APUNTES JAPONISTAS

III

 

Emiliano González

Primera parte

Segunda parte

 

 

El sol nipón disipa las brumas europeas, como el calor de las islas maoríes, que encanta al pintor Gauguin y al escritor Loti. El sensorialismo decadente culmina en el sensualismo de las raras prosas poéticas de los hermanos Goncourt. En el pintor decadente y visionario La Fargue también hay influencias japonesas y maoríes. El poeta ruso Balmont es muy parecido a él.

El deseo de una edad de oro es expresado por la pintora Lucy Maddox Brown, en 1870, pues pinta El dueto, mezcla de japonismo y pre-rafaelismo, muy admirada por Rossetti: una mujer de rostro sensual toca el clavicordio (en que hay un cuadro oval con Orfeo encantando a los animales) acompañada por una figura de espaldas. Al fondo puede verse un misterioso biombo amarillo. La escena puede atraer a impresionistas y decadentes por igual.

No hay influencia del arte japonés en el estilo –decadente e ingenuo a la vez– de Odilon Redon, pero sí en el tema. Redon es autor de visiones sobre Buda, completamente personales, en blanco y negro o en colores fluorescentes.

Un diseño japonista de Aubrey Beardsley, titulado La femme incomprise, consiste en una dama rara, situada entre dos biombos llenos de flores, junto a un gato blanco y una cortina que tiene una gran araña con seis patas y un solo ojo, como un cíclope. Nos sorprende, sobre todo, el surrealismo precoz a que ha llevado la libertad del dibujante decadente. Hay otras creaciones orientalistas de Beardsley: el perfil de un sacerdote chino y una estampa a color de la princesa pintada por Whistler, con pavos reales azules. La femme incomprise es de 1895. Nos hace recordar el soneto “De invierno”, de Darío, por el gato blanco y los biombos.

El conde Robert de Montesquiou, decadentista en el libro Las hortensias azules (1896) dice: “Voy a hacer arte japonés: una cosa / Exquisita, sin ninguna relación con la rosa / Temible de fuego; ¡Temido, temido! / Una creación en que todo el terciopelo / De las flores nazca de un solo golpe de pincel que uno quiebre; / Un agua que un vuelo de grulla, debajo, aprese y arrase / Mientras palpitan peces por debajo / En un borrón que uno diría disuelto / Por dos flores de ciruelo bogando en la superficie. / Todo este encanto brotado sobre un lado / Mientras una nadería le haga el honor al lienzo: / Una aguja de pino, una pluma de pavo real.”

En el último objeto hay un recuerdo de “La habitación del pavo real” de Whistler, espacio mágico que contiene unos pavos reales dorados (aves simbólicas en la literatura decadente) y el cuadro de la princesa del país de la porcelana. “La habitación del pavo real”, de 1877, es apreciable actualmente en una galería de arte de Washington.

Robert de Montesquiou es importante porque da origen al perverso barón de Charlus de Proust y sobre todo al duque Des Esseintes de Huysmans, personaje que hace lo posible por controlar sus excesos y defectos de masculinidad, pero que al tener medicinas insuficientes y al carecer de mujer, fracasa y duda entre el catolicismo sin arte y el suicidio. El japonismo de Montesquiou es un aspecto más de su decadencia terapéutica. El modernismo surge para apoyar el caso desesperado de Des Esseintes (víctima de puritanos y burgueses), a otros como él y a simpatizantes femeninas. El modernismo, en Hispanoamérica y España, ha logrado evitar los excesos y defectos mencionados y ha implicado una unión filosófica y literaria de estados americanos, unión que en política no ha llegado a realizarse. Los libros japonistas de Rebolledo, al ser del modernismo, son filosóficos y literarios, no diplomáticos. El autor no propone viaje turístico sino viaje mental, interno. En la novela Al revés (1884), Des Esseintes es orientalista, y se detiene en una antología de Mallarmé, un minúsculo libro con cubierta en fieltro del Japón, blanco como leche cuajada, “que se cierra con un cordón rosa chino y otro negro. Disimulada detrás de la cubierta, la trenza negra se une a la trenza roa –que pone como un soplo de polvos para la cara, como una sospecha de afeite japonés moderno, como un aliciente libertino sobre la antigua blancura, sobre la cándida carnación del libro”. Después, Des Esseintes se refiere a una antología del poema en prosa, erigida bajo la advocación de Baudelaire, que ha hecho imprimir, para su uso, un libro que incluye extractos “de ese delicado Libro de jade, cuyo exótico perfume de chinsang y de té se mezcla con la olorosa frescura del agua que rumorea bajo un claro de luna a lo largo del libro”.

