HABITAR ENTRE FANTASMAS O “LA DOLOROSA NOSTALGIA DE UNA RECONCILIACIÓN IMPOSIBLE”
ENTREVISTA A ITZIAR GINER
La mujer perro
Esta vez quiero que te adentres a la obra de Itziar Giner, una artista visual de Cuernavaca, Morelos. Te voy a compartir una entrevista que le hice junto con imágenes de su obra.
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En una interpretación mía sobre su trabajo, diría que se enfoca en los espacios lóbregos y cómo estos interactúan con otros personajes o con el espectador. De habitaciones atrayentes —pero en las que sería mejor no entrar— y seres ominosos está llena su obra.
Yo quería saber más, así que nos sentamos a tomar algo en una terraza de un café del centro de Cuerna. Me compartió un poco de su bebida que estaba más rica que la mía y empezó a contarme que se interesó en el arte porque sus padres tenían libros de arte.
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Itziar Giner (IG): Me acuerdo de que me sentaba a ver los libros. Me maravillaba y decía: “¿Dónde es este mundo?” Como niña no entendía bien qué realidad era. Así veía a El Bosco; veía, no sé, puras rarezas.
Entonces Itziar comienza a contarme una anécdota de su padre, quien dibujaba.
IG: Mi padre una vez quiso hacer un mural en una pared de la cocina, así agarró un carboncillo y se puso a trazar una Última cena porque era muy clavado con el arte clásico. Yo lo veía en carboncillo, pero tenía la referencia de Leonardo Da Vinci y le preguntaba a mi papá: “Bueno, ¿por qué no la seguimos? ¿Cuándo va a haber color? Está como el trazo ahí, en boceto”, y él decía: “Ah, pues sí, le vamos a poner”, y como que eran planes y así es mi padre, como que muchos planes.
La crisis en México de 1994 marca un punto de inflexión en su historia artística. Su familia se ve gravemente afectada a nivel emocional y económico. Embargan su casa y ella se queda con una frustración, no deja de preguntarse: “¿Por qué nunca se terminó el mural?” “¿Por qué no se le puso color?”
IG: Creo que eso detona a que yo trabaje en el arte, a que quiera terminar las cosas, ¿sabes? Entonces me meto a la pintura. Curiosamente, mi abuela pintaba, pero yo no me enteré hasta que murió y me regalaron sus pinturas.
La mujer perro (MP): ¿Tu abuela paterna?
IG: Sí, siempre hizo cosas manuales, nos hacía tejidos; era muy manual ella. Entonces, cuando me dan su caja de óleos, me pregunto: ”¿Y cómo se usa esto?” Y pues me puse a intentar usarlo, ver libros que había y que me heredaron. No sé, de pronto me llega ese material y lo aprovecho.
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Itziar mira al techo, tratando de alcanzar esos recuerdos que parecen ser medio borrosos al igual que sus pinturas. Luego me confiesa que empezaron a gustarle las imágenes borrosas precisamente porque son una especie de remembranza o de sueños. Aunque yo, cuando las veo, medio me hacen sentir atrapada en backrooms.
IG: Vi una película que se llama Estrella de mar de Man Ray y todas las caras eran borrosas, era en blanco y negro y hacía como una bruma. Me fascinó esa imagen, sentí que conecté mucho y de ahí ese fue mi propósito: plasmar esa realidad mezclada, que parezca un sueño, que parezca que reconstruyes memorias. En esa época era muy apegada a ese pasado o a esa pérdida, a esa nostalgia.
Mis temas eran la familia, el recuerdo, la nostalgia… Porque también a nivel personal me afectó todo ese asunto familiar, lo arrastré mucho tiempo, me costó trabajo entender, fue muy duro lo que pasó; los rezagos de esa época nos siguieron y entonces esos eran mis temas, mi novela. Lo adoptaba para plasmarlo en mi obra y no sé por qué me obsesionaba la casa.
Hasta que lo empecé a hablar. Así, conforme pensaba mis temas, decía: “¿Por qué me interesa tanto hablar de lo íntimo?” Y conforme veía a otros artistas decía: “Bueno, hay conexión ahí”. ¿Por qué regresar a temas tan íntimos y familiares? ¡Pues porque ahí está el drama! ¿No? Las tragedias empiezan siempre entre familiares, como las griegas.
