JOHN SILENCE

investigador de lo oculto

 

El Conde de Betancourt

 

Si algo me fascina de la literatura del Reino Unido, es su amplia gama de autores que manejan los estilos del terror y de la fantasía. Bien obran los creadores, de los libros que solemos leer con frecuencia, al remarcar con pompa y circunstancia la calidad de sus colegas, dado que esa región nos ha regalado prodigios como Horace Walpole, Lewis, Mary Shelley, Bram Stoker, Robert Louis Stevenson, Arthur Machen (recordemos que él era galés, aunque sin descartar que Gales es una nación constitutiva del Reino Unido), Ann Radcliffe, Wilke Collins, Clive Barker y así hasta llegar a una larga y pretenciosa lista, que seguramente no podré terminar debido a que es demasiado probable que se me escapen muchos escritores que todavía no conozco.

En esta ocasión traigo ante ustedes uno de mis favoritos: uno de esos narradores que quizá solamente vayamos a tener una única vez en esta existencia. Me refiero a Algernon Blackwood: una celebridad del mundo subterráneo y que ya he nombrado en más de una ocasión. Tal asunto no es para menos, debido a que tenemos ante nosotros a una de las principales fuentes de inspiración para el propio Lovecraft y a uno de los autores más prolíficos que haya traído a esta columna, pues además de desempeñar la labor literaria, Blackwood también era un explorador, un ocultista miembro de la Golden Dawn y otras actividades más que, como suele ser la costumbre, vienen detalladas en la magistral biografía que este tomo contiene, escrita, cómo no, por el siempre genial Jesús Palacios.

Algernon Blackwood

El ejemplar en cuestión cuenta con un total de seis narraciones, mismas que cada uno podría definir como novelas cortas o relatos largos. Esto respalda el hecho de que, si revisamos el índice, podremos apreciar que el cuento “Una invasión psíquica” comprende las páginas 29 a 90, de que “Antiguas brujerías” lo hace de la 91 a la 142, “La némesis de fuego” de la 143 a la 224, “Culto secreto” de la 225 a la 262, “El campamento del perro” de la 263 a la 340 y “Una víctima del espacio superior” de la 341 a la 364. Podría parecer poco contenido y ciertamente así es, dado que al terminarlo se genera un vacío en lo más recóndito de nuestro ser, que nos alienta a querer leer algo más de las aventuras de John Silence, o al menos de algo escrito por Blackwood (cosa que ya podemos hacer en la más reciente producción de Valdemar).

Quizá se estén preguntando: «¿Cuál es el motivo por el que estoy engrandeciendo demasiado a John Silence? ¿De qué van los argumentos de sus narrativas?».

Eso es fácil de explicar, porque en “Una invasión psíquica” se nos relatará la historia de un humorista y, claro, la cosa pierde bastante el chiste cuando este bufón de alta categoría se ve privado de su don para poder escribir sus rutinas. El sujeto actúa de manera bastante anormal, es presa de un terror inconcebible y llega a turbar tanto a su mujer en el proceso que ésta se ve obligada a buscar al doctor Silence a manera de auxilio. El relato no es el más largo por mero capricho, ya que aquí se nos explicará a gran detalle todas las habilidades de John Silence y su manera tan peculiar de combatir el mal, el cual, en palabras de Jesús Palacios, son comparables con las de Dr. Strange. He de reconocer que, dado mi desagrado por los súper héroes, tengo que admitir que este gran erudito del terror tiene toda la pluma llena de razón. Y si vieron la película que protagonizó dicho personaje hace algunos ayeres, que yo también lo hice, se darán cuenta que esa reflexión no suena tan descabellada. En fin, “Una invasión psíquica” es el punto de partida para comprender todo el lore de John Silence, empleando el modelo narrativo que todo relato policiaco posee, ya que nuestro héroe no es quien nos cuenta la historia. El suspenso es magistral y siempre estaremos al filo del asiento.

“Antiguas brujerías” es quizá, junto a “El Wendigo”, uno de los cuentos más aclamados de Blackwood, y con razón, dado que la premisa es más arrolladora que nunca. Aquí un joven le narra al Dr. Silence, en una especie de terapia, la vivencia mortal que experimentó luego de hacer una escala (quizá por casualidad, quizá no) en un pequeño pueblo francés en donde la magia se practicaba casi de manera indiscriminada, y en donde los gatos guardaban una estrecha relación con todos los factores. De todos los cuentos en los que se toca la brujería europea (porque la mexicana es mucho, mucho más compleja), este me parece uno de los más acertados, dado que se incluyen tanto la variedad de ungüentos que estas arpías utilizaban para hacer sus males y la lujuria arcana, que aquí es manejada de manera sutil. De una forma menos directa, Silence regresa al lugar de los hechos para dar por zanjado el asunto y para intentar liberar a su cliente del mal que tanto le acongoja.

