LAMB

el tierno y retorcido amor de la madre naturaleza

Israel Yerena

 

A través de una situación sumamente insólita, que oscila entre la ternura y lo extraño, Lamb (2021), del director Valdimar Johannsson y distribuida por A24, nos sumerge en una macabra y dulce fábula que puede dejarnos maravillados, pero también incómodos y aterrados.

En Islandia, un matrimonio de granjeros vive aislado del mundo y de su propia felicidad por un trágico evento de su pasado. Sin embargo, cuando uno de sus corderos da a luz a una criatura de distinta pero también similar naturaleza a la humana, sus vidas cambiarán para siempre.

Caracterizados por apostar a un terror diferente, A24 presenta la que quizás es la película bajo su distribución más extraña de esta clase, pues si bien no provoca sentimientos de miedo a través de los elementos característicos del terror, sí genera ciertas emociones e incomodidades por su extrañeza.

Asimismo, gracias a que la cinta ocurre en un ambiente con una atmósfera claramente fría pero con una fotografía y paisajes hermosos que evocan tranquilidad pero que también vomitan extrañeza, es fácil que la trama se sienta, en el mejor de los casos, como algo tierno y, en el peor, como algo prohibido.

Lo anterior está claramente marcado en el comportamiento que tiene el matrimonio de María e Ingvar (Noomi Rapace e Hilmir Snær Guðnason) para con su nueva hija, quien resulta ser dulce pero al mismo tiempo algo que también sería tomado como una aberración en el mundo animal y el humano.

Es precisamente esto lo que puede causar más incomodidad, pues mientras por una parte se nos muestra cómo la nueva hija es tratada con los mayores gestos de amor, por el otro está claro que ese mismo amor la separa de su verdadero mundo y la arranca de su propia naturaleza.

Así, el espectador fácilmente puede caer rendido ante la inocencia de la niña, al mismo tiempo que dentro de sí sabe que hay algo mal (o por lo menos extraño) en ésta. Además, claro, que todo esto genera sentimientos encontrados por el matrimonio, quienes sobreponen su felicidad a la de otros seres vivos que quizá tienen más derecho que ellos a gozar de la maternidad.

Y aunque con una aparición breve, es la mirada y la admiración por estos seres fantásticos el elemento que, precisamente, dota a este filme de un clímax bastante bello pero retorcido.

Así, los minutos finales de Lamb pueden ser definidos como algo apenas menos que maravilloso pero poco más que aterrador, pues de cierta manera vemos que, al final, la madre naturaleza y las extrañas criaturas que la habitan siempre encuentran la manera de equilibrar las cosas.

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Carlos Israel Yerena Cruz

Egresado de la carrera de Comunicación de la Facultad de Estudios Superiores Acatlán. 

Contribuyente de la revista electrónica “Encuadres”, escribiendo reseñas y noticias acerca del género de terror.

Titulado mediante la tesis “La masacre de Texas: del asesino histórico al fílmico”.

Amante de los temas tabúes, lo retorcido y lo bizarro, desde muy temprana edad -cuando apenas era un pequeño Ghoul– encontró en el género de terror un refugió en el cual depositar y liberar todos aquellos deseos perversos que crecen hasta en la mente más pura. Sin importar la vertiente, ya sea literaria o cinematográfica, el horror es un género que lo ha sumergido en un mundo que le ha enseñado que, a veces, la belleza más extrema se encuentra en las obras más grotescas.

De estómago curtido principalmente por los filmes slashersel género de horror también le ha demostrado que la mente y la naturaleza del ser humano son, quizá, las fronteras más lejanas y oscuras que nunca terminarán de ser exploradas, pero que piden a gritos que alguien se adentre en ellas. En la literatura, gracias a Lovecraft, ha aprendido que, aunque sea en unas cuantas páginas y en breves oraciones –escritas a veces por las mentes más solitarias e incomprendidas se alberga el horror más profundo de todos, aquel para el que ni siquiera se han creado las palabras ni ojos que sean dignos de describirlo.

¡! ¡Cthulhu fhtagn!

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