A LAS MUJERES LES ENCANTAN

 LAS COSAS RETORCIDAS

Edna Montes

It is women who love horror. Gloat over it.
Feed on it. Are nourished by it. Shudder and cling
and cry out – and come back for more
Bela Lugosi

 

La reina abre los ojos muy lento, todavía agotada por los dolores del reciente parto. Mientras recobra la consciencia nota la humedad en sus ropas, el olor a metal invade su olfato con una violenta oleada. Los gritos de sus criadas la traen de golpe a la realidad. Palpa el lecho: su bebé no está. «Se lo comió», se escucha. Las mujeres le acusan de haber devorado al príncipe en un arranque monstruoso a media noche. «¿Qué más se podría esperar de alguien que no es humana?». La reina tiembla de miedo y furia, los guardias entran en la habitación para llevarla arrastrando ante el rey. Esa es una de las imágenes que marcó mi infancia. Pertenece a la leyenda galesa de Rhiannon, una de mis favoritas.

«Rhiannon», por Thalia Took.

Mi madre jamás me escatimó el horror: cuando se trataba de cuentos de hadas, se aseguró de leerme las versiones que tenían miembros amputados, madrastras malvadas danzando con zapatos de hierro ardiente o habitaciones llenas de cuerpos de doncellas curiosas. Mi tía fue la que me introdujo a los slashers y, más de una vez, hizo de mi niñera con palomitas de maíz llenas de salsa Valentina y algún videocasete de Cementerio de mascotas, El exorcista o Alien. Fue ella la primera en decir que yo, cuando me enojaba, me ponía como Carrie, y me gustaba la referencia. Mi abuela se encargaba de contarnos las historias de terror de mujeres con patas de gallo, duendes que escondían bebés o espíritus que guardaban tesoros. Para mí, el terror siempre ha sido algo relacionado a las mujeres de mi familia.

Por eso no deja de sorprenderme y molestarme que, a estas alturas, la cultura y la mercadotecnia todavía asuman que las mujeres que ven terror lo hacen en calidad de acompañantes de un hombre. Como si fueran incapaces de sacudirse la imagen arcaica de la chica que se asusta, salta en su asiento, grita y se abraza al chico reafirmando su masculinidad y cualidad de «protector».

Si bien las mujeres no necesitamos la validación de nada ni nadie para gozar del terror o reclamarlo para nosotras, el género todavía se analiza desde la mirada masculina. La canadiense Amy Jane Vosper aclara que a menudo la literatura que estudia el terror, como los trabajos referenciales de Brigid Cherry, Linda Williams o la misma Barbara Creed, suelen centrar su análisis en la mirada masculina. Es decir: creadores y espectadores masculinos, no femeninos.

Williams, por ejemplo, atribuye a la mujer espectadora de terror un papel pasivo ante el contenido creado por hombres. Para Williams, en el horror se castiga a las mujeres por mirar, y la mirada objetificadora que se posa en ellas se impone también a los monstruos, por lo que las espectadoras terminan por identificarse con éstos. Tanto los cuerpos de los monstruos como los de las mujeres son castigados por su diferencia y su transgresión contra una sociedad dominada por los hombres.

En 1993, cuando Barbara Creed escribió su The Monstrous Feminine: Film, Feminism, Psychoanalysis, sugirió que si las mujeres crearan películas de terror el contenido y, consecuentemente, las reacciones de los espectadores se modificarían. Para la autora, las mujeres no se abstenían de crear piezas del género porque los elementos de éste las asustaran o incomodaran, sino porque la industria desalentaba su participación. «La industria dominada por hombres no es un lugar para mujeres», se lamentaba. Desde la publicación del libro, ese es un cambio que sí ha ocurrido.

No es que las mujeres como guionistas o directoras sean extrañas al terror, bastaría recordar que Alice Guy Blaché ya rodaba películas de adaptaciones de Poe o sobre vampiros a inicios de siglo XX.

Alice Guy Blaché

Amy Holden Jones estaba tras la lente de The Slumber Party Massacre en 1982, Kathryn Bigelow hizo Near Dark y Mary Lambert, Pet Sematary a finales de los ochenta.

Entre la invisibilización del trabajo de directoras del que Hollywood adolece en general, también destaca que a partir de los 2000 no sólo hay más directoras y guionistas que pueden acceder al reconocimiento y distribución de sus trabajos, también sucede que aquellas que crecieron con el terror como inspiración se han vuelto ya creadoras de contenido en el cine, la televisión, la literatura, el podcast o las series. Un buen ejemplo es Tea Lindeburg con Equinox, que saltó del formato de Podcast a una serie en Netflix, o Issa López con Vuelven en el cine mexicano.

Escritoras como Mariana Enríquez y Mónica Ojeda han reconocido la influencia de las películas de terror en sus creaciones literarias también.

Rose Glass hizo su debut como directora con Saint Maud (2019). Durante la ronda de entrevistas, un periodista le preguntó cómo «manejó tener que grabar escenas sangrientas y gore», obviando el hecho de que la misma Glass había escrito el guion y sabía qué esperar. «Me interesan los cerebros, los cuerpos y el hecho de que pueden funcionar mal […] a las mujeres les encantan las cosas retorcidas». Preguntas como esa extienden la vieja idea de que el horror no es para mujeres, aunque las fanáticas del género a menudo tenemos un grupo nutrido de amigas para compartirlo. Es cierto que mi experiencia personal no es estadísticamente significativa; no obstante, el vacío estadístico sobre el consumo de las mujeres en el género tiene su origen en un juicio viciado.

