EL HORROR DE LA VENTRILOQUÍA

 

Uggla Horrorwitz

 

 

 

«Cuando las marionetas terminan su obra vuelven a sus cajas. No se sientan en un sillón a leer un libro, sus ojos rodando como canicas sobre las palabras. Sólo son objetos, como un muerto en un ataúd. Si alguna vez llegaran a cobrar vida, nuestro mundo sería una paradoja y un horror en el que todo sería inseguro, incluido si somos o no meras marionetas humanas».

Thomas Ligotti, La conspiración contra la especie humana

 

 

Los títeres y las muñecas poseen la peculiaridad de causar miedo. Su inmenso parecido con los humanos puede llegar a ser inquietante y macabro. No existe una razón exacta para explicar dicha perturbación. Una de ellas podría ser que estos personajes forman parte de la galería de objetos primigenios que acompañan la infancia de todo ser humano: un ejército de ángeles guardianes cuya diligencia es formar parte de los primeros años de vida, entretener y, en algunos casos, alimentar el imaginario infantil que puede pasar de lo pueril a lo desconcertante.

Derivado de este miedo se han catalogado algunas fobias que intentan definir o explicar lo que  se considera un padecimiento, como la automatonofobia, que se refiere al miedo hacia todo ser inanimado que representa una figura humana y cuyo temor radica en una posible suplantación de rol. Esos seres inanimados pueden ser muñecos, maniquíes o figuras de cera.  Existe también el término pediofobia, que se usa para definir el miedo a los muñecos que imitan formas humanas. También encontraremos la pupafobia, que se refiere en particular al miedo a los títeres.

Dentro de esta galería de singulares personajes, hay una especie peculiar de muñeco que es raro por antonomasia y cuya presencia y apariencia mecánica resulta bastante siniestra: los muñecos ventrílocuos.

Estos muñecos se hicieron populares a mediados del siglo XVIII, cuando circos y teatros incorporaron a su filas personajes que llevaban bajo el brazo un muñeco al que hacían hablar para contar chistes, cantar o dar un espectáculo, casi siempre interactuando con su interlocutor.

En palabras simples, podríamos decir que la ventriloquia consiste en la facultad de poder hablar sin necesidad de mover los labios, imitando diferentes tonos y sonidos.

Sin embargo, la ventriloquia tiene un origen oscuro e inquietante. Podemos encontrar el término ventrílocuo en textos de la antigua Roma y Grecia, así como en textos bíblicos. Se dice que en civilizaciones como la egipcia se han encontrado vestigios de su existencia.

En la antigua Grecia existía una arte necromántica llamada “Gastromancia”,  en la cual alguien —normalmente un sacerdote— hablaba a través del estómago, y esa voz se atribuía a algún espíritu demonio.  Esta relación con las artes adivinatorias hizo que el término ventrílocuo estuviera ligado a temas esotéricos a lo largo de la historia y que, en algunos casos, se usará como sinónimo de “adivinador”. Un claro ejemplo es el de las pitonisas, las sacerdotisas del dios Apolo que interpretaban el oráculo de Delfos o Euricles, famoso profeta griego que acuñó el término Euriclidianos para denominar a los adivinadores de aquella época.

La ventriloquia ha inspirado novelas y relatos inquietantes en la literatura fantástica y de terror,

Tenemos la presencia de la ventriloquia en la novela Wieland o la transformación de  Charles Brockden Brown, publicada en 1798  (hay que mencionar que es considerada la primer novela gótica americana). Aunque se centra en el fanatismo religioso, su principal virtud radica en que mantiene siempre el suspenso y la intriga. La historia se desarrolla en el seno de la familia Wieland. Teodoro y Clara son hermanos y llevan una vida apacible hasta que una serie de sucesos sobrenaturales comienzan a ocurrir. A la par de estos sucesos aparece Carwin, un singular personaje que tiene el don de hablar sin mover los labios, además de poder imitar cualquier voz y sonido. Teodoro termina cometiendo un crimen atroz que adjudica a una orden recibida por la voz de dios y con la que Carwin estará muy relacionado.

En su otra novela (inconclusa) Carwin, memorias de un biloquista, Brown usa el término biloquista para referirse a la ventriloquia. En este relato se cuenta la historia de Carwin y de cómo descubrió su don a los 14 años. Bajo esta perspectiva, el concepto de ventriloquia cambia con respecto a la antigua creencia: pasa de ser una actividad esotérica  para describirse como una habilidad totalmente fisiológica que, aunque es considerada como un don, puede ser aprendida y desarrollada.

La presencia de muñecos ventrílocuos se haría presente en la ficción de escritores como Ben Hecht (famoso por su incursión en revistas pulp como «Weird tales»), quien escribiría un relato corto —posiblemente el más influyente del género— llamado «Rival Dummy», que se centra en la historia del Gran Gabbo, un famoso ventrílocuo que hace su acto con el muñeco Jimmy. Su gran fama le permite muchas excentricidades, como pedir un sueldo en particular para Jimmy. Sin embargo, su representante se da cuenta de que Gabbo tiene episodios raros donde habla con su muñeco, en los que discute con él y le reclama sus fallos en los shows como si fuera otra persona con vida propia. Las cosas se ponen interesantes cuando Rubina, una exótica mujer, se encarga de coquetearle a ambos.

