VANGUARDIA INEXPLORADA

III

 

Emiliano González

Primera parte

Segunda parte

 

El dios imaginario Gonk-Gonk y “la araña de la muerte” son dos elementos de dos sonetos finales de Las clepsidras (1909) del poeta uruguayo Herrera y Reissig, sonetos que anticipan al ídolo arácnido Hlo-Hlo de Dunsany, presente por primera vez en Cuentos de maravilla (Tales of Wonder) en 1912. Los versos de Herrera y Reissig influyen sobre Cooper y Schoedsack, los creadores del filme King Kong:

“Lóbrega rosa que tu almizcle efluvias / y pitonisa de epilepsias libias, / ofrendaste a Gonk-Gonk vísceras tibias / y corazones de panteras nubias. / Para evocar los genios de las lluvias, / tragedizaste póstumas lascivias, / entre osamentas y mortuorias tibias / y cabelleras de cautivas rubias”.

La araña de la muerte, derramando un signo sobre el plenilunio, en “Óleo indostánico”, proviene de Historia verdadera de Luciano de Samosata: es una de las arañas gigantes de la luna. La araña gigante que abre el ataúd ante la joven desnuda posternada, en el dibujo art-nouveau de Carlos Neve (para el poema de Julio Sesto “Los cirios”), unida al mono gigante con corona, rodeado de mujeres desnudas, de otros dibujos de Neve para una novela de Sesto, influyen también sobre los creadores de King Kong, película en que iba a aparecer una escena con una araña gigante, escena eliminada finalmente.

El dibujo art-nouveau de Montenegro para el poema de Sesto “La magia del insomnio”, dibujo en que se ven dos mujeres semi-desnudas con ropas griegas o romanas, y una rata vanidosa con un adorno en la cabeza, contemplándose en un espejo oval, anticipa la fantasía de Lovecraft, que en su cuento “Las ratas en las paredes” se refiere a ratas cómplices de ciertos rituales corruptos de los romanos. La dama con cara de calavera del dibujo art-nouveau de Carlos E. González para el poema de Sesto “El vino de la muerte” se ve acompañada de un camaleón en una rama y de un paisaje raro, con flores extrañas en jarrones, como en Dioses en el destierro de Heine. La portada de Neve para un libro del “Conde de Juan Rey”, Flores exóticas, con una niña y una oruga gigante, nos recuerda a Carroll. La literatura decadente y el arte gráfico art-nouveau influyen sobre los artistas Margaret Brundage y Virgil Finlay de Weird Tales. La bella estatua de Emmanuel Frémiet, “Gorila cargando a una mujer”, de 1887, influye también sobre los creadores de King Kong, así como los cuentos “La isla inexplorada” de C. A. Smith, y “La isla de los muertos” de Carlos Barrera.

“Gorille enlevant une femme”, Emmanuel Frémiet (1887).

Son memorables las anticipaciones que hay en el fragmento de Gulliver sobre el mono gigante, el de Candide de Voltaire, el del Compendium maleficarum (sobre mono, mujer e isla) y un cuento de Las mil y una noches que, aunque no ocurre en una isla, es genitivo.

King Kong es un filme decadente, y ha sido llamado surrealista.

Hay ecos de los decadentes belgas y franceses en los escritos de Lovecraft. Las ciudades tentaculares de Verhaeren determinan la ciudad de R’lyeh de Lovecraft. Hay un recuerdo de Rodenbach en “el silencio de la gran ciudad muerta” que menciona Lovecraft en su novela sobre las montañas de la locura. Un personaje de Mallarmé, “el enfermo de los ruidos”, persiste al comienzo de “Los sueños en la casa de la bruja”, así como el recuerdo del personaje de Rodenbach descrito en el cuento “Un inventor”, sobre una máquina contra el ruido. En su ensayo sobre Mallarmé, Darío recuerda al “enfermo de los ruidos”, y Nervo en “Un cuento” se refiere a “un hombre víctima de la enfermedad más extraña de la tierra: todo sonido o ruido exterior vibraba horriblemente en su cerebro”. A pesar del casco aislante recomendado por un médico, la música de Wagner mata al enfermo.

