LA ILUSIÓN DE LA NORMALIDAD
Paulina Arcos
Vivimos tan obsesionados con la idea de normalidad al punto de creer que existe una fórmula correcta para amar, trabajar, vivir o pensar. Esta obsesión surge del miedo: al rechazo, a descubrir costumbres contradictorias y a aceptar que la identidad humana es una construcción cambiante. “Las estaciones de los ansarac”, de Ursula K Le Guin, destruye esa ilusión.
El cuento pertenece a la colección Changing Planes (Planos paralelos en su traducción al español) de 2003. Le Guín habla sobre una civilización que divide su existencia entre dos mundos. En el norte, los ansarac aman, desean, forman familias y crían hijos. En el sur, dejan de lado las pasiones y se entregan al pensamiento, el arte, la educación y la vida colectiva. No se mezclan las dimensiones, basan su estilo de vida en aceptar que la experiencia humana es fragmentada. Y eso resulta insoportable para quienes observan desde afuera.
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Los bayderac están convencidos de que pueden salvarlos. Les ofrecen tecnología, carreteras, control biológico y una vida “racional”. También les dicen que vivir de esa forma es absurdo y primitivo. Quieren corregirlo. Quieren normalizarlos. Y es entonces cuando surge la pregunta central del texto: ¿quién decide lo que significa vivir de manera correcta?
En “Las estaciones de los ansarac”, los bayderac representan la arrogancia de creer que toda diferencia debe corregirse. No soportan la existencia de una sociedad que no es capaz de compartir sus valores. Necesitan convertir su modelo de vida en una verdad universal porque admitir lo contrario implicaría reconocer que sus propias costumbres también son arbitrarias.
Este mismo mecanismo aparece en el cortometraje Negative de Monday Pillow. Durante el vídeo, una mujer es observada como alguien grotesco y extraño. Las personas la miran con rechazo, aunque ella aparenta tranquilidad consigo misma. Casi al final la perspectiva se invierte: ella se ve a sí misma como una persona común, mientras que quienes la desprecian aparecen deformes y absurdos. El impacto del vídeo nace de una revelación incómoda: la normalidad nunca es objetiva. Es sólo un acuerdo colectivo (AQUÍ puedes verlo).
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En el cuento de Le Guin ocurre algo similar. Los ansarac no son irracionales por vivir distinto; viven desde una lógica distinta. Mientras los bayderac buscan dominar la naturaleza humana, los ansarac aceptan sus ciclos, sus contradicciones y sus límites. No intentan convertirse en máquinas eficientes. Siguen el camino que les da sentido aunque no pueda justificarse por completo. Esta reflexión existencial es lo más valioso del texto, al insistir en que no existe una esencia universal que defina al ser humano sino que construimos nuestro sentido mientras vivimos.
Esto puede verse con los ansarac sintiendo vértigo cuando los bayderac les muestran otras posibilidades de existencia. Por un momento sienten vergüenza de sí mismos y llegan a dudar si su camino es una debilidad. Y es una de las mejores escenas del cuento: cuando una comunidad comienza a odiarse porque se ha visto a través de los ojos del otro.
Esto también ocurre en nuestra realidad. Las sociedades modernas producen individuos que constantemente se sienten insuficientes porque no encajan en modelos dominantes de éxito, belleza o felicidad. Nos enseñan a mirar nuestra propia vida como si estuviera defectuosa. Igual que la protagonista de Negative, muchas personas terminan creyendo que son extrañas simplemente porque las personas insisten en devolver esa mirada.
Sin embargo, Le Guin no escribe un cuento sobre conformismo cultural. Los ansarac no eligen el Madan por obediencia ciega a la tradición. Cuando votan por conservar su Camino, no están rechazando la tecnología bayderac: defienden el derecho a definir por sí mismos qué vuelve valiosa una existencia. Se niegan a creer que vivir mejor significa vivir igual.
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Esa decisión posee una enorme fuerza. Porque vivir de manera auténtica implica asumir el riesgo de elegir sin garantías absolutas. Los ansarac no necesitan una vida perfecta, necesitan una vida que puedan reconocer como propia. Por eso su migración es tan simbólica. Caminan a través de montañas y llanuras, no porque sea el camino más corto, sino porque el viaje forma parte de lo que son. Cada sendero contiene memoria, identidad y comunidad.
Tal vez nosotros también vivimos atrapados entre esas dos o más miradas. Una parte del mundo nos exige productividad, adaptación y normalización constante. Otra parte busca una forma de existencia que no se reduzca a funcionar de forma correcta. “Las estaciones de los ansarac” obliga a enfrentar una verdad incómoda: muchas de las cosas que llamamos progreso son simplemente mecanismos para alejarnos de aquello que nos vuelve humanos. Quizá la normalidad no es más que una ilusión compartida por quienes temen mirar demasiado tiempo su propia extrañeza.
Espero te haya gustado la nota. ¡Hasta la siguiente!
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AQUÍ puedes leer «Las estaciones de los ansarac»
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REFERENCIAS
Negative (2025), dirigido por Marco Napoli y producido por Monday Pillow. Publicado en Instagram.
https://www.instagram.com/p/DXFFW80M0K7/
Sánchez Villalobos, Iván. “La correlación ética entre la libertad, la existencia y la responsabilidad en el pensamiento sartriano”. Orexis, Universidad Autónoma de Chihuahua.
https://revistascientificas.uach.mx/index.php/orexis/article/view/1397?utm_source=chatgpt.com
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Mi nombre es Paulina Arcos, nací en la Ciudad de México en1990.
Actualmente radico en Toluca, Estado de México.
He publicado cuento y microficción en revistas digitales como Irradiación (cuento “Antojitos mexicanos”) y Enpoli (microficciones).
En septiembre de 2024, la editorial Rey de Ardillas publicó un fanzine del cuento “Rumores nocturnos”.
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