Rebolledo, piadoso ante la tortuga torturada por Des Esseintes, hace figurar al “quelonio gemado” en un cuento, “El palacio de Otojimé”, del libro El desencanto de Dulcinea (1916). En el cuento, el autor, sueña que la tortuga lo lleva, en su dorso lleno de joyas, a un mundo maravilloso con un palacio y un jardín submarino en que hay, en vez de mariposas y pájaros, unos cardúmenes de peces más bellos que los del acuario, y lotos, arces y crisantemos. En un alcázar fastuoso, lo recibe una princesa, ya despojada de su apariencia de tortuga: una princesa con cabellera verde, vestida a la manera arcaica. Esa princesa es la legendaria Otojimé, salvada por un pescador de una banda de muchachos de manos crueles. El cuento termina cuando el narrador vuelve a casa, en el dorso de la tortuga, y despierta.

Rebolledo, con su cuento feérico, anticipa el ambiente festivo de los Beatles en “El jardín del pulpo” y el orientalismo de “La luz interna”, mezcla de música original hindú con un poema chino que muestra la ideología de Des Esseintes: “Sin abrir la puerta de tu casa / puedes conocer todas las cosas de la tierra. / Sin mirar por tu ventana / puedes conocer los caminos del cielo. / Mientras más viaje uno / menos conoce”.

El hombre-huevo japonés que nos sorprende al final del cuento de terror “Mujima” de Lafcadio Hearn anticipa a los hombres-huevos ingleses de la canción “Yo soy la morsa”, igual que el personaje maravilloso Humpty-Dumpty, presente en las Rimas de la Mamá Oca y Alicia a través del espejo de Carroll.

La relación con Yoko Ono es una prueba más del orientalismo genuino de los Beatles.

Es de notarse que Tablada incluía ya desde su Florilegio (1904) diversas traducciones de poesía japonesa y poemas suyos con tema oriental.

El modernismo primero y la vanguardia después buscan en el Japón un equilibrio de elementos sensuales y espirituales. La poesía logra poner distancia ante el excesivo ascetismo budista e impregna de sensualidad panoramas y mujeres.

En el tomo 19 de la revista Video Girl Ai, del año 2000, Mónica Uribe afirma que en el Japón la cultura hippie (como llama al movimiento subterráneo) “promovía la paz y la unidad en un mundo que se había vuelto caótico. Sin embargo, en el Japón, aunque tuvo muchos seguidores y gran impacto en la juventud, su influencia fue pasajera”. En su artículo, Uribe protesta por “una sociedad tan estricta como la japonesa, donde la vida de sus habitantes solía ser decidida desde la infancia, y los convencionalismos sociales son muy rígidos”. Uribe se refiere a “la tremenda presión que deben soportar los ciudadanos japoneses desde que comienzan a estudiar hasta que se retiran de la vida laboral”.

El disco Hecho en Japón (1972) del grupo musical Deep Purple destaca al unir países del movimiento subterráneo, movimiento que no es sólo para jóvenes sino también para adultos y viejos, que aprenden algunas cosas de los niños.

Los modernistas, los decadentes y sus precursores inspiran a los integrantes del movimiento subterráneo en general, unión de Oriente y Occidente.