Los ruidos disfrazados de sonidos son comparables con el exceso de groserías, que hace desear el silencio. Huysmans, Rachilde, Urueta, Valle Inclán, al mezclar palabras vulgares con palabras poéticas, nos recuerdan el ritual dionisiaco, en que se mezclaban las clases sociales, y el estilo de Cervantes. Sin embargo, en nuestra época la grosería misma es satirizada por el autor satírico, pues al usarla la clase alta se acerca al pueblo por sus excesos y defectos, no por sus cualidades humanas. La grosería denigra al sexo, alejándolo del erotismo y acercándolo a salvajismo anti-social, previo a toda civilización. Como un recuerdo del caos, el lenguaje grosero se opone al cosmos mítico de las primeras palabras y está estrechamente unido a la realidad. Pero es una especie de parásito de ésta. En la sección sexual de mi libro Los sueños de la bella durmiente hago figurar las “Viñetas galantes” de Julito Calabrés, una mezcla de palabras cultas y vulgares, una amalgama de sexualidad inocente con morbo y perversiones. El decadentismo implica ese tipo de fenómeno y también une palabras artísticas y científicas.

El decadentismo es transición entre el romanticismo y la vanguardia. En Les demoiselles Goubert (1887) de Jean Moréas y Paul Adam, hay un fragmento: “A la intensa luna de las antorchas eléctricas”, que se convierte en el fragmento de Robert W. Chambers “las luces eléctricas miraban como lunas” (en “La calle de nuestra señora de los campos”), y en el fragmento de Hernández Catá “…algunos arcos voltaicos fingen lunas trémulas” (de “Otro caso de vampirismo”), fragmento que luego se vuelve “arcos voltaicos chorrean luz de sangre” (en Hélices de Guillermo de Torre, libro que incluye una “diadema voltaica” en un poema dedicado a Hernández Catá). En “El esperpento” (Luces de Bohemia, 1924) Valle Inclán alude al “lívido temblor de los arcos voltaicos”, a “una geometría absurda”, a H. P. Blavatsky, al “gesto de ídolo” de Rubén Darío, “evocador de terrores y misterios”.

Recordamos el pseudónimo Theobaldus Senectissimus de Lovecraft, basado en el “Senectus Modernissimus” de Cansinos Assens, en la novela quijotesca El movimiento V. P. Dice el estridente Arqueles Vela: “…bajo el pavor de los arcos voltaicos”. V. P. para Cansinos  Assens significa “vampiros de fuerza”, debido a Hernández Catá, que le dio ese significado (Vampire Power). El mexicano Juan José Arreola, para elaborar su cuento “Baby H. P.”, se inspira en el bebé gigante de la novela El alimento de los dioses (1904) de Wells, un bebé que sale  de paseo “en automóvil de ocho caballos de fuerza”, en un capítulo pantagruelista de la novela. En “Otro caso de vampirismo”, Hernández Catá se refiere a un artista loco que cercenó los brazos a su amada con un hacha, para hacer exacto el parecido de ella con la Venus de Milo. El argumento de Catá influye sobre Aleister Crowley, autor de los cuentos “El leñador” y “Su pecado secreto”, ambos de 1911. Crowley dice que el argumento de “Su pecado secreto” proviene del autor Neuburg y de la revista Punch. El cuento “Vampiro” de Emilia Pardo Bazán es casi idéntico al cuento de Hernández Catá sobre vampirismo, incluido en Cuentos pasionales (1907).

Hassan el dulcero, en la obra de teatro de James Elroy Flecker, Hassan (1924), amenaza a su amada Jazmín, que lo ha enloquecido de celos, con cortarla en pedazos como un leñador corta un árbol. El cuento de Las mil y una noches en que una mujer hecha pedazos es traída por una red, inspira a Flecker y a Tablada, autor del poema “Una mujer cortada en pedazos”. El dulcero sádico y un califa vampírico dan horror a la obra poética y decadente de Flecker, en que se mezclan imágenes paradisíacas e infernales con algunos temas de Poe. Decadentismo y modernismo son siempre transiciones entre romanticismo y vanguardia.

