ESCOBAS Y AQUELARRES

Vivi Page

 

Uno de los tópicos favoritos del género de terror es la bruja. La imagen más popular de estas mujeres es la de la vieja fea con verruga, al más puro estilo de las pinturas de Francisco de Goya. En tiempos recientes, se han explorado otras imágenes de estos personajes; incluso se han convertido en heroínas.

«El conjuro o las brujas» (1797-1798)

La historia de las brujas es extensa, pero su punto más alto fue por los juicios de la inquisición. El pensamiento medieval cristiano afirmó que cualquier mujer independiente, sabia o diferente no podía ser sino una mujer entregada a los vicios y placeres del diablo. Pasaron muchos años para que movimientos sociales utilizaran el aquelarre y la escoba como símbolos de hermandad. Esta evolución ha inspirado varias obras artísticas y de entretenimiento.

Desde niños nos reproducen las películas de Disney, dulcificando las historias de los hermanos Grimm y Hans Christian Andersen, entre otros escritores, representando a las brujas como las villanas del cuento, en busca de almas jóvenes, regando veneno, dañando a las protagonistas, disfrazándose de buenas e inocentes.

Esos son los cuentos de hadas. Pero los ejemplos son variados y van desde lo fantástico hasta lo filosófico.

En México tenemos la película Alurcada, dirigida por Juan López Moctezuma (1977). Con imágenes lésbicas y una perspectiva católica y moralista, conocemos a un par de huérfanas enfrentándose a una posesión demoniaca. El maligno, por cierto, se presenta en forma de cabra, haciendo eco a lo que la cultura popular afirma.

En 1984 el director Carlos Enrique Taboada nos entregó Veneno para las hadas. En un plano, al comienzo de la película, se muestra el rostro de una tenebrosa mujer anciana riendo maléficamente. Aquí tenemos a la cocinera de una familia contándole a Verónica, la niña protagonista, historias sobre brujas al más puro estilo de cuentos infantiles: mujeres haciendo pócimas con sapos y culebras.

El espejo de la bruja, de Chano Urueta (1962), retrata la historia de Sara y Elena, una bruja y su amiga que ven a través de un espejo mágico al esposo de Elena asesinándola para casarse con una más joven.

España tiene un ejemplo muy claro del miedo de los hombres hacia las mujeres, representándolas como brujas, con la película Las brujas de Zugarramurdi, del director Alex de la Iglesia (2013). Entre conversaciones, los personajes masculinos se refieren a las mujeres de su alrededor como locas histéricas hasta que se enfrentan a las brujas reales, que no son sino mujeres con poderes queriendo resucitar a la grandiosa, sacrificando a un niño. Esta cinta refleja tres tipos de brujas: las de fantasía con poderes sobrenaturales, las míticas creyentes de la diosa Hécate y las que fueron denominadas como tal por constructos sociales. En una escena, Maritxu, una anciana, dice lo que podría resumir el tema central:

A mí las brujas no me dan miedo, a mí lo que me dan miedo son los hijos de puta. Y de esos hay muchos y en todas partes.

Otra escena que ejemplifica ese antagonismo es el diálogo de la Bruja Calamidad en El increíble castillo vagabundo, de Hayao Miyazaki (2004):

Los hombres se van y te rompen el corazón. El truco es comérselos mientras son jóvenes.

Pero las brujas no solo se centran en los hombres, también suelen ir en contra de la sociedad. Recientemente, Netflix lanzó la trilogía de La calle del terror, basada en las novelas de R.L. Stine. Vemos la otra cara de la moneda. Sí, la antagonista es una bruja, pero la sociedad la convirtió en tal.

Estados Unidos también nos entrega un ejemplo excelente de la imagen clásica de la bruja, con todo y cabra, en The Witch, dirigida por Robert Eggers (2016). La protagonista es culpada por su propia familia de ser la causante de las recientes desgracias internas.

No puedo omitir American Horror Story, con Coven (su tercera temporada), exponiendo la rivalidad entre brujas de dos bandos: las blancas y las negras con su brujería vudú. Vemos las relaciones entre personajes femeninos con sus ratos de rivalidad y sus ratos de sororidad.

Sin importar quién es el enemigo, actualmente los aquelarres son representaciones de espacios seguros para mujeres. Si las creencias religiosas culpaban a las mujeres rebeldes de acostarse con el diablo y las denominaron brujas, convertirlo en un halago puede representar una bofetada con guante blanco.

«Brujas yendo al Sabbath», Falero (1878)

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Vivi Page

Nací en la ciudad de Puebla, el 2 de diciembre de 1997. A muy temprana edad me enamoré de las palabras y desde entonces hasta ahora he intentado conquistarlas.

Estudié un año lingüística y literatura. Sin embargo, por azares del destino, dejé la carrera, pero no las letras. Mis relatos van desde lo erótico hasta lo escabroso, publicados en algunas revistas digitales.

Y este es solo el comienzo.

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