“La némesis de fuego” se centra en contarnos los extraños acontecimientos que toman lugar en una mansión y en un bosque de las proximidades, mismo que se dice está encantado, dado que se suscitan inusuales incendios espontáneos. Quizá más de uno ya estará asociando la trama de este cuento con las múltiples referencias hacia el mundo campestre y foreste que Blackwood incluía en algunas de sus obras.

Pero quizás, y como ninguna de este tomo, la que de manera más descarada toma una premisa relacionada con la naturaleza sea “El campamento del perro” (sí, decidí nombrar esta primero que “Culto secreto”), en donde, nuevamente, tendremos un relato que trata sobre hombres lobo y que se desarrolla en una tierra gélida del Norte. Hubbard, el que hace de narrador omnisciente en la mayoría de las narraciones de Silence, toma mayor protagonismo aquí. Las víctimas de la licantropía, luego de estar expuestas a su lado salvaje, son un simpático profesor, su mujer, su hija y un joven estudiante que los acompañaba, siendo los últimos dos los que más se ven afectados. Y como Hubbard no tiene los poderes psíquicos de Silence, es entonces necesario mandarle llamar para que le ayude a pelear ante esta nueva amenaza.

He hablado mucho de los poderes psíquicos de John Silence y de cómo este hábil cazador de monstruos y demonios los utiliza para hacer el bien a sus semejantes y, por supuesto, que esta variable se atenúa mucho más en mi relato favorito del libro: “Culto secreto”. Quizá se estén preguntando: «Conde, ¿por qué demonios es tu relato favorito?». Verán, más que el terror cósmico, más que la ghost story victoriana, más que los relatos de vampiros o de dioses oscuros, mis cuentos favoritos son aquellos que hacen uso de la temática del satanismo o las cosas demoniacas. No por nada, aunque me desagrade la literatura de Robert Bloch, disfruté de manera muy amena Regreso al Sabbat, varios de los cuentos de Clive Barker, Las palomas del infierno de Robert Howard o El santuario de Edward Frederic Benson, quien también es un escritor inglés. En fin, sin salirme del tema, “Culto secreto” nos cuenta el infortunio de un joven adinerado que está de viaje por Alemania, siendo más específico, por la Alemania en donde predomina el catolicismo. Ahí es embargado por una nostalgia inexplicable que lo enlaza con un antiguo colegio de monjes en el cual había estudiado de más joven, por lo que decide visitarlo. Sin embargo, al estar en contacto con ellos, se da cuenta del ambiente corrupto y retorcido que embarga el lugar, mismo que casi lo lleva hasta su fatal y trágico final. Sinceramente, mi parte favorita es cuando el demonio, a quien se adora por ahí, hace su aparición al más puro estilo del Incubus de Silent Hill. Incluso me atrevería a decir que, tal vez, “Culto secreto”, de toda la saga de John Silence, sea el más gótico dado su trasfondo y escenarios.

Y por último, no podría faltar mi segundo relato favorito del libro: “Una víctima del espacio superior”. Aquí, John Silence encuentra a un aprendiz al que por fin podrá transmitir sus conocimientos psíquicos y cómo utilizarlos correctamente sin sucumbir a las consecuencias de las leyes cósmicas. Entonces, la mejor lección para este chico no podría llegar en mejor momento, puesto que un nuevo paciente hace su aparición y le pide ayuda a nuestro agraciado doctor, dado que al utilizar mal su psiquismo (mismo que está relacionado con las matemáticas) se ve entre la delgada línea del paseo entre dimensiones y con el inminente riesgo de dejar de existir. Un cierre más que estupendo y que, por desgracia, me llenó de congoja puesto que creo que había más John Silence para rato.

Tal vez no necesite agregar una conclusión engalanadora a esta reseña, tal y como suele ser la costumbre. Todo lo que tenía que decir de John Silence ya lo hice. Sinceramente estoy esperando a adquirir El Wendigo, el más nuevo tomo de Valdemar, y la versión de Siruela, el cual se llama La casa vacía, dado que posee cuentos que no están en el Gótica 119.

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El Conde de Betancourt

En 2015 ganó un concurso de poesía religiosa que organizó una parroquia cercana a su hogar. En 2017 su cuento «En compañía de la muerte» apareció en el número 7 de la revista Vuelo de Cuervos y «Nocturna demacración» hizo lo propio el blog de la revista Fantastique para su especial de vampiros. «Rhythmus Mortis» aparecerá en la antología splatterpunk Gritos Suciosde Ediciones Vernacci. Sus reseñas las sube a YouTube.

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