LO FANTÁSTICO Y LA POESÍA

I

Emiliano González

 

En su libro sobre la literatura fantástica, El espejo de la bruja (1992), Jean Fabre recopila todas las definiciones de lo fantástico que se han ofrecido hasta ahora. “Lo fantástico tiene como origen lo que uno llama frecuentemente una ‘ruptura’ o una ‘irrupción’. Aquí puede uno acumular las citas: “ruptura del orden reconocido, irrupción de lo inadmisible en el seno de la inalterable legalidad cotidiana” (Caillois, En el corazón de lo fantástico); “Manifiesta un escándalo, un destrozo, una irrupción insólita, casi insoportable en el mundo real” (Caillois, mismo libro); “Ruptura en el sistema de las reglas establecidas” (Todorov, Introducción a la literatura fantástica); “Ruptura con el orden natural” (C. Roy, Las artes fantásticas); “Ruptura de los instantes del mundo real” (Louis Vax, La seducción de lo extraño). Son posibles otras variantes: destrozos (“desgarrones”), síncope de los sentidos y del sentido (Chantal Talu, Europa, la novela gótica), “escándalo”, “intrusión”, “transgresión”, etc. Todos consideran que “la inquietante extrañeza reposa sobre una anormalidad, un elemento incompatible con las leyes de la experiencia común… Esta anomalía produce el miedo, según el principio: todo problema engendra en cierta medida el miedo”.

En “Vuestra muerte será horrible”, cuento del autor belga Daniel Mallinus, es posible percibir la influencia del modernista mexicano Efrén Rebolledo, de sus sonetos de la serie Caro Victrix: “El duque de Aumale” y “El vampiro”, incluidos en la Antología del modernismo (1970) de José Emilio Pacheco, autor mexicano cuyos títulos Morirás lejos e Irás y no volverás determinan el título del cuento de Mallinus. En éste, una mujer llamada Mathilde recibe cartas del conde de Aumale, un amante que le recomienda matar a su marido, pues éste es nada más y nada menos que un vampiro. Ella lo mata con una estaca, y al final nos enteramos de que Mathilde es una loca y que ha alucinado todo el tiempo las cartas del vampiro. El supuesto vampiro ha sido sólo su marido, un barón, y la locura ha llevado a Mathilde a matarlo.

El cuento, con otros cuentos interesantes, es incluido en el libro Myrtis (1973). La historia que da título al libro es la de un coleccionista que adquiere un maniquí de cera, hermoso y espantoso, fabricado por un escultor italiano del siglo XVII, aficionado a los temas macabros. Las esculturas realizadas por él han representado un cadáver en diversos grados de descomposición, idea que Mallinus ha tomado de Los misterios de Udolfo (1794) de Ann Radcliffe, en que hay una figura de cera parecida a esas esculturas, figura que los miembros de cierta familia se ven obligados a contemplar. El maniquí de cera de Monsieur Vénus (1889) de Rachilde influye también sobre Mallinus. El maniquí de Myrtis (nombre inspirado por un personaje de Afrodita de Pierre Louys) es una muñeca seductora y macabra: obliga a sus poseedores a amarla y conocer su cuerpo y luego los mata de maneras horribles: a uno (un religioso libertino) lo quema, y a otro (un coleccionista ambiguo) lo condena a la putrefacción acelerada, semejante a la insinuada por Chambers en el cuento “El signo amarillo”. Al final del cuento de Mallinus, el comerciante judío que vimos al principio vende el maniquí a un magnate norteamericano, pero en vez de Myrtis lo llama Amyntos. Recordamos las leyendas griegas de la estatua de Mitis (que cayó sobre el asesino de Mitis) y de Laodamia. Ésta amaba tanto a Protesilao (héroe griego muerto a manos de Héctor en Troya) que estando él fuera satisfacía su pasión abrazando a una estatua de cera que mandó hacer a imagen de su marido. El autor antiguo Higinio asegura que cuando su padre le ordenó quemar la estatua, Laodamia se quitó la vida.

