FAMULUS

LA ATMÓSFERA DE LO BESTIAL

 

Amaranta Castro

 

En un viaje a la ciudad de México conocí el trabajo de algunas librerías independientes que difunden obras —punzantes y persuasivas— de editoriales emergentes. En este contexto encontré Famulus (Pesopluma, 2020) de la escritora y traductora limeña Romina Paredes. La editorial cataloga el libro en la serie Iceberg, la cual está conformada por “pequeños hitos que sugieren obras de dimensiones aún desconocidas, puntas de glaciares que permiten sospechar la importancia de voces únicas que recién comienzan a publicar”.

Desde el primer momento se puede percibir cómo la autora transgrede el espacio de lo íntimo, alcanzando potencia y ritmo cuando las narraciones se entretejen con lo liminal a través de la figura central del famulus o esclavo, siervos de mandatos familiares u otras relaciones personales que culminan en ocasiones con la transgresión del propio cuerpo y la rumia mental. La mayoría de los cuentos desafían los límites de lo grotesco. Es el caso de cuentos como “V.” y “Exhala”. Este último amalgama la obsesión que envuelve a Libre, una de las nadadoras que es llevada al extremo de sus capacidades físicas con la crueldad de los imperativos maternos.

Con un lenguaje que enuncia el abuso y un final que cierra en la desesperanza, el relato “Rata” es narrado desde la perspectiva de una familia cuyos cimientos son parte de un entorno violento. En la historia, dos hermanos deben ocultar los secretos de su madre ante la bestialidad de un padre amenazante. Un personaje que aterra, pero que su vez es irresistible, como refiere uno de ellos: “Ahí dentro, de cuclillas, con la cabeza enterrada entre las rodillas, mirando las puntas desgastadas de mis zapatos ortopédicos, recordé la imagen del gigante y apreté con fuerza la mandíbula. ¿Qué era esa figura? ¿Por qué el gigante devoraba a ese hombre?”

Romina Paredes

“Basura” es uno de los cuentos más desafiantes del libro. El relato se sitúa en el distrito de San Borja en Perú y la historia narra cómo los camiones de basura son usados a la manera de una morgue rodante, en la que los cadáveres son “un desperdicio doméstico más”. Una niña vive atemorizada por “monstruos” que aparecen en las noticias, mientras que la abuela incentiva sus miedos con la intención de mantenerla a salvo: “Juntamos nuestras cabezas y nos asomamos al ducto de la basura […] Queríamos saber qué había en ese hueco tan oscuro […] ¿Escuchan los gritos dentro del remolino? ¿Los escuchan? Asentí. Parecía como si unos seres estuvieran atrapados en el fondo de una caverna”.

El valor de los cuentos reside en su poder para enunciar el sufrimiento y cómo el orden aparente del estado de cosas se quiebra a través de lo grotesco. Al respecto, Galt Harpham refiere que en dicha categoría estética se reconoce un ascenso de lo bajo y un descenso de lo alto. Este descenso descompone el sistema, lo revierte: piscinas ocupadas por cuerpos ajados, la silueta de alguien consumido por el fuego, un hombre-cabeza-de-cerdo que mira a través de un tragaluz, una casa que se derrumba con sus habitantes dentro o un basurero que funciona a la manera de una puerta que lleva al infierno. Son atmósferas brutales, escenarios cotidianos engendrados desde lo terrorífico, que a su vez funcionan como instantáneas del contexto contemporáneo enunciado a través de un lenguaje tan diáfano como terrible.

El libro describe las grietas de espacios en donde habitan lo ominoso y lo liminal, que finalmente son atravesados por el arte del Kintsugi japonés (que alude a la reparación con oro y cuyo tema es el argumento del último cuento). En dicho relato se narran los efectos del miedo: los terrores constantes de que alguien entre a la casa de noche, el insomnio que nace del abuso y con ello la ansiedad ante cada evento; un apagón, un terremoto. La certeza de que alguien está parado junto a la ventana, un hombre-cabeza-de-cerdo. Shocks, impactos o momentos de ser que atraviesan y quiebran a los protagonistas de Famulus: “[…]momentos que marcaron su vida por la conmoción, la violencia y horror que le produjeron”.

En oposición a lo que refería Breton (quien afirmaba que la única forma de belleza posible era aquella que despertaba un sentimiento convulso), para la escritora limeña lo convulso no es la belleza —la cual es inpermanente e inestable— sino el impacto de un sistema vicioso que en su descompuesta maquinaria encubre lo que se muestra aparentemente bello a través del cuerpo, un espacio íntimo o la familia misma. Siguiendo la idea del Kintsugi, la escritura de Romina Paredes no oculta las contingencias humanas sino que las exhibe sin olvidar que lo esencial permanece en aquello que no se revela.

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AQUÍ puedes leer «Basura».

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Amaranta Castro

Primer lugar en la categoría de Poesía en el Festival Internacional de Escritores y Literatura de San Miguel de Allende. Ha publicado en diversos periódicos y revistas. Sus poesías fueron seleccionadas en la obra de escritoras contemporáneas mexicanas Romper con la palabra (Eon, 2017) y participó en la antología peruana Microrrelatos de horror escritos por mujeres (Luna Negra, 2022). Autora del libro Bosque Camaleón (Crisálida, 2022).

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