QUIMERA

Kari Martínez

Últimamente me he encontrado que varias personas han estado «persiguiendo quimeras», incluida yo. Pero, ¿a qué nos referimos con esta expresión? Bueno, para empezar, seguro recordarán, lectores penumbrosos, que la Quimera es un ser de la mitología griega, un monstruo fantástico con cabeza de león, cuerpo de cabra y cola de dragón (o serpiente por cola) que escupe fuego; a veces, también es retratada con tres cabezas (de león, cabra y serpiente). Este híbrido viene de una estirpe maravillosa de monstruos mitológicos, pues tiene por padres a Equidna (la mujer víbora) y Tifón (el monstruo lanza-llamas), sin mencionar que algunos de sus hermanos son, ni más ni menos que, el can Cerbero y la Esfinge. La Quimera fue abatida por Belerofonte –montado sobre Pegaso– bajo las órdenes del rey de Licia, Yóbates, a quién se le había pedido terminar con la vida del héroe y quien pensó que éste no saldría airoso de la batalla con la criatura.

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El nombre de la Quimera viene del latín chimaera, que a su vez viene del griego χίμαιρα, ‘animal fabuloso’. Ricardo Soca expone que la palabra aparece registrada en el español por primera vez en 1343 como cimera y que la forma actual, quimera, se registra en 1438, la cual Corominas señala como ‘cultismo’,[1] es decir, un vocablo cuya estructura proviene directamente de su estado grecolatino sin sufrir todos los cambios fonéticos que tendría en una evolución popular.

Es importante destacar que, como entrada, «quimera» no sólo conlleva la acepción que la describe como aquel monstruo mitológico, ya que, por ejemplo, el diccionario de la RAE también la define como «aquello que se propone a la imaginación como posible o verdadero, no siéndolo». Asimismo, cabe mencionar que de este sustantivo se deriva el adjetivo «quimérico (a)», algo «fabuloso, fingido o imaginado sin fundamento».

Quimera

Por otra parte, y como en muchos casos, lo fantástico y lo real se involucraron el uno con el otro, y la esencia y nombre de este monstruo mitológico se colaron en el ámbito científico, más específicamente en la genética. El origen del concepto de quimerismo en la medicina se remonta a los pacientes trasplantados, ya que poseen células de dos seres vivos genéticamente desiguales. Este fenómeno también puede darse luego de las transfusiones sanguíneas e incluso de la gestación, pues se sabe que existe una transferencia celular bidireccional entre madre y feto que persiste hasta después del parto[2]. Igualmente, el quimerismo suele ser explicado como la combinación de dos cigotos que, tras la fecundación, forman uno solo que se desarrolla con normalidad. El producto poseerá entonces dos tipos de células, cada una de diferente constitución genética y, en el mayor de los casos, ADN distinto en las zonas de su cuerpo, como si fueran dos personas en una misma.

"Splice"

“Splice”

Desde tempranas apariciones en la lengua española, la semántica de la Quimera ya reconocía un sentido de lo imposible, de lo maravilloso, de lo que «no fue ni es ni será». Tal es el caso del Tratado del dormir y despertar y soñar[3] de Lope de Barrientos de 1445, donde el autor intenta explicar por qué soñamos cosas que no hemos visto ni oído, y advierte que la razón de ello es que hemos visto u oído partes o vestigios de aquello que soñamos; tal caso se ejemplifica con la Quimera (chimera):

asi commo si soñamos que veemos chimera esto es

algunt anjmal conpuesto de muchos anjmales […] el

qual anjmal puesto que nunca enel mundo. enpero por auer visto sus

partes en otros anjmales de aquellas partes/ la fantasia faze muchas vezes

las tales conposiçiones o diujsiones falsas. por quanto las otras potençias

estan dormesçidas & atadas & la fantasia estonçe ha lugar de

sopnnar & fantasear semeiantes cosas que nunca fueron njn son njn seran

por quanto estan otras potençias despiertas & dispuestas para la

gujar & rrefrenar & por tanto non es de maraujllar de semejantes sueños.

De acuerdo con Borges y Guerrero, la evolución semántica de la Quimera –con mayúscula– a lo quimérico –en la lengua cotidiana– se debe a la naturaleza misma del monstruo, puesto que, al ser un híbrido tan complejo, comenzaron a surgir «conjeturas absurdas» que intentaban explicarlo o traducirlo, como aquella en la que Plutarco había sugerido que había un capitán pirático cuyo nombre era Quimera, que había hecho pintar en su barco un león, una cabra y una culebra. Así pues, cansadas de su ininteligibilidad, las personas habrían resuelto la Quimera en lo quimérico.[4]

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En la mitología griega, los monstruos híbridos constituyen el símbolo de lo limítrofe y lo ambiguo, un espacio fronterizo donde sucede lo inesperado y se traspasa continuamente lo que llamamos normalidad, se abren fronteras, se rompen obstáculos y las normas se invierten[5]; en otras palabras, ahí donde habitan los monstruos, lo otro, lo que fuera de la razón, nos hace creer en otras posibilidades. La Quimera, en particular, simboliza la creación imaginaria y representa «los deseos que la frustración exaspera y transforma en fuente de dolores», además expresaría, según algunos, el peligro de la exacerbación imaginativa[6].

Dicho significado es el que se conjuga en la expresión «perseguir quimeras», pues el deseo de conseguir algo que comúnmente suene imposible puede desembocar en la desgracia de no lograrlo. Así que cada vez que pretendan perseguir una quimera, consideren que: «La quimera seduce y pierde a quien a ella se abandona; no se la puede combatir de frente, es preciso perseguirla con ardor hasta sus guaridas más profundas y sorprenderla […] que no se detienen con diques y que es preciso desear con astucia».[7] Emprender lo quimérico suena poco realista, como disfrazarse de quijote y pelear contra gigantes; pero no hay que desilusionarse, pues a pesar de ello, la Quimera, como todo monstruo, no es imposible, sólo es difícil de atrapar.

 

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[1] Ricardo Soca. Nuevas fascinantes historias de las palabras. Montevideo: Asociación Cultural Antonio de Nebrija, 2006, p. 200.

[2] B. Fleta Asín, et. al. «Quimerismo: origen e implicaciones médicas» en Revista Clínica Española, vol. 206, núm. 7, 2006. <http://www.revclinesp.es/en/quimerismo-origen-e-implicaciones-medicas/articulo/13090483/>

[3] Consultado en REAL ACADEMIA ESPAÑOLA: Banco de datos (CORDE), Corpus diacrónico del español.

[4] Jorge Luis Borges y Margarita Guerrero. Manual de zoología fantástica. México: Fondo de Cultura Económica, 1966 (Breviarios del Fondo de Cultura Económica, 125), pp. 123-124.

[5] Paloma Cabrera, “Los seres híbridos. Imágenes de la alteridad en la Grecia clásica” en Seres híbridos en la mitología griega. Madrid: Círculo de Bellas Artes, 2012, p. 13.

[6] Jean Chevalier. Diccionario de los símbolos. Barcelona: Herder, 1986, p. 866.

[7] Ídem.

 

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Kari Martínez Zúñigakarimtz

Gusta de prestar voces a los animales y objetos, cual fabulista frustrada. De niña se escondía bajo la cama para asustar a los demás. Ama la lengua y se siente orgullosa de la Ñ en su apellido. Es fan de los zombis y experta en entender cuando se le traban los dedos a alguien mientras habla; pero la peor para escribir semblanzas.

http://www.depalabrasymonstruos.blogspot.mx/

@Kari_mz