LA NOSTALGIA DE LA MUERTE

EN HOMBRES Y MUJERES

III

 

Emiliano González

Primera parte

Segunda parte

 

La locura se ve simbolizada por medio de la licantropía e incluso de la cinantropía en los autores antiguos y modernos. La licantropía es la transformación del hombre en lobo y la cinantropía es la transformación del hombre en perro.

En “Metempsìcosis”, poema de Las montañas del oro (1897), Leopoldo Lugones describe “un país de selva i de amargura”, con abetos altísimos, donde “ponía quejas el rumor del viento”. Añade que “tal vez era la tierra cimeriana – donde estaba la boca del Infierno”. Sobre las aguas se levantaba un promontorio negro. En lo alto, un perro le ladraba al mar. El perro era ciego y sus colmillos resplandecían, en una boca hambrienta y roja como la sangre. El alma del poeta con la frente iluminada y los pies y las manos sangrantes, subía hasta la boca del perro, para comprender el misterioso amor de los pequeños, para odiar la dicha de las sedas nobles y hallar, en el lodo de la Miseria, gérmenes de lirios, y en las prostituciones de su lecho, ver esparcidas semillas de azucena. Los ojos del poeta miraron una cruz ofrecida como un lecho nupcial. ¡Y el poeta era un perro!

La alusión a la tierra cimeriana nos hace recordar a Robert E. Howard, suicida también, inventor de Conan de Cimeria y autor de “Cabeza de lobo”, sobre un hombre que proyecta la silueta de un lobo, cuento basado en un cuento de Lugones sobre un hombre que proyecta la silueta de un mono. El poeta que re-encarna en un perro nos lleva a la leyenda de la encarnación del filósofo Pitágoras como perro, a “los perros filósofos” en el poema en prosa de Baudelaire. La relación de Howard con su madre es problemática, igual que la de Baudelaire, y tan simbiótica que Howard se suicida después de la muerte de su madre. Netzahualcóyotl, el rey poeta, cuyo nombre significa Coyote Hambriento, viene a la memoria cuando Lugones se refiere al hambre del perro.

En “El juglar triste”, poema de Los arrecifes de coral (1901) Horacio Quiroga, amigo de Lugones, dice: “De los manzanos del huerto /  penden nucas de suicidas, / y hay sangre de las heridas / de un perro que huye del huerto.”

En estos versos hay premonición del suicidio del autor, así como en el libro Trivia de Pearsall Smith hay premonición de la muerte de Hemingway, autor parecido a Quiroga.

Guy de Maupassant, en su delirio suicida, lleno de vampiros invisibles, ladra como un perro. Esenin y Mayakovsky, autores rusos suicidas, tienen poemas sobre perros humanos y humanos perrunos, que ladran. Virginia Woolf (apellido que significa “lobo”) describe a la autora Elizabeth Barret Browning vista por su perro.

Cinantropía y licantropía acompañan a algunos suicidas, y es que hay una involución mental en todos los suicidas, que nos lleva a las leyendas del cinántropo (el hombre-perro) y del licántropo (el hombre-lobo).

Petronio el suicida describe un guerrero-lobo que parece salido de los misterios de Eleusis. Recordemos que en estos misterios los guerreros-lobos espartanos eran chupados por las “Kerés” o vampiresas.

La literatura de Petronio desemboca en las de Cervantes y Pétrus Borel, autor frenético llamado “el licántropo”. Desde la infancia, la música de “Pedro y el lobo” ya anuncia estas revelaciones para jóvenes y adultos. La novela gótica Petron (1935) del surrealista inglés Hugh Sykes Davies, es significativa: Petron, perseguido por un bosque de árboles en marcha (detalle extraído de Macbeth de Shakespeare) está a punto de refugiarse en un castillo ruinoso, cuando de pronto un moribundo ensangrentado, con los huesos rotos, le advierte que no entre en el castillo, pues es guarida de unos bandidos. Obligado por los árboles a entrar al castillo, Petron ve a unos bandidos preparándose la cena. Otros bandidos lo acuchillan y patean, pero Petron logra escapar, ensangrentado y con los huesos rotos, justo a tiempo para advertir a otro Petron que no entre en el castillo. Petron muere y renace infinitamente. La novela gótica moderna tiene algo del frenetismo del licántropo Borel.

