LA POÉTICA DEL ESPACIO SINIESTRO

I

 

Rubén Espinoza

 

La belleza siempre se ha visto como un elemento decorativo frente a una perspectiva general, nadie piensa en primera instancia en la belleza que existe en la oscuridad, en los espacios extraños, en aquello que no es como debería serlo. Gastón Bachelard tampoco pensó en ello cuando escribió su Poética del espacio, y por ello es necesario hablar del tema. La oscuridad es dicotómica, necesita de contrastes, de extrañamientos o de una situación que permita ver su verdadera naturaleza. Es por ello que en esta serie de textos pretendo hablar de eso que normalmente se esconde en las sombras.

Beksinski

La casa, la cuna y el cuerpo

La muerte es para el hombre el más preciado refugio.

Herodoto

Mira a la derecha, y ve,

porque no hay quien me tome en cuenta;

no hay refugio para mí;

no hay quien cuide de mi alma.

Salmos 142: 4

Gastón Bachelard comienza su texto con un capítulo donde nos presenta la importancia de la casa como un microcosmos que sirve de refugio: todo puede estar ahí, desde la propia voz hasta una familia. Lo único que se necesita para constituir este espacio es de una delimitación real o simbólica que marque una separación con respecto a la bastedad del universo. Ya dependerá del texto las implicaciones que esto conlleve, pero para hablar de la casa al interior de la poética de lo siniestro es necesario observarla como un elemento vivo, que es básico para la construcción del temor. De forma instintiva el ser humano ha buscado un refugio que lo proteja de los terrores de su entorno. La casa para el hombre no es sólo un montón de paredes sino el lugar en el que puede sentirse seguro, y una casa deja de serlo cuando ya no cumple su rol como protectora, dando lugar a nuevos refugios cada vez más pequeños. Hablar de la casa no es sólo hablar del espacio físico sino también del psicológico, el lugar que vela por nosotros cuando estamos más vulnerables (durante el sueño), el que cuida nuestra desnudez, nuestros secretos, lo que consideramos valioso y aquello que amamos.

Como menciona en el texto, la casa y la cuna son elementos que, en nuestra compleja red simbólica, siempre estarán imbricados. Nacer nos enfrenta con el mundo, y nuestra relación con lo que nos es ajeno siempre es a partir de los espacios, proximidad con lo que sentimos propio y distancia con respecto a lo que rechazamos. La cuna nos plantea esa compleja dinámica que repetiremos a lo largo del resto de nuestra vida, siendo el espacio que nos confronta con la seguridad del sueño, pero también con los primeros abandonos.

Cada vez que nos encontramos con un texto siniestro* se puede observar que el espacio seguro del actante principal (es decir, su casa o refugio) se va haciendo cada vez más asfixiante. Ya sea por condiciones culturales, jerárquicas, legales o físicas, el actante se refugia de aquello que lo amenaza, pero la amenaza conforme cobra fuerza va atravesando cada una de las barreras, lo cual orilla al actante a buscar un hogar al interior del hogar: un cuarto, una cama, debajo de unas cobijas y, en los casos más extremos, un refugio al interior de uno mismo.

Las dinámicas alrededor de estos refugios son elementos constituyentes para géneros completos entre los textos siniestros. Lugares en los que todo está mal con excepción de la casa (que puede ser toda una ciudad, como en Attack on Titan) o lugares donde todo está bien con excepción de la casa generan todas las historias de poltergeist (espacios que contienen la maldad, como en El resplandor).

Lo otro, esa separación sutil que se genera entre lo bueno y lo malo, es básico como elemento de análisis en cualquier texto siniestro. Generalmente esta tensión de los espacios es la que lleva la acción al interior de las historias: un ir y venir donde lo bueno y lo malo están reclamando su lugar en el universo. La lucha por el espacio genera otras situaciones de lo más interesantes, como es el caso de El bebé de Rosemary, donde la lucha por el espacio se da en el propio cuerpo. El cuerpo, en este caso, funciona como el refugio que es invadido y la protagonista no tiene ningún otro lugar para esconderse: la maldad la ataca desde el interior y desde el exterior.

Otro caso extremo ocurre cuando se analizan los espacios seguros en un típico personaje lovecraftiano: cuando un ser de proporciones cósmicas amenaza su realidad y que además se le presenta en pesadillas llevándolo hasta la locura (ejemplo de cómo dejar al personaje sin refugio posible).

«Horror en Dunwich», Luis Jiménez Esquivel

Casa, cuna y cuerpo son para los textos siniestros parte del mismo esquema narrativo, una dinámica que representa de forma evidente la lucha que existe entre el bien y el mal, entre lo que está bien y lo siniestro que siempre está acechando. ¿Pues qué necesidad tiene el hombre de una casa si se sintiera seguro en el universo?

Continuará…

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*Por cuestiones prácticas, se utilizará el término texto siniestro para referirse a cualquier tipo de mensaje que tenga la intención de generar temor o sus parodias, sin importar el medio ni la subcategoría a la que se adscriba. Es decir, el videojuego Silent Hill, el cuento “El almohadón de plumas” y la serie Coraje, el perro cobarde serían ejemplos igual de válidos como textos siniestros.

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Carlos Rubén Espinoza Guerrero (1994)

Nació en Toluca. Becario para los talleres de la Fundación para las letras mexicanas del año 2013 y 2017, además de Interfaz 2017. Director de la editorial Manumisión. Corrector de estilo yghostwriter. Parte de sus textos pueden encontrarse en las revistas digitales Círculo de poesía y Campos de plumas; además en las antologías En la Web y Jíbaros.

Fb: @Creg.1994

IG: @Leviatancreg

TW: @Carlos_ruben_eg

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