DEL GUSTO POR LA VIOLENCIA

crímenes en el cine de terror

 

Israel Yerena

 

No es un secreto, no es una aberración ni mucho menos un motivo de vergüenza: el ser humano es, simplemente, otro animal más. Y, por supuesto, esta manada de animales llamada cruelmente “raza humana” nació con instintos primarios, como cualquier otro grupo salvaje.

Así, la supervivencia, el sexo y la violencia son instintos que ya vienen en nuestros genes, arraigados hasta lo más profundo de nuestras raíces; raíces que en ocasiones duelen y sangran. Pero es así, es la verdad y no hay por qué avergonzarse de ello; a fin de cuentas, son rastros de nuestra verdadera naturaleza.

Por supuesto, el problema no radica en que dentro de cada uno de nosotros, quizás en nuestra parte más oscura -pero también más pura-, se encuentren estos sentimientos violentos y sexuales. No, eso no es problema. El verdadero dilema proviene de la canalización de estos sentimientos, pues si bien el acto del coito es natural en los animales, el hombre es una de esas pocas criaturas que busca el sexo no sólo con fines reproductivos, sino, en su mayoría, sólo por búsqueda de placer.

Y por supuesto, el sexo, a fin de cuentas, es una de las actividades más placenteras que ser humano alguno puede experimentar, pero, como dijimos, el problema se encuentra en cómo se canalizan dichos placeres, pues allá donde unos encuentran y obtienen placer en mantener relaciones sexuales con alguien más, otros lo encuentran en la violación, en el sufrimiento, en las vejaciones y heridas que puedan causar sin el consentimiento de cualquier otro hombre o mujer.

Katie (Jemma Dallender), Georgi (Yavor Baharov),
Photographer (Simon Versano)

Sin embargo no es de extrañar que alguien, que si bien nunca se atrevería a cometer un crimen tan atroz como es la violación, se sienta, aunque sea un poco, excitado cuando ve una película donde muestran alguna; pero tampoco hay por qué sentirse mal: hay una diferencia muy grande entre mirar y hacer, y, creo, al menos todos preferirán ver una acto así que realizarlo.

Así, el cine de terror/horror sirve una vez más para canalizar dichas acciones: en cintas como el remake de Las colinas tienen ojos (2006), A Serbian Film (2010), Brain Damage (1988) o I Spit on Your Grave (1978; 2010) se puede apreciar violaciones, haciendo que estas pulsiones del espectador queden y sean transmitidas a la pantalla. Por supuesto no estamos diciendo que en la vida real estas acciones sean buenas, pero al menos al final de la mayoría de estas cintas –si bien el daño ya está hecho- aquellos perpetradores de la sexualidad tendrán un trágico y merecido pero, sobre todo, muy violento final.

Y es que, a fin de cuentas, violencia y sexo no van muy alejados uno de otro, basta recordar cintas como la saga Hellraiser (1987), que demuestran que el mayor placer sólo se puede obtener mediante el mayor dolor.

Sin embargo, otro placer -incluso y quizá más atroz- es el del gusto por el mero gusto del sufrimiento ajeno, el gusto por la violencia. Y es que pocos sentimientos son más placenteros que la sensación de poder, de supremacía y de grandeza.

Así, ¿qué otra supremacía más grande que el de ser superior a alguien, a otra persona, a otra raza, a otra cultura? De esta forma, cintas como Holocausto caníbal (1980) o Cannibal Ferox (1981), donde el sadismo, la antropofagia y la supremacía demuestra que los verdaderos salvajes en este mundo no son aquellos que viven en selvas apartadas, con tradiciones casi ancestrales ni con taparrabos como vestimentas, sino aquellos hombres “civilizados” cuya cultura devora y sobaja a otra sin importarle cuántos gritos de auxilio y piedad implore ésta.

Sin embargo, a pesar de toda la violencia que un hombre pueda ejercer sobre otro, para muchos no es tan aberrante como aquella que un ser humano podría ejercer sobre un animal. Después de todo, muchos de nosotros preferiríamos ver morir –ya sea en el celuloide o la realidad- a cientos y miles de personas que a un inocente cachorro; lo cual, admitámoslo o no, ya dice mucho del tipo de sociedad en que vivimos, para bien o para mal, dependiendo de cada uno de nosotros.

Y por supuesto, la violencia animal no queda apartada del cine de horror, pues si bien tanto en las dos cintas anteriores se muestran asesinatos reales de animales, existe otra -más atroz, a nuestro gusto- que las supera por mucho, pues no sólo muestra animales sufriendo, sino también es un retrato histórico del lado más ruin y bajo al que puede llegar la raza humana. Nos referimos a nada más y nada menos que a Los hombres detrás del sol (1988).

Esta cinta nos muestra la historia 100% verídica del llamado “Escuadrón 731”, la cual fue una unidad secreta del ejército militar japonés, cuyo objetivo fue la creación y experimentación de armas biológicas, por supuesto, probadas en seres vivos, tanto humanos como animales.

Así,  Los hombres detrás del sol –que si bien no es una cinta propiamente de terror- nos muestra, mediante el uso real de cadáveres para su filmación –entre los cuales se incluye la autopsia a un niño muerto- y el asesinato real de animales –como lo es un gato devorado vivo por cientos de ratas; ratas que a su vez fueron quemadas vivas- fielmente los terribles experimentos que llevó a cabo esta célula militar con tal de lograr un solo objetivo: descubrir formas más atroces y eficaces de asesinar a otros hombres.

Por supuesto, y por mucho que nos duela admitirlo, si bien las formas y los medios tan atroces que se usaron para filmar una película que retrata hechos aún más atroces, no le quitan el mérito de que ésta sea una joya cinematográfica.

 

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Imagen de cabecera: “Men Behind the Sun·, por StuntmanKamil.

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Carlos Israel Yerena Cruz, 24 años.

Egresado de la carrera de Comunicación de la Facultad de Estudios Superiores Acatlán. 

Contribuyente de la revista electrónica “Encuadres”, escribiendo reseñas y noticias acerca del género de terror.

Titulado mediante la tesis “La masacre de Texas: del asesino histórico al fílmico”.

Amante de los temas tabúes, lo retorcido y lo bizarro, desde muy temprana edad -cuando apenas era un pequeño Ghoul– encontró en el género de terror un refugió en el cual depositar y liberar todos aquellos deseos perversos que crecen hasta en la mente más pura. Sin importar la vertiente, ya sea literaria o cinematográfica, el horror es un género que lo ha sumergido en un mundo que le ha enseñado que, a veces, la belleza más extrema se encuentra en las obras más grotescas.

De estómago curtido principalmente por los filmes slashersel género de horror también le ha demostrado que la mente y la naturaleza del ser humano son, quizá, las fronteras más lejanas y oscuras que nunca terminarán de ser exploradas, pero que piden a gritos que alguien se adentre en ellas. En la literatura, gracias a Lovecraft, ha aprendido que, aunque sea en unas cuantas páginas y en breves oraciones –escritas a veces por las mentes más solitarias e incomprendidas se alberga el horror más profundo de todos, aquel para el que ni siquiera se han creado las palabras ni ojos que sean dignos de describirlo.

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