En el relato de Hecht surge una característica terrorífica del ventrílocuo: el desdoblamiento de la personalidad: un alter ego —en este caso Gabbo— marca las pautas de ser quien controla al muñeco, aunque en algún punto ese control se pierde. Lo que trae consigo los episodios psicóticos de un megalómano.

El escritor británico HR Wakefield haría lo propio en su cuento “Una actuación de despedida”. La historia se centra en el último show de Nimbo y su muñeco Nobby. En el relato, su pareja acaba de morir y, tras tomar unos tragos de más, sale a escena. El alcohol y la culpa hacen que Nimbo haga otra voz, la de su difunta esposa. Nobby el ventrículo comienza a cuestionar a Nimbo, pues parece que tiene algo que ver con su muerte. De esa manera, el ventrílocuo juega el papel de conciencia; es a través de él que la culpa permea, esa otra personalidad  que hace que valga la pena preguntarse si es posible que las voces de los ventrílocuos tomen conciencia para existir por sí mismas.

William Goldman en su novela corta Magic retoma la misma trama. Corky es un chico retraído que viene de un hogar disfuncional. Tras la muerte de su padre, conoce a un mago que le enseña trucos de cartas y magia. Cuando su mentor muere, Corky intenta abrirse brecha en el mundo del espectáculo y fracasa. Colapsado y al borde del suicidio, aparece Fats (quien aparece como un personaje y es a mitad de la historia cuando aclara que es su muñeco ventrílocuo) como el alter ego de Corky, una personalidad dominante que trae consigo éxito, dinero y mujeres, pero que poco a poco comienza salirse de su papel, al punto de que Corky comienza a perder el control de sí mismo. El desenlace de la historia termina en un choque entre ambas dualidades, donde esta vez la ventriloquia surge como una doble arma, ya sea para la redención o la tragedia, donde ahora gobierna esa otra voz que con vida e independencia propia puede salvar o destruir a su progenitor.

En el relato «La hija del ventrílocuo», Juleen Brantingham nos cuenta cómo la hija de un famoso ventrílocuo que se encuentra en coma aprovecha su estado para destruir uno de sus muñecos: una figura que su padre hizo como copia fiel de cuando era niña con el fin de perpetuar su belleza e ingenuidad. En este caso, el muñeco es una réplica de la realidad, un esbozo mórbido que intenta hacer perpetua a una persona y termina causando terror.

Un referente literario sobre historias de ventrílocuos de terror son los libros escritos por RL Stine de la serie Escalofríos, donde un muñeco llamado Slappy aparece de forma casual en tiendas de empeño. Siempre lleva en el bolsillo un papel con palabras en un lenguaje antiguo, mismas  que al ser pronunciadas le dan vida. Estas ágiles historias (repartidas en 5 volúmenes) recrean ese modelo tétrico del muñeco que toma vida propia, sin ninguna explicación del origen de aquel conjuro. Sus páginas juegan bastante bien con la ruptura de la realidad, hacen que uno dude en qué momento se rompen las reglas establecidas para incorporar otro elemento, un hechizo o maldición que le da vida a un objeto inanimado.

La antología Horror Dummies es una colección de 6 relatos. Un paseo por circos en decadencia con muñecos de personalidades múltiples, médiums adivinadores que usan maniquíes de madera para transmitir sus mensajes, muñecas ancestrales que han sobrevivido al tiempo y enamoran magos de carácter débil, pedazos de madera que han contemplado el fondo de la inmundicia del hombre y les ha gustado tanto que buscan la forma de seguir en ella, terratenientes megalómanos que cuestionan a la religión: ¿Será acaso que los curas son sólo ventrílocuos de dios? ¿Será que dios toma vida a través de ellos? ¿Será que la voz de dios no es más que un invento de su fe enfermiza, una voz sublime que ellos mismos se han inventado y que les habla, como retribución por sus años dedicados al hombre bajo la cruz?

Practicantes perfeccionistas que ensayan sus voces una y otra vez… ¿Qué pasa cuando el acto de inventar voces se vuelve compulsivo, cuando se desea ofrecer diálogos perfectos, como si los muñecos tuvieran vida propia o cuando la vida que se ha construido para ellos es más perfecta en comparación con la de aquél que les da vida, cuando el maniquí se vuelve un ídolo inalcanzable, una transgresión para ser aquello que siempre se ha anhelado?

En su libro La conspiración contra la especie humana, Ligotti se dedica a desmenuzar los horrores de las marionetas (usa el término marioneta en lugar de muñeco) desde una perspectiva pesimista y siniestra en relación con lo humano. Hace una serie de aforismos sobre la banalidad de la voluntad y la existencia de los hombres, habla de las paradojas sobre cómo el hombre ve a los muñecos con superioridad moral al saber que solo es un objeto inanimado cuya vida propia no es posible en esta realidad; explica por qué la ruptura de ese paradigma puede causar un terrible miedo, mientras que por otro lado compara la existencia del hombre con la de una marioneta al que alguien (un poder supremo) mueve y dicta sus conductas.