Me empezó a fascinar ese tema. No lo pensaba sino lo plasmaba y ya después lo analizaba. La gente como que conecta con eso porque hay una imagen que parece la de ellos también. Cuando platicaban de lo que veían decían: “¡Ay, siento que soy yo!” o “¡Me llega!”. Y pues qué padre que conectan.
MP: Además de la pintura, ¿hubo en ti algún otro tipo de influencia durante esos momentos o posteriores, no sé, literatura, algún acercamiento que digas ay, esto tiene que ver con esto que yo quiero pintar o con lo que yo siento?
IG: Claro, claro, cuando estudiaba me enamoré muy fuertemente de un director de teatro que daba clases en el Centro Morelense de las Artes: José García. Él fue mi gran influencia. Ver teatro fue fundamental para mí, al igual que participar en escenografías, observar la figura humana y las posibilidades del cuerpo en escena. De ahí dije: “¡No vuelvo a fragmentar el cuerpo, quiero que siempre esté completo en mis escenarios! Además, casi siempre lo retrato con sillones, lámparas y en estos espacios íntimos.
MP: ¿Cómo es tu relación con el cuerpo y con tu cuerpo?
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Puedes vivir sin advertir mi ausencia / Autofagia / ¿Sabe que ante usted se sienta una sombra? / Somos una sensación de nosotros mismos
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IG: Qué bonita pregunta, creo que es muy emocional. Me gusta retratar a las personas a través de la emoción que me hacen sentir. Me preguntaba apenas una alumna: “¿Cuál es el canon que tú eliges?” (porque los puse a que revisáramos los cánones de la figura humana). Le respondí: “En el momento en que conozco a la persona, lo que me hace sentir es lo que me hace querer representarla”. No es tanto el físico, sino la emoción que me transmite.
MP: Lo pregunté porque de repente veía en algunas de tus pinturas sillas tiradas o en cierta posición, o sillones muy elegantes, mobiliario muy lindo pero acechante, no hecho para que lo utilices. De igual manera, utilizas muchas posturas en los cuerpos que de repente se ven medio incómodas y creo que la incomodidad o el dolor es algo que la mayoría de las personas no pensamos pero que manifestamos a través de nuestro cuerpo y creo que tú lo plasmas muy bien. ¿Tú cómo lo sientes?
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IG: Ahora que te escucho pienso que tengo una relación también con los objetos como cuerpo. Siempre soy muy apegada a las cosas, y eso es un problema a veces. Al tirar cosas, por ejemplo, o ver que algo está viejo pienso: “¡Ay, pobre!”
Tengo algo atorado con los objetos que ya van a perecer o que la gente no pela. Desde niña tengo este sentimiento de “no lo tiren”. Para mí la pintura rescata eso que se va, que ya no sirve. Al final es un cuerpo, la emoción que me transmiten estos objetos me persigue.
Me persigue esto que nadie quiere ver, las cosas nuevas no me interesan tanto.
MP: ¿Sientes algún tipo de lástima por ese tipo de objetos? ¿Qué les atribuyes tú a esos objetos de los que piensas que no te puedes desapegar?
IG: No sé si es lástima. Mira, yo siento que tiene que ver también con nuestra sociedad. Hay en ella un impulso por desechar a nivel psicológico, tal vez eso muestre miedos a los cambios. Pero yo veo que de repente todo va muy rápido, todo es una superproducción que hasta te exige: “¡Olvídate de eso!” Y lo viejo se va arrumbando ahí.
Y no es que tenga una obsesión, pero hay objetos que me lo transmiten, que digo: “Esto tiene esa energía”. Me gusta retratar eso y que no se pierda.
MP: Quieres que se haga evidente que sí existió, que sí estuvo ahí.
IG: Sí, y lo siento con los animales. Me imagino que tú también. Siento una nostalgia de un futuro que olvida, que sobreproduce, que sobreconsume.