En la novela Vidas de los perros-monstruos (1997) de Kirsten Bakis, el científico loco Augustus Rank, por medio de injertos, crea una raza de perros humanos que va a ser un ejército para vencer a los humanos. Rank, sin embargo, se suicida (después de matar a su hermano) y dice que cuando su espíritu vuelva va a dirigir a su ejército. Los perros-monstruos, mientras llega el espíritu de Rank para salvarlos, viven una vida de esclavos, pero finalmente se rebelan y con el dinero tomado de sus amos van a New York a vivir. Como regalo a los neoyorkinos, los perros-monstruos hacen un castillo ––parecido a uno de los castillos de Luis de Baviera–– y ahí se refugian. El castillo es una especie de caballo de Troya para vencer a los neoyorkinos. Sin embargo, el castillo se incendia al final. Dos perros-monstruos creados por Rank se suicidan como su creador. El libro parece basado en mi descubrimiento de que ciertos suicidas del mundo cultural han mostrado “cinantropía”, que por supuesto es sólo mental (equivalente de la “licantropía” o locura).

“El modelo de Pickman”, cuento de Lovecraft, es una anticipación de la novela de Bakis. El músico popular y satírico David Bowie es también precursor (con sus poemas e imágenes gráficas) de la novela de Bakis. Petronio el decadente es otro precursor. Envuelto en la infructuosa conjuración del político Pisón contra el tirano Nerón, es obligado a suicidarse, como Séneca el filósofo y su sobrino el poeta Lucano. Un hedonista y dos estoicos son amenazados con torturas y eliminados por Nerón. La nostalgia de la muerte no se origina en el cuerpo ni en la mente de ninguno de ellos: es impuesta por el mundo exterior.

El cubano Julián del Casal escribe un poema: “La agonía de Petronio”: “Tendido en la bañera de alabastro / donde serpea el purpurino rastro / de la sangre que corre por sus venas, / yace Petronio, el bardo decadente, / mostrando coronada la ancha frente /  de rosas, terebintos y azucenas.”

Nerón quema a los cristianos para iluminar sus fiestas y, después de matar a su mujer Popea y a su hijo nonato de una patada, se casa con Sporus, un joven liberto, de cara similar a la de Popea. Convertido en mujer por los cirujanos, Sporus se une con Nerón entre festividades extravagantes. Nerón se destaca por su crueldad inmunda, y debido a eso es recordado aquí y allá por los autores decadentes.

Todo decadente critica excesos y defectos sexuales. En el cuento de Le Fanu, Carmilla no “recurre a la máscara del amor para disimular su ansia de sangre”, como dice el crítico Louis Vax, sino que manifiesta crueldad e inversión sexual simultáneamente. Le Fanu describe un lesbianismo impregnado de agresividad, y la única máscara que usa Carmilla es la de su ocupación como dama de compañía de Laura, joven a la que domina.

Carmilla es anti-cristiana y aristocrática. Su aparente amor por la naturaleza no implica atracción por la ciencia sino simple negación de Dios como posibilidad piadosa o poética. Para elaborar a Carmilla Le Fanu se basa en el poema “Christabel” de Coleridge y en la figura histórica de la condesa sangrienta Erzébet Bathory.

Carmilla es claramente sadiana.

Louis Vax señala la relación entre el cuento de Le Fanu y el poema de Coleridge, cuyo argumento inspira al narrador irlandés. Yo añadiría que Le Fanu, en su libro A través de un espejo oscuro (1872), mezcla los temas del lesbianismo, el vampirismo y las drogas extrañas, constituyendo una especie de Baudelaire irlandés. En un poema de Swinburne que se basa en un cuento de Boccaccio, “Los dos sueños”, podemos ver a una mujer vampirizando a otra. El poema, publicado en 1866 en Poemas y baladas, influye sobre Le Fanu. Se sabe que Shelley, después de oír a Byron recitando “Christabel”, tuvo una alucinación: una mujer con ojos en vez de pezones, imagen dibujada por Beardsley años después. Cierta versión de “La ciudad de latón” de Las mil y una noches ofrece una imagen idéntica. Si en vez de pezones hay ojos, es que el complejo de Edipo sustituye la relación normal con la madre.

