LOS SERES DE HUMO

II

 

Emiliano González

Primera parte

 

Lovecraft, en su cuento sobre Cthulhu, hace una variación del cuento árabe del pescador y el genio cuando se refiere al sello que mantiene encerrado al dios monstruoso, soñando y odiando, y nos conduce a Ondina (1814), de La Motte-Fouqué, donde el espíritu elemental del agua es mantenido encerrado en una fuente, por medio de un sello que es una piedra con inscripciones raras. Este sello se basa en el sello de Salomón del cuento árabe, que tiene grabado el nombre de Dios. En el cuento de Lovecraft, el sello de R’lyeh está en la puerta de una cripta de piedra con un bajo-relieve del dios monstruoso Cthulhu. Cuando éste aparece, una tiniebla gigante surge como humo de la puerta, oscureciendo el sol. Es una tiniebla parecida al Cíclope de la Odisea.

Gracias a la literatura antigua, bien asimilada por Lovecraft, se ve transformada en locura sagrada una visión profana digna del imaginario árabe loco Alhazred.

Hay dos traductores famosos de Las mil y una noches: Burton y Mardrus.

La dedicatoria a Burton y otros en Las confesiones de Aleister Crowley parece escrita por Oliver Haddo, el mago villano basado en Crowley, de la novela El hechicero de Somerset Maugham. Aleister es seudónimo de Edward Alexander. Como traductor, Mardrus es preferible a Burton, macho anti-judío, no tan delicado como pretende ser, con una aparente libertad de expresión que tiene algo de libertinaje o cinismo. Su tratado sobre homosexualismo es inexacto, pues considera (como los seguidores de Heráclito) que Sócrates no era platónico. Se ve que Burton no ha aprendido nada del cuento del pescador y el genio (incluido en el primer libro de las noches árabes), cuento en que hay respeto por el dios hebreo y crítica a los espíritus rebeldes que dudaban de su poder.

Una dedicatoria del decadente Swinburne a Burton despista a los lectores, pues el poeta inglés es figura democrática, y Burton es enemigo de la democracia.

Mardrus se basa en la dedicatoria de Swinburne para dedicar sus tomos miliunanochescos a diversos autores decadentes: Mallarmé, Regnier, Valéry, Schwob y otros. Todos los autores decadentes muestran interés y respeto por la Biblia, sobre todo por el Génesis, las lluvias de agua y fuego y la historia de Salomé. Borges, al desconfiar de la traducción de Mardrus, prefiere la de Burton, sin atender a la ideología. Llega a afirmar que Mardrus no es literal y que añade pasajes art-nouveau. Estas afirmaciones son simplemente falsas, pero hacen suponer la existencia de un manuscrito árabe más decadente que el de Burton (podría ser también que Burton, teniendo acceso al mismo manuscrito, eliminara bellos fragmentos, considerándolos decorativos). Para los decadentes, es importante el sincretismo religioso, que busca afinidades, más que diferencias, entre las religiones.

Una prueba de afinidad es la inserción de una estrella de David en el primer tomo de la traducción de Blasco Ibáñez del francés de Mardrus. Otra prueba de afinidad es la relación entre “El pájaro que habla, el árbol que canta y el agua de oro” y la historia de Moisés, tal como la narra la Biblia. En esta historia, el faraón infanticida es precursor de Herodes. La decapitación injusta es repudiada por igual en Las mil y una noches y en la Biblia.

La mujer de humo nos conduce a la ninfa híada, al espíritu acuático que tiene cuerpo de mujer y que el fuego del sol convierte en humo. En la mitología griega, las híadas simbolizan el proceso de la evaporación. Convertidas por Zeus en soles, para salvarlas de la cólera de la celosa Hera (que las culpaba de haber cuidado al bebé Dionsysos, hijo de Perséfona y Zeus), las híadas son finalmente espíritus solares.

En el último soneto de Shakespeare, el Amor dormido ha sido sorprendido por una ninfa que le ha quitado su antorcha para encender las aguas de un frío manantial y con ese calor amoroso curar a los enfermos.

La dama oscura amada por Shakespeare en los Sonetos es unida por Machen con las ninfas, y de esa unión surge Alanna, la ninfa oscura. El soneto de Shakespeare proviene de Mariano de Bizancio, del siglo V después de Cristo:

“Aquí bajo los platanares, sumergido en un sueño suave, Amor dormitaba, habiendo dado su antorcha a guardar a las Ninfas; y las Ninfas se dijeron entre sí: ‘¿Por qué nos demoramos? Acaso con esto habríamos extinguido el fuego en el corazón de los mortales.’ Pero ahora, puesto que la antorcha encendió las mismas aguas, las Ninfas amorosas vierten desde entonces agua caliente en la piscina”.

