: tomando el poder que nuestra naturaleza nos da para alzar la voz y ser dueñas de nuestros cuerpos, nuestras narrativas y  nuestras vidas.

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Fuentes:

Chinchilla Mazariegos, O. (2010, 28 junio). «La vagina dentada: una interpretación de la Estela 25 de Izapa y las guacamayas del juego de pelota de Copán». Recuperado 17 agosto, 2019, de http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext

Creed, B. (1993). The Monstrous-feminine: Film, Feminism, Psychoanalysis. Londres, Inglaterra: Routledge.

Neumann, E., Matthews, B., Doughty, E., & Rolfe, E. (1994). The Fear of the Feminine and Other Essays on Feminine Psychology. Nueva Jersey, Estados Unidos: Princeton University Press.

Daniel, C. B. (2016, 25 septiembre). «The Witch Craze and Modern Penis Panics». Recuperado 17 agosto, 2019, de http://folkhistory.blogspot.com/2014/09/the-witch-craze-and-modern-penis-panics.html

Morgan, F. (2017, 20 mayo). «Beyond ‘Teeth’: The Cultural History of Vagina Dentata». Recuperado 16 agosto, 2019, de https://outtake.tribecashortlist.com/beyond-teeth-the-cultural-history-of-vagina-dentata-60e9f020d557

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Edna “Scarlett” Montes
Lectora, escritora y friki irredenta. Egresada de Miskatonic con tarjeta de cliente frecuente en Arkham. Tiene tantos fandoms que ya hasta perdió la cuenta. Divaga mientras espera que Cthulhu despierte de su sueño en R’lyeh o al fin le entreguen su TARDIS; lo que ocurra primero.

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