“Christabel”, una historia medieval, es un poema inconcluso debido a la disputa de Coleridge con el autor Charles Lloyd y a su consumo de opio en 1800. Alethea Hayter en su libro sobre opio y romanticismo dice que una vampiresa helada que aparece en “El antiguo marinero” se convierte después en Geraldine de “Christabel”, personaje que puede ser una mortal que expía un pecado, un buen espíritu enviado para darle sufrimientos a la mártir Christabel o una vampiresa dubitativa. También ––observo yo–– puede ser una mujer-serpiente, ya que así la describe Coleridge, y sin duda Le Fanu ante Geraldine recuerda a la mujer-serpiente, prostituta y vampiresa de la leyenda de Apolonio de Tiana y Menipo. En el poema de Coleridge, Christabel, de noche, se ha alejado del castillo de su padre, un barón, para orar por su prometido lejano, y oye un quejido. Detrás de una encina está Geraldine, joven raptada por unos individuos y abandonada. Christabel lleva a Geraldine al castillo. La joven rescatada descubre su seno y su costado antes de acostarse junto a su amiga y le dice que al contacto con su seno se operará un hechizo para enmudecerla y así evitar que otros se enteren de la deshonra y la aflicción de Geraldine. El barón descubre algo esencial: Geraldine es la hija de un antiguo amigo con el que se ha enemistado. Quiere que un bardo vaya a buscar a su amigo, pero el bardo aplaza su partida al tener una visión de una serpiente enroscada alrededor de una paloma: Christabel. Y aunque no puede explicarse debido al hechizo, Christabel dice a su padre que expulse a Geraldine y él así lo hace.

El poema es sobre todo de horror, aunque el detalle sáfico de Geraldine ayuda a que Le Fanu elabore el personaje Carmilla, una vampiresa lesbiana. El crítico Vax señala que en el poema y en el cuento “una adolescente afable y bonita acoge en el castillo de su padre viudo, una noche de luna llena, a una bella desconocida, que aparenta ser una mujer, pero es de hecho un demonio…” Añade Vax: “en las dos aventuras es la madre muerta y no el padre vivo quien vela por la joven”. Hay otros detalles raros que pasan del poema al cuento, pero son secundarios.

“The Vampire”, por Philip Burne-Jones

En el poema de Swinburne “Los dos sueños” hay una casa señorial en que vive Averardo, un señor virtuoso, con su hija Andrevuola, doncella inocente de ojos dorados y cabellos rubios, tan largos como los de Rapunzel. Sus ojos están llenos de clara luz y fuego. Ella le dice al Amor que ni el sueño ni la bebida ni la comida le dan placer: las maneras del amor son duras. Pero el sol besa sus cabellos lujosos. Ella sueña que aromas exquisitos la alcanzan y que su habitación se ve transfigurada: se vuelve verde como los espacios en que se bañan las jóvenes. Se oyen las pisadas de una mujer ––detalle que Le Fanu repite al final de su cuento–– y las venas de Andrevuola titubean y un calor peculiar le llena los ojos. Andrevuola es tocada por el pelo de la mujer, luego por su mano y por su boca, que la besa. La boca de la mujer es como la de una serpiente, pero besa con ternura, y es tan ligera como las patas de un ave. La boca deja una gran herida bajo el seno izquierdo de Andrevuola y ella despierta. Pero todo le da miedo: “el sonido del verano en las hojas cálidas del manzano, el aliento del día y los ruidos de la noche”, cuyo peso abre las bocas de las flores rojas “hasta que el corazón de la rosa duele”. Un hombre muere: el Amor. Y el padre de Andrevuola quiere que ella pase el resto de sus días en paz. Después de un año o dos, Andrevuola muere, aburrida, con el corazón agotado. Su epitafio dice: “Aquí yace aquella por quien murió el Amor”. El poema tiene versos sinestésicos que denotan la lectura de Swedenborg, autor místico sueco leído también por Le Fanu. Swinburne impresiona con su poema al moderno cineasta Bergman, que se inspira en él para una escena del filme Persona en que una mujer vampiriza a otra. El título de un filme de Vadim, Sangre y rosas, se ve anticipado en el verso de Swinburne sobre el corazón de la rosa. Podemos decir que en el poema de Swinburne el segundo sueño de Andrevuola es metafórico: es la muerte, después del esplendor de la naturaleza y de la intervención de la mujer-serpiente. “No hay Dios más fuerte que la muerte; y la muerte es un sueño”, dice Swinburne al final del “Himno a Proserpina”.