Los platanares a que alude Mariano provienen del diálogo “Fedro” de Platón, en que el maestro y el discípulo se alivian el calor de los pies en el agua de un estanque y hablan de las ninfas Oritia y Farmakeia. Este diálogo de los platanares es recordado por D’Annunzio en Las vírgenes de las rocas. En su novela el autor italiano deforma el diálogo socrático hasta volverlo signo del nacimiento del Superhombre, y Darío, en un soneto, satiriza a los dialogantes (convertidos en los ambiguos Cleopompo y Heliodemo). Lo del Superhombre lleva a la conclusión fraudulenta de Machen en “El pueblo blanco”, donde Helen se envenena para evitar el nacimiento de un monstruo sobrenatural parecido al Horla de Maupassant (esta vez una mezcla de mineral y humano, en vez de un vampiro). La relación supuesta entre Cristo y el Superhombre es la clave de la novela de D’Annunzio y de la Golden Dawn. De una manera u otra, se ve deformada la concepción amorosa de las híadas homéricas (contrastadas en la guerra en el escudo de Aquiles de la Ilíada, título que significa “Ninfa de Ilión”, es decir, “Ninfa de Troya”).

En el cuento “La lente de diamante”, de Fitz-James O’Brien, la evaporación de la gota de agua en que está la ninfa causa la locura del microscopista enamorado de ella. El “ninfolepto” (loco por haber visto a la ninfa, como el fauno de Mallarmé) al final da clases que no son tomadas en serio. Por otro lado, el matar al judío para adueñarse de un lente que le permite poseer a una Eva microscópica es drama individual que se vuelve colectivo durante la segunda guerra mundial.

En El libro verde la ninfa oscura Alanna, que convierte el estanque de agua en estanque de fuego, es emblema de la piedra filosofal, pues implica el paso de agua a fuego. Sin embargo, para Ambrose de “El pueblo blanco” la ninfa oscura es sólo emblema de la etapa nigredo (materia prima), la más rudimentaria de la alquimia.

Ambrose desprecia a la ninfa oscura y a los judíos y al final, para demostrar que es católico anglicano como Enrique VIII, decapita ―por así decirlo―a Helen, como si un nuevo sultán Shariar decapitara a una nueva Scherezada. Envenenada o decapitada, la narradora muere, que es lo esencial para sus enemigos. Ambrose se porta igual que la Reina de Corazones de Las aventuras subterráneas de Alicia. De ahí que en El retorno de los brujos los autores relacionen el “diálogo” de Ambrose (típico de la orden hermética de la Golden Dawn) con la sociedad Thule de los nazis, fundada años después de la publicación del cuento de Machen.

Nunca podremos saber los nombres de todos los miembros de la Golden Dawn, ya que la sociedad fue secreta, oculta, hermética, y hasta la fecha lo sigue siendo.

Sin duda Machen ―como Crowley y Farr―hace bien al abandonar a la Golden Dawn cuando lo hace, a principios del siglo XX.

La sociedad secreta, en sus tiempos victorianos, se propone impedir la libertad de expresión y de acción de los decadentes, que en sus libros y cuadros presentan excesos y defectos sexuales y espirituales. Una sociedad en particular es síntoma de la sociedad victoriana en general, adaptación inglesa de la injusta República de Platón.

Sin el propósito irracional de “El pueblo blanco”, modernista y extraña, la novela Salamandra (1919) del mexicano Rebolledo es significativa: Elena Rivas ―como la Helen de El gran dios Pan de Machen―provoca suicidios y es expresión del espíritu elemental del fuego: la salamandra. La ninfa del fuego causando suicidios proviene de “El pueblo blanco” y de La ondina del lago azul de Gertrudis Gómez de Avellaneda, en que un supuesto espíritu elemental del agua provoca un suicidio.

El espíritu elemental puede ser maligno y habitar en el inconsciente, como lo demuestra Cthulhu de Lovecraft. Alanna, la ninfa oscura, no es una salamandra como supone Ambrose, sino una híada, como sabe Helen.

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Emiliano González

Autor de Miedo en castellano (1973), Los sueños de la bella durmiente (1978, ganador del premio Xavier Villaurrutia), La inocencia hereditaria (1986), Almas visionarias (1987), La habitación secreta (1988), Casa de horror y de magia (1989), El libro de lo insólito (1989), Orquidáceas (1991), Neon City Blues (2000), Historia mágica de la literatura I (2007) y Ensayos (2009).

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