Te cuento una anécdota que me pasó ayer en la tarde, pero creo que refleja mucho esto. Tengo muchas plantas y había un animalito que estaba en uno de mis árboles, era uno grande y como seis chiquitos. Y yo: “Noooo, esto es plaga”. Entonces los eché en un frasco. Me costó quitarlos, pero después dije: “¿Por qué hice eso, sin saber qué son?”. Total que los regresé al árbol y decidí que primero voy a enterarme bien de quiénes son, porque llegar así como humano y decir: “Esto no me sirve, pobre de mi árbol”, no sé… Quiero ser diferente, aunque al final no lo sea.
Esa es la emoción que plasmo luego en mis trabajos, lo que me gusta transmitir.
MP: En mi primer acercamiento a tus pinturas no pude evitar sentirme en un cuento de terror de autoras como Amparo Dávila o Charlotte Perkins. Los colores que utilizas son oscuros o primordialmente oscuros y muchos de tus escenarios son habitaciones dentro de una casa, pero una casa que se siente incómoda, amenazante y que quizá no necesariamente sea un hogar. ¿Cuáles son las motivaciones que impulsan estos elementos que son tan ominosos en tu obra?
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IG: Esas autoras por supuesto que son mi referente: Amparo Dávila, Mariana Enríquez también. Mi hermana me prestó un texto de Josefina Vincens muy lindo sobre el retrato. La música me detona muchísimo, escucho cosas tranquilas pero experimentales. Me gusta Diamanda Galás, me gusta mucha música oscura.
Cuando iba a la secundaria me gustaba mucho Marilyn Manson. El disco de Anticristo… era muy bueno, muy experimental. Ese fue mi primer acercamiento así como ¡wow! Esa música, el sonido… Y de ahí saqué como esta parte en el dibujo con otros referentes.
MP: ¿Siempre te ha gustado este lado oscuro?
IG: Sí.
MP: ¿Nunca has hecho cosas coloridas?
IG: Hubo una época que iba al asilo de animales de subida a Chalma y para mí fue increíble ver a los perritos, pero no sé si la gente lo ve oscuro porque los dibujaba y me decían: “Es que se ve triste”, “Es que se ve mal”. Y yo: “Pues está en un asilo, ¿no?” No soy partidaria de hacer cosas muy felices, ni coloridas, pero sí me gusta transmitir esa alma de lo que está sucediendo y me está sucediendo a mí al ver eso.
Según yo, fue mi etapa feliz dibujar a esos perros y gatos. Es más un tema, pero sí, tal vez no es el tema sino la manera en la que lo pintas.
MP: ¿O sea que tú sí sentías felicidad al pintarlos, pero tus colores eran esos porque querías representar fielmente lo que estaba sintiendo el animal y lo que tú sentías?
IG: Sí, luego me pasa esta cosa de dibujar a alguien y de repente me dicen: “Ay, no, pero me veo muy oscuro”. Y yo pienso: “Pues es parte de mí, también es mi pintura”. Luego me dicen: “Tú pintas bien oscuro y eres bien alegre”. Y yo digo: “Bueno, está bien el contraste”.
MP: Sí, sí, sí. De hecho, es peculiar que cuando te conocí me pareciste una persona muy buena onda, muy alegre. No te conozco mucho, pero siempre que te veo estás sonriendo, y tus pinturas, qué me encantan por lo que me transmiten, no son para nada así.
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La pesadilla que turba o la fobia que obsesiona / La materia negra son los fantasmas / La hoguera que ilumina el hogar / Si un coleóptero entra por mi puerta, tomo parte en su existencia
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Hacia afuera, pareciera que las personas que nos sentimos atraídas hacia el terror, o a la complejidad de las cosas siniestras, fuéramos siempre sombrías. Para mí fue muy grato ver cómo Itziar, en su calidez y preocupación por los seres sintientes, es, a la vez, una persona que expresa un pleno disfrute al pintar temas lúgubres.
MP: ¿Qué rasgos de tu personalidad están plasmados en tu obra?
IG: También es parte de mi personalidad esta oscuridad, o que mucho tiempo lo paso en soledad, pero primordialmente pues es eso que te contaba de las emociones. Mi personalidad es: “¿Qué tengo ganas de hacer hoy?” Por eso hago muchas cosas, no sólo pintura, también cerámica; tengo mis talleres. Digo: “A ver, ¿qué tengo hoy que sacar?” Siempre quiero hacer cosas, pero no siempre está la emoción adecuada. Eso es lo que pasa en mi personalidad.
