Bitácora de navegación del Nautilus 11

LA CIUDAD DE LA NOCHE ES AL MISMO TIEMPO CIUDAD Y NOCHE

II

 

Marina Ortiz

Primera parte

 

Retomamos nuestro viaje por la fantasía urbana, un mundo ficcional donde no existe distinción entre lo natural y lo sobrenatural sino que conforman una misma realidad. Los ejemplos presentados anteriormente eran de contextos no-latinoamericanos, por lo que vale la pena mencionar que este género se encuentra por todo el planeta. En México reconocemos a Alberto Chimal, José Luis Zárate, Bernardo Fernández, Libia Brenda, Martha Riva Palacio Obón y Mónica Beltrán Brozon como algunos exponentes de este género.

El libro Éstos son los días (2004), de Alberto Chimal, muestra un interesante caso de fantasía urbana. Los cuentos tratan de personajes que no son del todo mágicos pero tampoco ordinarios, pues ambas dimensiones necesitan una de la otra para sostenerse. Un escritor es sometido por sus personajes inconclusos, un viajero explora cuartos imposibles en distintas ciudades, un súbdito del rey Midas vive su terrible cotidianidad, una niña convive con una realidad alterna donde la URSS sobrevive… Su fuerte espíritu mítico nos remite de los cuentos de hadas o las fábulas, gracias a lo que Chimal llama “la imaginación, esa insolencia de alma”, dándole a la lectura un efecto de melancolía y maravilla simultáneas.

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El cuento “Shanté” nos presenta a Beatriz, una mujer ordinaria en casi todo. Sólo Elena, una de sus compañeras del trabajo, trastoca sus días. Su intriga se agrava pues, además de guardarle un amor secreto, Elena acaba de ser despedida porque ha desarrollado una adicción que ya entorpece su desempeño y sus relaciones interpersonales. Así que Beatriz va a buscarla para convencerla de retomar el rumbo de su vida.

Pero la adicción de Elena es extraña. En toda la ciudad, y el resto del mundo, se percibe la irrupción de algo misterioso:

A lo largo del viaje, Beatriz ve a muchas otras mujeres de aspecto estrafalario, de todas las edades, en actitudes igualmente extrañas: dos que parecen gemelas, vestidas con gruesos abrigos, observan a un par de golondrinas posadas en un cable; otra, delgada y con un vestido de gasa, hace cabriolas en un parque; cuatro más, muy jóvenes y vestidas de negro, van colgadas de la parte trasera de un camión y arrojan volantes, o al menos papel de colores, a la gente que pasa (pp.32-33).

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Alberto Chimal

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Estas mujeres son producto del escoto, un cilindro de madera porosa que la usuaria aprieta con una mano, se queda dormida, y surge así la otra mujer, la estrafalaria que aparece sin una explicación clara. Son personas normales porque no poseen poderes o características mágicas, su única identificación es que se comportan de forma alternativa, sin atender a las expectativas sociales de ningún tipo, y que pueden reconocerse entre sí. Son desarraigadas, insolentes, alegres y ruidosas. Incómodas. En el caso de Elena, aparece Shanté. Beatriz la enfrenta, después de fracasar en sus esfuerzos por disuadir a Elena, pero la atraviesan tantas emociones que tropieza con ellas y no sabe qué pensar, mucho menos qué hacer.

Enmarcadas por el contexto urbano, lo sobrenatural tiñe el departamento de Elena, las calles que recorren y los centros comerciales con una nueva luz, un aura de inestabilidad. La ambigüedad del escoto, junto con su simpleza, provoca inquietud y reflexión, transformación: su mecanismo es fantástico, pero sus efectos y motivaciones son accesibles, comprensibles. Su trascendencia es global, pues está presente en todo el mundo y es un objeto indisoluble de él; Shanté menciona que es posible relacionarlo con el místico Juan Escoto Erígena, quien decía “que todo en el mundo es una revelación de lo divino”. Vemos así cómo la relación entre lo natural y lo místico es de correspondencia y sustento. La dimensión sobrenatural no es ajena ni tampoco domina a la humana, cualquiera puede acceder o manejar lo fantástico, y éste no destruye la cosmovisión de la realidad, solamente la amplía. El escoto es un objeto real, con características mágicas, que provoca un fenómeno increíble pero aprehensible.

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«Shanté» también se incluyó en Manda fuego (2013).

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El relato explora temas como el amor, el existencialismo, las expectativas sociales y el futuro. Beatriz experimenta esta irrupción de lo mágico de forma gradual, conforme la tarde va menguando a la noche, y la oscuridad extiende un ambiente de misterio e incertidumbre, pero también de intimidad y autodescubrimiento. La tensión en el corazón de Beatriz se resuelve y libera gracias a la confrontación y aceptación de lo sobrenatural, de lo Otro a lo que ella pertenece pero se resistía a abrazar: la disrupción que es Shanté reacomoda sus sentimientos y pensamientos. Su confianza y corporalidad incomodan porque es una existencia que no se disculpa por su sensualidad, desfachatez, belleza e independencia. Es una mujer opuesta a Elena en lo físico y en personalidad, sin que ninguna de ellas pueda explicar bien por qué:

“Aunque no lo sé de cierto”, dice Shanté, “supongo que tengo ese aspecto porque Elena no se gusta. Es la teoría más popular. Como usted sabe, ella tiene problemas de autoestima… Beatriz, sin mirarla, dice: —Entonces, entonces sí es cierto? ¿Lo que dicen? ¿Tú eres como, una, una cosa, vaya, algo que ella hace? —Una cosa —Shanté hace una mueca— ¿Nunca se le ha ocurrido que cosa es una palabra muy fea, muy imprecisa? Por lo demás no, no soy del todo algo de ella. Por ejemplo, yo elegí mi propio nombre. Quiere decir “paz”. Más o menos. Tendría que ser Shantih, que es una palabra en sánscrito”.

Agrega que modificó la palabra inspirándose en Ru Paul y el verbo “cantar” en francés.

El escoto abre una puerta para que las mujeres accedan a otra vida, a otros cuerpos. La vida de Beatriz cambia para siempre, pues también se libera de sus miedos para enfrentar una vida más auténtica, más difícil. Shanté, lo fantástico, resignifican su vida sin descolocarla de quien ha sido siempre, en su profundidad resguardada. Ya no hay distancia entre lo oculto —la noche estrellada, sus propios deseos y miedos— y lo ordinario —el día soleado, su voluntad y destino.

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AQUÍ puedes descargar Manda fuego.

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Ana Marina Ortiz Baker

Soy de Monterrey, Nuevo León, México.

Desde la licenciatura estudio la ciencia ficción y la fantasía, y estoy por terminar una maestría en Literatura Hispanoamericana.

Mi tesis de investigación fue sobre el cyberpunk mexicano, en específico el tema del espacio y su relación recíproca con los personajes.

Me gustan los temas del cuerpo, la mujer, la ciudad, los mitos, la magia y la naturaleza.

Los conocimientos que tengo, que son un tesoro para mí, aún tienen mucho que crecer.

Twitter: @maro_baker

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