En la sección “La raíz del sol” del libro Visiones solares (1923), el poeta decadente ruso Constantin Balmont se refiere al “país-poema” y se pregunta si es realidad o sueño el cuento de hadas que ha vivido. El autor admite que el niño en él no ha muerto y dice que por dos semanas ha podido vivir en el seno de la Belleza sin hacer otra cosa que gozar, escuchar palabras dulces y amistosas, sin encontrar ni una sola vez la brutalidad, sin ver los gestos de amenaza o de violencia, sin oír las entonaciones groseras en hombres y mujeres. Fuerte por su propia armonía, por su encanto, por su soledad insular, el país entero canta, afirmando la vida. No es necesario rezar, ya que la tierra misma es divina. “La concepción religiosa del mundo crea en el alma una fuerza excepcional”, dice el poeta ruso. Los rostros y las voces de las mujeres armonizan. Y es que la tierra es amada como una mujer. La fe en la tierra vuelve a los humanos “capaces de realizar todos sus deseos, de reservar en el universo una isla aparte, de transformarla en un oasis”.

Entretenido por escritores y poetas, por las viejas y las jóvenes, por un monje budista y por la sirvienta sonriente que ofrece té, Balmont vive su vida japonesa. La poesía femenina lo atrae: Ise, Murasaki-Shikibu, Idzumi-Shikibu, Michi-Duna, Uma-No-Naissi. La luna desaparece tras la nube cuando la autora se pregunta si es su amado el que ha dado las pisadas que ella ha oído. En otro poema, otra autora dice que el amado pisará la nieve en su jardín. Otra dice que la noche es muy larga para la mujer que espera. Y otra asegura que dormir sola es muy triste.

La mujer japonesa, con sus ojos oblicuos y misteriosos, es “una criatura venida de otro planeta, donde formas, colores, movimientos y proporciones obedecen a leyes diferentes”.

En el Yoshiwara, las mujeres son “sacerdotisas del placer”, ni impúdicas ni lamentables. También son diosas temibles que parecen panteras o momias tras las rejas. El poeta las rechaza, pero se va sabiendo que no ha descifrado el enigma que las envuelve.

El poeta ruso, que “ha venido al mundo para ver los rayos del sol”, considera al país “príncipe de la luz” y “raíz del sol”. Es un país que venera a los ancestros, respeta a las plantas y a los animales. Es “la flor del sol”, cuyos pétalos queman los dedos maravillados que desearían arrancarla. Balmont conoce a Sacka, que ha leído su obra, a Ossé, joven poeta de Tokio, y a Nibori Siomu, autor de un libro sobre corrientes poéticas rusas. Ellos son –como él–  hijos del sol, que unen la fuerza y la caricia, el calor y la claridad. Recordamos a Rachilde, “hija de Ra” (o sea del sol), autora de El ratoncito japonés y otros libros decadentes.

Balmont asegura que en Japón se ha realizado el ideal de Poe: la naturaleza convertida en un jardín de paisajes. Las espesuras de los bambúes “comunican al espíritu su sueño sagrado, dándole la paz de un monasterio búdico”.

No obstante, al final de su crónica, Balmont señala que en medio del jardín, ante el año nuevo, un “samurái”, poeta y guardián, ciñe la espada de sus ancestros.

La prosa de Balmont y la de otros decadentes acerca la literatura al dibujo y a la pintura.

Continuará…

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AQUÍ puedes leer «Mujima» de Lafcardio Hearn.

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Emiliano González

Autor de Miedo en castellano (1973), Los sueños de la bella durmiente (1978, ganador del premio Xavier Villaurrutia), La inocencia hereditaria (1986), Almas visionarias (1987), La habitación secreta (1988), Casa de horror y de magia (1989), El libro de lo insólito (1989), Orquidáceas (1991), Neon City Blues (2000), Historia mágica de la literatura I (2007), Ensayos (2009) y La ciudad de los bosques y la niebla (2019).

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