En 1887 aparecen, firmados por Darío, los siguientes versos, inexplicablemente adelantados:

“Se hacen almas virtuosas y magníficas / de cuarenta caballos de vapor / y lecciones se dan teórico-prácticas / para vencer a Lucifer al box. // Yo, señores, me llamo Peter Humbug / (obsecuente y seguro servidor) / y me tienen ustedes a sus órdenes, / 30, Franklin Street, en Nueva York.”

Temas del romanticismo, como los bandidos angelicales y pasaportes para ir al reino celestial (antes insinuados por Hawthorne), figuran en estos versos de un vanguardista decimonónico, Darío, en el poema “Aviso del porvenir”.

Son claramente transicionales los versos de mi tío abuelo Carlos de la Torre:

“Los alambres del telégrafo / un pentagrama semejan, / en donde las golondrinas / escriben con notas tiernas, / el himno de la mañana / que es de amores un poema.”

Estos versos de 1893 influyen sobre Hernández Catá, sobre los estridentistas Gallardo y Maples Arce (los del pentagrama eléctrico), sobre Neruda e incluso sobre el español César González Ruano, que en su “Oda a Tiberio” dice: “como el poste que en hilos por el campo y el cielo / edita su pentagrama de cuervos inocentes”.

En la “Oda a Tiberio” los cuervos –los pájaros de Poe– invaden el pentagrama eléctrico, haciéndonos recordar a Felipe Poey, el maestro malacólogo de mi tío abuelo, y el libro de malacología de Edgar Allan Poe. El poema modernista de mi tío abuelo muestra una transición entre romanticismo y vanguardia y el poema de González Ruano es completamente surrealista.

Beatriz Álvarez Klein ha descubierto, en el libro Casa de fieras (1922) de Hernández Catá, un fragmento que influye sobre los vanguardistas. Director de la revista Cosmópolis, de modernismo y vanguardia, Hernández Catá publica en 1922 el libro Casa de fieras, en que está el fragmento, un recuerdo de  Carlos de la Torre. El fragmento (descubierto por Beatriz Álvarez Klein) dice:

“…las golondrinas, pesarosas de no poder ir a veranear y de que las tomaran por gente cursi y pobre, echarían de menos los alambres del telégrafo, donde gustan de posarse para ofrecer imágenes musicales a los poetas”.

El fragmento, perteneciente al texto “El arca de Noé”, se ve acompañado de una alusión a “los animalotes tan raros que figuran en la Historia Natural”, alusión indirecta a Carlos de la Torre, descubridor del Megalocnus rodens, gran roedor prehistórico que nos recuerda al Gran Dios Nodens, y el pilar dedicado a éste, desenterrado por los arqueólogos en la novela El gran dios Pan de Machen. En Casa de fieras de Hernández Catá está el texto “Vampiros de fuerza”, en que hay una referencia a los poderosos avanzando “merced al aletear de los oprimidos”.

Carlos de la Torre y el Megalocnus rodens.

Como las casualidades armoniosas que implican los nombres de personajes literarios parecidos a los nombres de mis abuelos paternos en los escritos de Lope de Vega y M. G. Lewis, las transformaciones de elementos científicos de mi tío abuelo materno en elementos míticos, supersticiosos o satánicos de Machen, Lovecraft e incluso Carl Jacobi (en su cuento “El acuario”, sobre caracoles vampiros) me dan cierta ilusión estimulante para leer a los autores raros.

Continuará…

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Imagen de cabecera: “El hospital Juárez”, Carlos Neve (1951)

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Emiliano González

Autor de Miedo en castellano (1973), Los sueños de la bella durmiente (1978, ganador del premio Xavier Villaurrutia), La inocencia hereditaria (1986), Almas visionarias (1987), La habitación secreta (1988), Casa de horror y de magia (1989), El libro de lo insólito (1989), Orquidáceas (1991), Neon City Blues (2000), Historia mágica de la literatura I (2007) y Ensayos (2009).

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