La justicia sobrenatural es símbolo de la justicia natural, que no es necesariamente humana: la estatua de Mitis cae sobre el asesino de Mitis. Esto simboliza el accidente, la enfermedad, el enfrentamiento violento que sufre el que no ha sido castigado. En la leyenda de Laodamia se ven anticipados los relatos supersticiosos de la brujería, en que hay relación simbiótica entre la figura de cera y el ser humano.

En “La ciudad de las olas” (metáfora del mar) de Mallinus, un profesor se ve atraído en una playa por varias alucinaciones: la principal es la de una mujer desnuda, rubia, misteriosa, irresistible, que lo lleva a la muerte, pues al final el profesor cae al “abismo infinito de la pesadilla” y es encontrado por unos marineros, destrozado, como si hubiera caído desde gran altura. Este final se basa en el final del cuento “El ómnibus celestial” de E. M. Forster, cuyo argumento es interesante: un muchacho viaja en un ómnibus volador, y ve un estanque verde, golpeado por un rayo de sol, en que hay tres doncellas que juegan con el oro. Una de ellas maneja el ómnibus de regreso a casa. Nadie le cree al muchacho que ha visto a las doncellas, excepto Mr. Bons, que dice creer en la verdad de la belleza y que toma el ómnibus celestial junto con el muchacho. Cuando éste salta es salvado por Aquiles, que lo recibe en su escudo. Pero Bons, al saltar, no ve nada, cae y desaparece. Como Toulet al final de su traducción de El gran dios Pan de Machen, Forster pone TELOS (fin) cerca del final de su cuento, y añade que Mr. Bons ha sido hallado, mutilado, con dos boletos de ómnibus en el bolsillo, y que parece haber sido arrojado desde una altura considerable. La ciencia fría –digo yo– le ha impedido apreciar la poesía y el escudo.

Mallinus es sobre todo un autor poético y al leerlo con atención nos parece absurda la actitud de Todorov ante la poesía, que él considera lejana de lo fantástico. Las primeras novelas de miedo, de Lope de Vega y Cervantes, son manieristas, barrocas y poéticas al incluir metáforas o comparaciones y al tener un lenguaje bello. Las novelas de aventuras de la antigüedad les dan el ejemplo. Estas novelas siempre incluyen episodios de miedo, mezclados con fragmentos amorosos y sexuales. Los románticos, decadentes y vanguardistas han elaborado una poesía fantástica que logra el mismo resultado de los cuentos de terror: evita el exceso y el defecto de miedo, dejando sólo el instinto de conservación.

Petronio, Lope de Vega, Cervantes, Radcliffe y Darío son autores prosimétricos que mezclan la poesía en prosa con los versos, mostrando la convivencia armoniosa de dos formas de expresión para llegar al misterio, al amor y al terror. Yo mismo soy prosimétrico en mi libro Los sueños de la bella durmiente (1978). Durante la redacción de “La ciudad del otoño perpetuo”, primer libro de Los sueños, tuve premonición de un libro adquirido años después, Love (Penhaligon’s Scented Book of Secrets), 1991, un libro con fragancia de Rosa Isabelina, y es que en mi libro hay alusiones a “El libro verde” de Machen, en que figuran los libros de Secretos de Helen. En un cuaderno de notas para elaborar el primer libro, escribí en inglés los siguientes versos: Tell me / how I’m going to call you / Rosie / You’re water but also fire / Yore, other days melted / blue with yellow. / Masks, robes and skeletons / –made chiefly by day– / were your toys, your dollies”.

Al lado izquierdo, en el papel que ahora me sorprende, aparecen unos versos en español: “¿Cómo llamarte? / No hay nombre que te merezca / pero mereces uno. / Hada / Tú eres el agua / pero también el fuego”.

