GUADALUPE DUEÑAS
ESCRITORA ATEMPORAL
Andrea Madrueño
Guadalupe Dueñas fue una mujer rodeada por un aura indescifrable. “Pita cebolla” le decía de manera afectuosa Inés Arredondo, en referencia a las múltiples capas que parecían cubrir su compleja identidad.
Debajo de la encantadora y loca, hay otra que a veces he visto, aseguraba Arredondo acerca de su compañera y amiga del Centro Mexicano de Escritores, cuando ambas fueron premiadas con una beca entre 1961 y 1962.
Enigmática y siempre ingeniosa, Guadalupe respondió: Al final, como todas las cebollas, sólo hay un hueco.
Dueñas, en la vida como en su escritura, prefería no dar respuestas fáciles y en cambio abrir un amplio espacio a las especulaciones. *
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Lo cierto es que los secretos y contradicciones en la biografía de Pita Dueñas inician desde su fecha de nacimiento. A lo largo de su carrera, quien fuera una de las autoras mexicanas más fascinantes del siglo XX mantuvo en una incógnita el dato de su edad, la cual fue consignada en notas de prensa, semblanzas y antologías en un rango que oscilaba entre 1920 y 1910. A simple vista el ocultamiento de la edad se podría achacar a un tema de vanidad; después de todo, de manera tradicional ha existido un tabú respecto a las mujeres, asociando el hecho de envejecer con algo malo y vergonzoso. Sin embargo, más allá de prejuicios sociales, la ambigüedad temporal fue una constante en la vida de Dueñas y sólo hasta hace poco se ha podido aclarar que lo más probable sea que la autora, oriunda de Guadalajara, Jalisco, haya nacido el 19 de octubre de 1907.
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En ese sentido, su incursión en el mundo literario también ocurrió de manera atípica cuando Guadalupe ya era una mujer madura, de entre cuarenta y cuatro o tal vez cuarenta y seis años. Jamás sabremos si esto ocurrió más tarde de lo que debería o quizá fue justo a tiempo, porque en ese año de 1958 tomó por sorpresa a sus contemporáneos con la publicación de su libro Tiene la noche un árbol, que le ganó reconocimiento por su originalidad y la belleza poética de sus cuentos. La escritora que, con desenfado y su característico sentido del humor, afirmaba haber nacido en una familia “chiflada”, supo trasladar lo insólito y extravagante de su entorno a una literatura tan siniestra como femenina.
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Como ejemplos de aquel entorno familiar disparatado existen testimonios acerca de su padre ex seminarista y religioso, casi al borde del fanatismo, que tenía la extravagante costumbre de cazar gatos para comerlos. Mientras su madre, sumamente joven e inexperta, tuvo un hijo tras otro en una cama señorial que había pertenecido a la emperatriz Carlota. Ajenos a la idea de registrar a sus hijos, a la larga sumieron a su descendencia en un limbo burocrático por la ausencia de documentos oficiales. Circunstancias que parecen evidenciar un estilo de crianza algo caótico, pues al tiempo que la madre se recuperaba de los numerosos embarazos, varias de las hijas fueron repartidas en casas de tías que eran monjas y en internados.
Siempre estoy sola como el viejo naranjo que sucumbe en el patio, escribió Guadalupe en el cuento “La tía Carlota” (Tiene la noche un árbol), dejando constancia de esas experiencias de soledad durante su niñez.
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Aquella vorágine de lo familiar con tintes autobiográficos también la encontramos en la inolvidable “Historia de Mariquita” (Tiene la noche un árbol), donde la voz narradora parece el eco infantil del relato de las hermanas que dormían en literas inspiradas en camarotes de barcos, compartiendo habitación con Mariquita, la primogénita de la familia, nacida antes de tiempo, preservada en un pomo de chiles y oculta en el ropero ante la negativa del padre de enterrarla después de su muerte prematura. En el cuento la autora nos comparte los pormenores de esta macabra situación:
Recuerdo que por lo menos una vez al año papá reponía el líquido del pomo con nueva sustancia de su química exclusiva —imagino sería aguardiente con sosa cáustica—. Este trabajo lo efectuaba emocionado y quizá con el pensamiento de lo bien que estaríamos sus otras hijas en silenciosos frascos de cristal, fuera de tantos peligros como auguraba que encontraríamos en el mundo.