El mexicano Efrén Rebolledo en su libro Caro Victrix (1918) incluye un poema sobre lesbianas y otro sobre una vampiresa. Las mujeres sáficas que semejan pitones trabados en pendencias eróticas, con sus rosas de capullos vírgenes destilando y confundiendo sus esencias, la vampiresa negra y pertinaz que se alimenta de la sangre del poeta, son únicas en la literatura mexicana, pero reciben la influencia, directa o indirecta, de Le Fanu. Los poemas condenados de Baudelaire sobre vampirismo y lesbianas también estimulan a Rebolledo. Se ve que el uruguayo Horacio Quiroga ha leído “Té verde” de Le Fanu, pues en el cuento vampírico “El almohadón de plumas” hay una alucinación de Alicia en que un mono tiene fijos sus ojos en ella.

Yo creo que después de leer “Té verde”, de Le Fanu, sobre un hombre que alucina a un mono, Lugones escribe “Un fenómeno inexplicable”. En este cuento, el narrador conoce a un homeópata inglés con doble personalidad, que siente su personalidad fuera de su cuerpo y desea ver lo que sale de él durante un sueño extático. El desdoblamiento ocurre casi de noche. Cuando recobra la conciencia ve ante él, en un rincón del aposento, a un mono. “Desde entonces”, dice el inglés, “no se aparta de mí. Lo veo constantemente. Soy su presa. Adondequiera que él va, voy conmigo, con él. Está siempre ahí. Me mira constantemente, pero no se acerca jamás, no se mueve jamás…” Horrorizado, siente que se parece a él y proyecta una sombra curiosamente inmóvil. El narrador le pide al inglés que le deje obtener su silueta pasando un lápiz sobre el perfil. Y obtiene la silueta de un mono. Lugones escribe al final: “¡El mono! ¡La cosa maldita!” Nótese que “la cosa maldita” es el título de un cuento de Ambrose Bierce sobre un ser invisible. El cuento de Lugones es de ciencia-ficción, pero no se adelanta al futurismo, pues el éxtasis y el sueño son motivos interesantes para el autor. La doble personalidad del personaje de Lugones influye, directa e indirectamente, sobre Lovecraft cuando escribe “Arthur Jermyn”: un hombre-mono suicida muere asqueado por el bestialismo de sus antepasados. La blancura del mono proviene de la novela de Edgar Rice Burroughs, Una princesa de Marte (1912) y el hombre-mono incendiado proviene de “Hop Frog” de Poe. En “Arthur Jermyn” la nostalgia de la muerte se origina en la culpa unida a lo repugnante, a lo asqueroso, a lo inmundo.

Como otros cuentos de Lovecraft que describen los resultados monstruosos de las cópulas de humanos con animales o seres de otros planetas y dimensiones, “Arthur Jermyn” es decadente por su estilo y por el tema de la herencia maligna.

Continuará…

****

Emiliano González

Autor de Miedo en castellano (1973), Los sueños de la bella durmiente (1978, ganador del premio Xavier Villaurrutia), La inocencia hereditaria (1986), Almas visionarias (1987), La habitación secreta (1988), Casa de horror y de magia (1989), El libro de lo insólito (1989), Orquidáceas (1991), Neon City Blues (2000), Historia mágica de la literatura I(2007) y Ensayos (2009).

 

¡LLÉVATELO!

Sólo no lucres con él y no olvides citar al autor y a la revista.