Estudios realizados en EU por el Geena Davis Institute sobre el tiempo en que personajes femeninos son vistos o hablan en pantalla, registran que los hombres duplican siempre la presencia de las mujeres. Excepto en dos géneros: el terror o el romance. Lo más curioso es que, aunque se asume que el romance es dirigido a las mujeres, ellas sólo ocupan el 45% del tiempo en pantalla, mientras que en el horror se hacen con el 53% (y el 47% de los diálogos). Teniendo en cuenta eso, no es descabellado que las películas de horror conecten con nosotras.

Aunque el género a menudo peca en el aspecto de la sexualización del cuerpo femenino, también pone en la mira la experiencia corporal de ser mujer. Hace énfasis en las implicaciones peligrosas de madurar en un mundo que es adverso a nosotras. Carrie, Ginger Snaps y Teeth son de mis películas favoritas, pero hablan desde la mirada masculina, como diciendo «esto es lo que sucede cuando las mujeres obtienen demasiado poder»; lo que conduce al desastre. El horror del «coming of age» no es tan diferente de las leyendas celtas o los cuentos clásicos de mi infancia. Me parece que cuando se trata de creadoras, un nuevo elemento se introduce al terror: deja de ser un cuento de «advertencia» sobre el poder que se da a las mujeres, para hablar de la supervivencia en un ambiente hostil.

La final girl es, todavía, muy similar a la imagen beatífica que se le adjudicó en la época dorada del slasher, aquella de la que se hacía burla en Scream: no bebe, no se droga, no tiene sexo. Es la víctima perfecta que la sociedad exige para validar no sólo las acusaciones de abuso, sino la supervivencia a él. Jennifer’s Body es uno de los ejemplos más claros de cómo se puede escribir buen terror desde la mirada femenina y cómo la mercadotecnia no termina de comprenderlo.

Diablo Cody tomó la libertad creativa que le otorgó su Oscar por Juno y la usó para crear un filme de terror enfocado al público femenino adolescente. Jennifer’s Body probó ser adelantada a su tiempo en 2009, pero el estudio insistió en promocionarla como hecha para hombres que querían admirar el cuerpo de Megan Fox, lo que llevó a su fracaso en taquillas. Que resurja más de una década luego de su lanzamiento se debe a que el público al que estaba dirigido al fin la vio y conectó con ella.

El terror, para quienes lo amamos y escribimos, es algo que se vive. Exploro sus posibilidades siempre, en los sonidos, en la luz cegadora de la primavera o cuando vuelvo a casa sola por las noches luego de una salida que no pude posponer ni siquiera en plena pandemia. No es un secreto que para los amantes del género el terror lo permea todo: La fe (Saint Maud), los desplazamientos cotidianos (Una chica camina sola de noche), el viento (The Wind), la familia (Relic), nuestra corporalidad y sexualidad (Jennifer’s Body), la maternidad (The Babadook) o nuestros apetitos más básicos (Raw). Contar nuestras experiencias para nosotras mismas da claridad, pero también voltea las cosas: durante años se ha demandado a las mujeres identificarse con la experiencia masculina, aunque el terror, como el género rebelde por excelencia, ha permitido lo contrario. La reivindicación llega de parte de la red de espectadoras, la comunidad LGBT+ y de la diversidad que ya no tienen miedo de admitir en voz alta que aman el terror: el género siempre fue nuestro. A medida que las mujeres que crecieron consumiendo cine, comics o libros de terror encuentran espacios de escritura y creación, todos resultamos beneficiados.

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Fuentes:

«Gender equiality in films». Geena Davis Institute on Gender in Media & Google: https://about.google/main/gender-equality-films/

Women film pioneers project: Alice Guy Blanché. Alison McMahan [consultado 3 de abril 2021]: https://wfpp.columbia.edu/pioneer/ccp-alice-guy-blache/

Film, Fear and the Female: An Empirical Study of the Female Horror Spectator. Tesis de maestría de Amy Jane Vosper para el grado de «Master of Arts in Film Studies» por la universidad de Carleton, Ontario, Canadá: https://curve.carleton.ca/system/files/etd/c0cf0bfc-90fe-4b71-8d5e-f7a33ed353be/etd_pdf/809b0759d1dadc51bc9fbb3d0e1ebdea/vosper-filmfearandthefemaleanempiricalstudyofthe.pdf

«Women in horror: Victims no more». Beth Younger [consultado 17 de marzo 2021] https://www.news24.com/arts/film/women-in-horror-victims-no-more-20201124

Writer/director Rose Glass: “women love messed up stuff». Nicole Davis para Film4 [consultado 21 de marzo 2021] https://medium.com/@Film4/writer-director-rose-glass-women-love-messed-up-stuff-f9e860ca3088

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Edna “Scarlett” Montes
Lectora, escritora y friki irredenta. Egresada de Miskatonic con tarjeta de cliente frecuente en Arkham.

Tiene tantos fandoms que ya hasta perdió la cuenta.

Divaga mientras espera que Cthulhu despierte de su sueño en R’lyeh o al fin le entreguen su TARDIS; lo que ocurra primero.

@Edna_Montes

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