NO NADES EN LO HONDO, MIJITO,

QUE TE COME EL TIBURÓN

Horrores que acechan en el agua profunda

 

ValChanGon

 

Desearía poder describir la sensación de estar en el mar:

la angustia, la frustración y el miedo; la belleza que acompaña

aquellos espectáculos amenazantes, la comunión espiritual con las

criaturas en cuyos dominios navego. En el mar, recuerdo mi propia

insignificancia… la insignificancia de toda la humanidad.

Steve Callahan (filósofo, escritor e ingeniero naval)

 

Recién había cumplido 7 años cuando visité una playa por primera vez. La cálida temperatura del puerto, refrescos sabor lima y suculentas mojarras fritas aún permanecen en mi memoria como parte de aquel encantador escenario tropical. Pero hay algo más, una sensación de intriga e incertidumbre, causada a partir de mi primer encuentro con el mar. Esa boca enorme que todo lo consume, ese vacío líquido que engulle firmamentos, esa fosa sin fin que oculta abominaciones indecibles.

En aquellos tiempos (1993), mi padre y mi hermana mayor eran los nadadores expertos de nuestra familia. Ante mis ojos, eran tan veloces como los competidores olímpicos que había visto en la televisión. Cuando llegábamos a la playa, repleta de turistas, ellos solían entrar al mar y se alejaban pataleando hasta perderse de vista. La limitada fuerza de mis piernas no me permitía acompañarlos, por lo que permanecía en la playa aguardando su regreso. Era entonces cuando comenzaba mi pánico. Recuerdo que me acercaba a la orilla, al límite donde las olas me separaban de lo desconocido, y lloraba sin ninguna medida ni recato. Recuerdo que pensaba que habían muerto y que jamás volverían. Los otros turistas me miraban como si estuviera loco. Tal vez, en ese momento, sí lo estaba.

Cabe mencionar que tiempo antes de mi visita a la playa, vi la trilogía de las películas Tiburón (Jaws), también por primera vez. (El Canal 5 fue sustento constante de algunos de mis temores infantiles más pronunciados, incluyendo a Pennywise, Chucky y Freddy Krueger). Sobra decir que cuando mi padre y mi hermana desaparecían en el horizonte, la imagen que de inmediato acudía a mi mente era la de un gigantesco tiburón que los devoraba como si fueran bocadillos. Para mí, conocer el mar fue un encuentro provisto de una imborrable carga emocional, que hasta ahora permanece. Para mí, pensar en lo que había bajo el agua, en donde mis pies no podían sentirse firmes, fue un ejercicio de espeluznante imaginación. ¿Por qué ocurrió así? Aún me pregunto después de tantos años.

"Jaws", por browniedjhs

«Jaws», por browniedjhs

En el primer capítulo de la Historia de la locura en la época clásica, Michel Foucalt aborda el tópico renacentista de la nave de los locos, además de que propone una intrínseca relación entre la locura de los navegantes y el agua infinita que los rodea. A continuación, algunos breves fragmentos:

El agua y la navegación tienen por cierto este papel. Encerrado en el navío de donde no se puede escapar, el loco es entregado al río de mil brazos, al mar de mil caminos, a esa gran incertidumbre exterior a todo. Está prisionero en medio de la más libre y abierta de las rutas: está sólidamente encadenado a la encrucijada infinita.

No viene [la locura] de la tierra sólida, de sólidas ciudades, sino más bien de la inquietud incesante del mar, de los caminos desconocidos que insinúan tantos extraños sabores, de esa planicie fantástica, revés del mundo.

locura

 

 

Bajo mi interpretación, Foucalt sugiere que la imposibilidad del ser humano para comprender la dimensión de su propia mente es similar a nuestra incapacidad de conocer los secretos del mar. Dicha incapacidad deriva en locura, pues nos enfrenta con una escala inabarcable, a pesar de que solemos considerarla familiar. Decimos «nuestros mares» y «nuestras playas», pero en algún sitio de nuestra conciencia, sabemos que no nos pertenecen. Lo mismo ocurre con nuestra supuesta cordura.

Por otro lado, en El agua y los sueños, el sagaz Gaston Bachelard distingue dos tipos de aguas que provocan impacto en nuestros ánimos, sin necesidad de que nos demos cuenta o de que reflexionemos al respecto: las aguas claras (superficiales) y las aguas profundas:

El ser consagrado al agua es un ser en el vértigo. Muere a cada minuto, sin cesar algo de su sustancia se derrumba.

Toda agua viviente es un agua cuyo destino es hacerse lenta, pesada. Toda agua viviente es un agua a punto de morir. Contemplar el agua es derramarse, disolverse, morir. No es la superficie sino toda el agua desde su masa la que nos envía el insistente mensaje de sus reflejos.

Delante del agua profunda, eliges tu visión; puedes ver, según te plazca, el fondo inmóvil o la corriente, la orilla o el infinito; tienes el ambiguo derecho de ver y de no ver.

agua

Considero que el agua profunda que refiere Bachelard es una proyección de nuestros miedos inadmisibles, de aquellas realidades que concebimos como inverosímiles debido a la escalofriante posibilidad que plantean. Si pensamos en el mar, esto se traduce en un espantoso potencial que trasciende las fauces de cualquier tiburón. Creo que así como algunos tememos al borde entre la cordura y la locura, también hay un miedo inconsciente de que lo profundo del mar alcance la superficie. De que aquellos horrores que deberían permanecer ocultos, se hagan manifiestos.

Como curiosidad, les recomiendo la película de anime GYO: Tokyo Fish Attack!, una pieza cinematográfica que exacerba dicha posibilidad.

También les recomiendo visitar el sitio http://nautiluslive.org/, un interesante proyecto científico, que tiene el objetivo de explorar el lecho marino cercano a las costas estadounidenses. Hasta ahora, han realizado avistamientos de fascinantes especies marinas. Quizás algún día hagan un descubrimiento espantoso. Al menos eso espero.

why-i-hate-the-beach

Todos hemos estado ahí. En el agua, flotando boca arriba. Suspendidos en contemplación. En una alberca o en el mar. En un río o en un lago. En el agua que no tiene fondo, o al menos así nos parece. ¿Qué hay allá abajo? ¿Qué clase de ojos, intrigados o hambrientos, nos escudriñan desde lo profundo? Tal vez, la próxima vez que vaya a la playa, en vez de flotar boca arriba, podría voltear su mirada hacia el fondo. Hacia el lugar donde el agua es fría y la presión resulta insoportable. Pero tenga cautela y observe con discreción. Es posible que su mente no pueda soportarlo.

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ValChanGon PenumbriaValentín Chantaca González

En 2009, fue seleccionado como miembro del Programa Jóvenes Creadores del FONCA, en la categoría de cuento. En noviembre del mismo año, fue incluido en la antología Estación Central bis con Zoológico infrarrojo: 2 historias de pollos (Ficticia Editorial). Dicho relato también fue traducido al francés y recopilado en la antología Lectures du Mexique, Nouvelles et microrécits. Auteurs Mexicains du XXI Siecle (publicación digital de la Universidad de Poitiers).

En 2014, obtuvo una mención honorífica en el 4to Concurso Nacional de Haiku en México, organizado por el ITAM y la Academia Mexicana-Japonesa Tokiyo Takama. En 2015, fue beneficiario del PECDA (Programa de Estímulo a la Creación y al Desarrollo Artístico) Colima con el proyecto Las noches en Colima también son temibles.

@ValChanGon