Cuando escribí estos versos yo no sabía que la mujer oscura y las ninfas de Shakespeare habían inspirado a Machen la imagen de Alanna, la ninfa oscura. La joven e imaginaria Rosie era parte de un conjuro, de un encantamiento para mantener lejos al fantasma de “Bosie” (Lord Alfred Douglas), así como la mujer oscura mantenía al poeta Shakespeare lejos de Mr. W. H. Yo tampoco sabía que Alanna era una Híada, pero yo la llamaba “Hada” desde aquel entonces. Mis versos son premoniciones del cuaderno fragante que he mencionado y de otro muy parecido pero más pequeño: A Victorian Posy, de la misma serie. Una Híada es una ninfa transformada en estrellas, en sol. Emblemas del proceso de la evaporación, las Híadas son también el oro filosofal de la Alquimia. Figuran en el escudo de Aquiles, en la Ilíada.

Aun antes de las épocas platónicas, la poesía está relacionada con el miedo y el amor, pero es Platón el que se refiere al poeta que da organización a las palabras incoherentes del dios, permitiendo la armonía propia del ritual. El caos profano se vuelve cosmos sagrado. Aristóteles afirma que la catarsis de la tragedia consiste en eliminar excesos y defectos de terror y piedad, al sublimar la emoción.

Las novelas de horror son poéticas. En La joya de las siete estrellas (1903) de Stoker, la mano con siete dedos de la reina egipcia Tera guarda el escarabajo de rubí con siete estrellas que sujetan las voluntades divinas a la voluntad de la reina, y al final de la novela aparece el cuerpo de diosa de la reina.

Rosie es un personaje imaginario basado en mi novia Rosalina, que en mi vida implica la independencia mental necesaria para establecer una relación amorosa con una joven. La posibilidad de esta relación es reprimida entonces por una clase media enemiga de la cultura. La madurez sexual implicada por mi relación con Rosalina es algo natural en mi desarrollo: me alejo del amor infantil por mi abuela Rosa y me acerco al amor juvenil por una joven de otra familia, no de la mía.

La relación de la literatura fantástica con la poesía es algo general, pero también particular, pues en mi caso implica el origen, directo o indirecto, del nombre de mi abuela (paterna) Cándida Rosa. En la primera novela de miedo, El peregrino en su patria (1604), de Lope de Vega, se encuentra el siguiente fragmento de prosa poética: “Los colores que a Nise le salieron… bien se pueden comparar a las encarnadas rosas deshojadas acaso sobre la leche cándida, aunque esto sea término poético…”

Yo supongo que el apellido materno de mi abuelo, Vega, denota simpatía de mi abuela por Lope de Vega, pero lo ignoro. Recuerdo únicamente a un poeta mencionado por ella: Darío.

Mis propios versos anticipan mi lectura de los versos del decadente John Barlas: “…the vague forms / Of mountains in Green twilight, winged storms / That like red eagles from the sunset rise…” (las vagas formas / De montañas en la penumbra verde, tormentas aladas / Que como águilas rojas se levantan desde el ocaso…)

Mis versos dicen: “Vuelo de águilas rojas entre nubes de oro: / el ritual que consuman lo gigantes alados / al posarse en las cumbres, desde cuyos costados / se despeñan cascadas en diluvio sonoro”. Los versos de Barlas son de Sonetos de amor (1888) y los míos son de La habitación secreta (1988), escritos un siglo después.

Continuará…

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Emiliano González

Autor de Miedo en castellano (1973), Los sueños de la bella durmiente (1978, ganador del premio Xavier Villaurrutia), La inocencia hereditaria (1986), Almas visionarias (1987), La habitación secreta (1988), Casa de horror y de magia (1989), El libro de lo insólito (1989), Orquidáceas (1991), Neon City Blues (2000), Historia mágica de la literatura I(2007) y Ensayos (2009).

 

 

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