EL HOMBRE INVISIBLE

suspenso y sofocación al máximo

 

Israel Yerena

 

Cuando se es víctima de violencia y tortura psicológica, una de las sensaciones más desgarradoras y frustrantes por las que se puede pasar, es el infierno de no recibir la credibilidad y el apoyo de los seres amados, quedando atrapado en un doble infierno. Para ejemplo de esto basta mirar El hombre invisible del director Leigh Whannell.

Cecilia (Elisabeth Moss) es una mujer que vive atormentada por su novio, Adrian Griffin (Oliver Jackson-Cohen), quien la ha alejado de sus amigos y familia a base de maltratos y manipulaciones. Sin embargo, cuando él se suicida (en extrañas circunstancias), lejos de que las cosas mejoren para ella, todo empeora cuando se ve acechada por el recuerdo de su ex… Aunque tal vez lo que la persigue sea algo más peligroso.

Leigh Whannell, director de la maravillosa Upgrade: máquina asesina, nos presenta esta nueva adaptación de la clásica novela El hombre invisible, escrita por H.G. Wells, aunque con toques más libres. De igual forma, el director vuelve a dejar en claro su visionaria mente en cuanto a lo tecnológico, ya que traslada la historia clásica a nuestros tiempos, pero sin arrebatarle su esencia.

Esto lo consigue mediante tres pasos: en primer lugar, conserva los elementos más característicos de la novela (como la invisibilidad del villano); en segundo, estos elementos dejan de ser tan “fantasiosos” al darles una explicación más creíble acorde a nuestros tiempos; en tercero, usa el tema de la violencia en las relaciones y la revictimización de las víctimas para darle un argumento más sólido a la trama.

Todo esto da como resultado que la trama sencilla de El hombre invisible adquiera grandes dosis de suspenso, tensión y miedo conforme avanzan los minutos. Gran parte de esto se debe a la maravillosa interpretación de Elisabeth Moss, quien transmite de gran manera la desesperación e impotencia de cualquier persona violentada que, a pesar de clamar por ayuda, sólo es tomada por “loca”.

Ahora, aunque la película hace hincapié en el suspenso y los sentimientos de frustración, no por ello se olvida del terror, pues valiéndose de unos cuantos jumpscares ciertamente provoca alguno que otro susto inesperado.

Asimismo, y hablando de sustos inesperados, otras cosas inesperadas que contiene El hombre invisible son unas cuantas escenas y giros de tuerca bastante sorpresivos, sobre todo después de la primera mitad. Esto ayuda a que la película se mantenga emocionante en su mayor parte.

Por desgracia siempre hay un “pero”, y en esta ocasión es que a pesar de los buenos niveles de suspenso la cinta presenta varios altibajos que por momentos la vuelven lenta, sobre todo al final, dando la impresión de que éste se extendió un poco más de lo debido.

Aun así, El hombre invisible se muestra como una de las mejores apuestas (si no es que la mejor) de los últimos años en su intentó por revivir a los monstruos clásicos de Universal, lo cual ya es de por sí un gran logro.

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Carlos Israel Yerena Cruz

Egresado de la carrera de Comunicación de la Facultad de Estudios Superiores Acatlán. 

Contribuyente de la revista electrónica “Encuadres”, escribiendo reseñas y noticias acerca del género de terror.

Titulado mediante la tesis “La masacre de Texas: del asesino histórico al fílmico”.

Amante de los temas tabúes, lo retorcido y lo bizarro, desde muy temprana edad -cuando apenas era un pequeño Ghoul– encontró en el género de terror un refugió en el cual depositar y liberar todos aquellos deseos perversos que crecen hasta en la mente más pura. Sin importar la vertiente, ya sea literaria o cinematográfica, el horror es un género que lo ha sumergido en un mundo que le ha enseñado que, a veces, la belleza más extrema se encuentra en las obras más grotescas.

De estómago curtido principalmente por los filmes slashersel género de horror también le ha demostrado que la mente y la naturaleza del ser humano son, quizá, las fronteras más lejanas y oscuras que nunca terminarán de ser exploradas, pero que piden a gritos que alguien se adentre en ellas. En la literatura, gracias a Lovecraft, ha aprendido que, aunque sea en unas cuantas páginas y en breves oraciones –escritas a veces por las mentes más solitarias e incomprendidas se alberga el horror más profundo de todos, aquel para el que ni siquiera se han creado las palabras ni ojos que sean dignos de describirlo.

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