Bajo el criterio de Ligotti, no sólo los religiosos pueden ser el títere de alguien. Sin embargo, ese alguien no es dios como lo concebimos, es un poder superior que puede ser un ente cósmico, una deidad antigua o incluso un miedo ancestral, un temor que puede vivir en todos y cada uno de los seres humanos.

Es también Ligotti quien habla de ventrílocuos y muñecos inanimados en relatos como  “Los maestros de muñecas”, “La marioneta payaso” o “El ojo del lince”, donde retoma nuevamente el modelo del hombre como un muñeco desobediente que pagará por intentar pensar por sí mismo.

Tomando como modelo a Ligotti, pero creando sus propias perspectivas, tenemos el libro de Jon Padgett El secreto de la ventriloquia, una colección de relatos basados sobre el mismo tópico.

El relato “La autoconciencia de la práctica del horror” es una especie de meditación zen horrorífica (quien haya leído a Eckhart Tolle lo alucinará) para hacer conciencia del horror, que implica asumirse como un ser humano, un pedazo de carne que camina y se sostiene sobre un esqueleto hueco, un maniquí de carne y hueso.

En «Susurros de una voz conocida» (título tomado del fragmento de un poema de Clark Ashton Smith) aparecen dos hermanos, donde el mayor molesta al menor y le dice que Sam —el fantasma de un hermano fallecido— le ha ordenado matarlo. El hermano pequeño vive en pánico hasta que el mayor le confiesa que Sam no existe y que no le hará nada, pero el miedo tiene consecuencias fatales.

En el relato «Pantano cubierto» nos cuenta de un parque de diversiones bastante peculiar y oscuro, un recorrido surrealista donde todo se transforma.

«Sueños de origami» es un relato extraño y onírico donde un hombre encuentra en su casa una carta —que aparentemente él mismo escribió en otro tiempo u otra realidad— que resulta ser una especie de diario . Ahí se cuenta la historia de un abogado que sale de vacaciones con su esposa y en el camino encuentran a un chico que pide ayuda porque en su casa hay un monstruo que sólo puede ser derrotado por alguien con seis dedos. El hombre acude y en su mano aparecen 6 dedos. El monstruo se va, pero al volver a casa todo empieza a cambiar.

«20 pasos simples para la ventriloquia» es la espina dorsal del libro: un manual de ventriloquia que explica cómo ser un maestro con el maniquí (aquí el autor utiliza este término para referirse a los muñecos ventrilocuos), pero también enseña a controlar la mente de esos otros maniquíes que pueden ser animales o personas. Así, el manual ayuda a entender que la ventriloquia suprema lleva mucha practica, pero que los resultados son inimaginables.

En «El infusorio» se entrelazan elementos que el autor ha ido dejando en los relatos anteriores. Habla sobre ciertos cadáveres aparecidos en Dunstown, el mismo pueblo de “Sueños de origami”, y cómo éstos tienen que ver con una fábrica de papel abandonada. Los indicios llevarán a un par de agentes con Solomon Kruth para atar los cabos de lo que está sucediendo en ese extraño pueblo y cómo la ventriloquia juega un papel importante.

«Órgano vacío» es una especie de pesadilla borrosa. Padgett juega bien con la fantasía oscura, el surrealismo de los sueños y bordea la realidad brincando de la vigilia a ésta sin perderse en el intento.

«El secreto de la ventriloquía» es una obra de teatro que reúne los cabos sueltos en todos los relatos anteriores. La relación muñeco-ventrílocuo pasa a un segundo plano, pues entra en juego el papel del ventrílocuo supremo, una voz (criatura, ente, poder) capaz de cambiar el rumbo de todas las cosas.

El libro cierra con «Huída a Thin Mountain», un tributo al relato «10 pasos para Thin Mountain” de Ligotti.

Padgett nos ofrece una pesadilla surrealista llena de elementos que interactúan entre sí: la decadencia, el dolor y el miedo se conjugan con la figura del ventrílocuo, una presencia oscura y decadente, una profesión equiparable a cualquier alquimia medieval que puede dar sabiduría y poder a aquel que sea capaz de dominarla.

Jon Padgett y Reg.

La ventriloquia puede ser tan escalofriante como sus muñecos, una práctica ancestral llena de voces internas que se dejan escuchar para evocar temores, miedos y alter egos, un arte que bien practicado en la literatura puede regalarnos muchos momentos de incertidumbre, miedo y sutiles pesadillas.

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AQUÍ puedes leer otra reseña del libro de Padgett.

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AQUÍ puedes leer «La hija del ventrílocuo» de Juleen Brantingham.

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AQUÍ puedes leer «Actuación de despedida» de H. R. Wakefield.

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AQUÍ puedes leer el prólogo de El secreto de la ventriloquia.

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Uggla Horrorwitz

Lector compulsivo de terror y fantasía. A veces escribe sobre las pesadillas que aún no ha tenido,

pero que tanto le gustaría que lo aterraran.

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