LA MUJER Y LA MUERTE

Vivi Page

 

La muerte abraza por la espalda a una mujer, ninguna tiene rasgos característicos, sin color, sin perspectiva, sin fondo. Todo es impersonal: la situación, el tiempo o las circunstancias. No conocemos el rostro de la muerte y la víctima es una y todas a la vez. Es un estrujón paralizante, la mujer no tiene escapatoria. La muerte da un abrazo sin más amor que el que tiene por su labor. Eso es este grabado de 1934, “Tod packt eine Frau”, de la artista alemana Käthe Kollwitz, destacada en el movimiento expresionista.

“Tod packt eine Frau” (Käthe Kollwitz, 1934)

Si hemos de escribir acerca de mujeres y muertes, es preciso comenzar con Edgar Allan Poe. Teorizar sobre si esas mujeres son el reflejo de su propia historia es sobreanalizar y, a opinión personal, está de más. No obstante, la dama muerta y el hombre atormentado es una constate en su trabajo, sea narrativa o poesía. El mismo autor reconoció la muerte de una mujer hermosa como un tópico poético valioso.

La bella como sirena Ligeia, con su voz angelical y su cabello negro, muestra el importantísimo —y peligroso— poder de la voluntad, que puede ir en contra incluso de la naturaleza, con el propósito de regresar a su amor eternamente espiritual pero frágilmente corpóreo.

La preciosa Morella con su presencia casi divina y conocimientos esotéricos, transmigrando el alma después de la muerte. Necia en torturar a su amor por medio de la persona más importante: su hija.

La piadosa Eleonora, librando de la culpa a su esposo quien quebranta la promesa de nunca abandonar su nirvana romántico.

La alegre Berenice, afligiendo al protagonista Egaeus y su endeble cordura. Terminando el relato con una de las escenas más perfectamente perturbadoras escritas por este autor.

La bien amada Annabel Lee, inmortalizada después de vida como también sucede con Leonora.

Las damas de los poemas clásicos e imperdibles, replicados una y otra vez en la cultura general.

Todas ellas preciosas, intelectuales y espirituales, con ojos hermosos y voces sublimes, siempre desgraciando la vida del narrador loco, triste y solo.

Fragmento de «Ofelia» (Millais, 1852)

Pero este no es un tópico exclusivo de Poe. Similar a Eleonora, la protagonista del cuento “La promesa”, del autor Lafcadio Hearn, en su lecho de muerte hace jurar por la ley del samurái a su esposo que no volverá a casarse. El hombre no cumple su palabra y habrá consecuencias por ello.

En “El pelo negro”, también de Lafcadio Hearn, el narrador descubrirá la sensación del abrazo de un cadáver, arrepentido por confundir la definición de amor real.

“La esposa sedienta de venganza”, de un autor anónimo, nos cuenta que a los muertos hay que tenerles respeto, más aún si se trata de una esposa abandonada. Recomendadísimo escuchar la narración en la voz del señor Alberto Laiseca.

En la novela de Stephen King, Un saco de huesos, Mike Noonan va descubriendo los secretos de su esposa fallecida, sin saber que tendrá que enfrentarse a la pérdida de otra mujer de su vida. Es también una historia sobre racismo e injusticia social.

En “El beso”, de Gustavo Adolfo Bécquer, el capitán de una tropa del ejército francés recién llegado a Toledo se enamora de una estatua de mármol de una mujer muerta hace muchos años; a su lado, también en mármol, está su cónyuge. El amor y el honor se pueden defender aún después de vida.

El elegante caballero y más famoso vampiro, Drácula, tampoco olvida a su amada y la vuelve a encontrar después de siglos. Y fruto de esta historia de amor nace una gran cita romántica:

“He cruzado océanos de tiempo para encontrarte”.

Todos estos son relatos desde las perspectivas de un protagonista masculino perdiendo a su amada, enfrentando así a su propia locura y a los fantasmas literales o metafóricos.

Una mujer envuelta por el velo de la muerte ha sido representada magistralmente —o no— por distintos autores, pero siempre puede ser este el comienzo de una historia.

****

Vivi Page

Nací en la ciudad de Puebla, el 2 de diciembre de 1997. A muy temprana edad me enamoré de las palabras y desde entonces hasta ahora he intentado conquistarlas.

Estudié un año lingüística y literatura. Sin embargo, por azares del destino, dejé la carrera, pero no las letras. Mis relatos van desde lo erótico hasta lo escabroso, publicados en algunas revistas digitales.

Y este es solo el comienzo.

FB

¡LLÉVATELO!

Sólo no lucres con él y no olvides citar a la autora y a la revista.