Entrando a sus pinturas, le pedí a Itziar que me expusiera su sentir sobre una en particular que me inquietó, el título es Nos depara lo ominoso al realizar nuestro deseo.
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IG: Ah, me gusta descolocar, como lo hace David Lynch, que usa elementos como que descolocan, que es lo que causa lo siniestro.
MP: Algo que noto y de lo que me gustaría que hablaras es la bestialidad en tus pinturas en general, pero de manera particular me ha dado mucha curiosidad que algunas de tus protagonistas son bestias domésticas (en ocasiones protectoras y en ocasiones devoradoras). Tuve la oportunidad de ver un cuadro de un perrito devorando una cabeza humana.
IG: Estaba muy en el rollo de lo familiar siniestro, circundando en este tema de la casa que no siempre es un lugar de protección sino un lugar también como de sofocamiento, de encierro, donde pasan las peores cosas.
Fíjate que no las había visto como bestias, sino como fantasmas. Yo siempre ocupo la palabra “fantasmas”.
MP: ¿Para ti los personajes que utilizas son más fantasmas que bestias?
IG: Sí, hasta tengo mi definición de fantasma: “Es la dolorosa nostalgia de una reconciliación imposible, es un algo que te acecha y que te persigue”. Me acuerdo que cuando empecé con los bocetos de una colección de 2024 que se llama Por favor, considérame un sueño, entre tantos borrones (¡me encanta borrar cuando dibujo!) aparecía un fantasma detrás y lo asociaba a algo que te persigue.
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MP: ¿Por qué la mayoría de los rostros de humanos en tu obra son borrosos, pero la imagen de los perros, los gatos, tigres y animales en general es nítida?
IG: Porque ellos son la luz en el cuadro, jajaja. El cuadro del perro con la cabeza humana tiene que ver con varias conexiones: una es que me gusta mucho la pintura de perros de caza, esa donde hay galgos y van los perros y cazan otros animales. Esa es otra cosa que me gusta también pintar, animales devorando otros animales. Tengo unas series ahí que no he sacado a la luz… Pero lo que te quiero decir es que me duelen mucho esas imágenes. Es súper doloroso ver cómo un tigre se come a un jabalí, de verdad es súper doloroso, pero no sé, me gusta pintarlos.
A partir de ahí hice mi perrito, porque dije: “Voy a hacer uno, pero ahora como si hubiera pasado algo en la casa, que este perro se volvió loco y no sé”. Me viajé con eso y vi una de mis películas favoritas que se llama Yojimbo, de Kurosawa. En la película hay una escena en la que un perro trae una mano en la boca. Esa imagen me shockeaba mucho, porque sólo de ver pasar un perro con una mano ya te puedes imaginar lo que está pasando a nivel sociedad.
Dije: “¿Cómo puedo mostrar una imagen fuerte de lo que pasa en la casa, con esa violencia social pero dentro de la casa?”
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MP: Woow, es que sí es muy fuerte. Oye, sé que eres maestra aquí, pero ¿actualmente en qué estás trabajando? ¿Cómo es tu vida aquí, en Cuernavaca? ¿Qué emociones te causa Cuernavaca?
IG: Yo soy artista visual, pero más pintora, quiero ser pintora 24/7. Ya no quisiera presentarme primero como maestra. Es algo que hago, que me gusta por el contacto con los alumnos y por transmitir esta vocación, pero quiero dedicarme a la pintura, quiero ser pintora, quiero vivir de la pintura.
Mi rutina es levantarme y pintar. Lo que Cuernavaca me aporta es que amo mi jardín, amo las plantas, lo verde, lo que florece. Tengo un amigo que dice: “Salen plantas hasta en las orejas aquí en Cuernavaca”. También es un lugar muy prolífico de creación, eso es lo que me aporta mi ciudad.
Esto me ha hecho ver que mi tema puede virar, y justo he comenzado a pintar en verde. Hace poco tuve un taller de las barrancas que me aportó mucho en cuanto a voltear a ver mi geografía. Entonces estoy trabajando en una serie que tiene que ver con esa conexión con mi lugar de residencia, de nacimiento y de vida, y con la fauna y flora que hay a nivel de casa, en ese abrir la ventana y ver qué está pasando en el exterior.