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Precisamente al abordar el tema de lo siniestro, en su artículo “Lo ominoso” (1919) Freud aclara que aquello que se percibe ominoso se trata de algo familiar y antiguo que de alguna manera regresa fuera de tiempo. Podemos situar a lo siniestro como restos de la vida anímica infantil que, al brincar las barreras de la represión, retornan desfigurados y anacrónicos produciendo malestar en nuestro presente, porque se trata de contenidos psíquicos que no se reconocen como propios, aunque provengan de nuestras vivencias más íntimas. En el mismo texto, Freud explica que en la ficción existen muchas más posibilidades de alcanzar efectos de lo ominoso y de aproximarse a experiencias desconcertantes. Es decir, a través de historias en las que los límites entre lo fantasía y la realidad se encuentran difusos podemos acercarnos de manera relativamente segura a asuntos que de otra forma resultarían extremadamente angustiosos.
Al respecto de escribir en esa línea delicada entre lo fantasioso y lo verídico, Guadalupe Dueñas afirmaba:
En mis cuentos no existe la fantasía. Soy absolutamente realista a la hora de contar cosas. Cuando los bondadosos críticos afirman que tengo mucha imaginación, me siento avergonzada. Todo me sucede, hasta los sueños. He deambulado por ellos.
(Entrevista realizada por Beatriz Espejo, publicada en la revista Kena el 9 de marzo de 1966).
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En efecto, Dueñas como escritora parecía capaz de transformar en cuento las situaciones más inverosímiles e incómodas. Lo cual resuena con lo que Lacan señalaba al decir que la verdad puede tener estructura de ficción (“Seminario 4”, p. 253) y sólo es posible aproximarse a cierto tipo de relatos narrándolos a la forma en que se estructuran los mitos. En el caso de Guadalupe Dueñas encontramos una obra extraordinaria construida a partir de experiencias que, si las pensáramos ubicadas desde la crudeza de lo Real (que en términos psicoanalíticos es lo que está fuera del lenguaje y es inasimilable a la simbolización), podrían haber resultado catastróficas, pero que transformadas por el ingenio de Dueñas algo tan traumático (como la experiencia de crecer acompañada por la presencia muda de Mariquita) derivó en la creación de uno de los cuentos más entrañables de la literatura mexicana.
Sin duda se trató de una mujer inusual que escapaba a las convenciones de su época. Escritora autodidacta, siempre preocupada por ser precisa en el lenguaje, alcanzó a publicar un total de tres colecciones de cuentos, con espacios de más de una década entre una y otra.
No moriré del todo (1976) sería su segundo libro.
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En tanto, Antes del silencio (1991) serviría como una especie de despedida. Tras presentarlo, Guadalupe Dueñas decidió alejarse de la vida pública y recluirse hasta su muerte, ocurrida el 13 de enero de 2002.
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En su obra sobrevive un legado de fascinación atemporal, con un universo habitado por seres de gestos terroríficos —como las momias en su museo—, así como la fauna que habita sus cuentos —compuesta por sapos, arañas trapecistas, piojos y ratas—. Criaturas oscuras suspendidas en una dimensión descoyuntada, compañeras de Mariquita en su frasco y atrapadas entre las grietas de lo cotidiano.
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Referencias:
*Testimonio de Miguel Sabido, que aparece en Guadalupe Dueñas: Artífice de la palabra, editado por Patricia Rosas Lopátegui, pp. 294-298. Editorial Gedimex, 2025.
Obras completas de Guadalupe Dueñas, editado por Patricia Rosas Lopátegui. Fondo de Cultura Económica, 2023.
Freud, S. “Lo ominoso” (1919). Obras completas, Tomo XVII. Editorial Amorrortu, 2012.
Lacan, J. “Seminario 4” (1956-57). La relación de objeto. Paidós, 1994.
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AQUÍ puedes leer «Historia de Mariquita».
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Andrea Madrueño
Bruja y psicoterapeuta. Especializada en las artes oscuras de la teoría psicoanalítica. Escritora de cuentos tétricos que han sido publicados en antologías y revistas digitales como Medusas (2022), Siniestras: cuentos de mujeres que incomodan (Especulativas, 2022), Penumbria Distópica (2022), Penumbria #56 (2022), Cósmica Fanzine (2022), Navidades Paralelas (Lengua de Diablo, 2022) y Revista Exocerebros #5 (2023).
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Coordina Aquelarre de escritoras:
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