MP: ¿O sea que en tu obra el abrir las ventanas de tu casa y ver hacia el exterior es algo nuevo?
IG: Sí, eso es nuevo.
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MP: Ah, ok, porque no lo había visto en tu obra. ¿Con qué tipo de verdes estás trabajando?
IG: Estoy probando, no quiero dejar mi paleta sombría, la verdad. He hecho recorridos por las barrancas y por Tepoztlán y lo que más me gustó fue los verdes fríos, más fríos que cálidos. Entonces sí, yo creo que continuaré con esa paleta.
Tenía un título para esta serie en verdes: Cielo afónico, porque estoy con el rollo de las aves, ya que el jardín implica sonidos y muchos tienen que ver con todas las aves que escucho. Empecé unas piezas en barro de aves, así que estaba conectando ahí. Quiero hacer esa expo con muchas piezas de aves, muchas, con unas 100 o las que alcance a hacer para que sea una gran instalación. Eso es lo que más me emociona del futuro. También, ¡aplicar alguna residencia a Japón para visitarte!
MP: ¡Sería increíble! Oye, ¿tienes preferencia por alguna de tus obras? ¿Te has encariñado con alguna de ellas o las dejas pasar?
IG: Sí, hay unas. Las que salen de un lugar que es difícil luego acceder. No sé cómo explicarlo, tal vez por etapas. Cuando digo: “¡Woow, esta pintura no sé cómo salió!”
Hay obras que se van a otro lado, pero las vuelvo a ver y me dan cosas. Pienso: “¡Esas las quiero todavía!”, porque las veo y me nutren.
Hay una que tiene una hiena… Me gusta mucho jugar cuando estoy manchando, porque soy muy de mancha, no tanto una pintora de línea; mi dibujo es más de mancha. En esas manchas a veces empiezo a ver cosas, como la pareidolia, las cosas que traes en tu cabeza. En esa pintura empezó a salir una hiena y me encantó la postura que tenía; es en un interior y me gustó todo el escenario. Además, la experiencia de pintarlo, de lo que pasó ahí mientras la hacía. Está muy sencilla (no me tardé mucho, de hecho), en ocres y es muy oscura la tonalidad, casi no hay colores, es casi sepia.
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MP: ¿Te ha costado deshacerte de alguna pintura?
IG: He quemado cuadros. Cuando vivía en España me pregunté: “¿Dónde los voy a dejar?” Sí, he quemado obra en momentos de desesperación. En esa ocasión era una pieza muy grande, ¿cómo me la iba a llevar? Hubo una pieza que me la iban a comprar y la persona falleció; nunca volví a ver o a saber nada de esa pieza, ni me la pagó ni nada porque murió al día siguiente.
Luego estuve en una galería aquí, en Cuernavaca (es una anécdota muy loca). Llevé cuadros para que se vendieran y luego empecé a soñar con uno de los cuadros que estaba en la galería y pensé: “No, ése no lo puedo vender, tengo que ir por él”. El cuadro me llamaba y fui y en la galería me dijeron que qué raro que fuera por ese cuadro, pues ya me lo había llevado. ¡Y no estaba! Dije: “¿Cómo que no está la pieza?”, y les hice un escándalo. Total que al final me enteré de que rentaban mis piezas; esa la rentaron y no se las devolvieron. ¡Pero me llamó la pieza!
MP: Te gritó: “¡Ven por mí, auxilio!”
IG: ¡Ajá! Y la recuperé al final. Esa pieza tiene de título 2006.
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MP: ¡Qué alivio! Itziar, finalmente, ¿qué es para ti Cuernavaca?
IG: Me gustó mucho lo que dijo alguna vez Amauri Colmenares, un colega escritor de aquí de Cuernavaca, la definió como “ruina tropical”. Y sí tiene algo como que parece que desmantelaron la ciudad; siempre se ve así, por más que intentan arreglar algo. Pasa por la humedad, así se ponen las casas. Es una ciudad que tiene estas barrancas que piden su espacio, las plantas empiezan a aparecer, a recordarte que era una selva. Esa sensación me da y eso es lo que quiero rescatar en mi nueva serie.
Ese recorrido a las barrancas es muy fuerte, es bien triste ver que están en ese estado siendo que es un paraíso. Tenemos (creo) doscientas y cacho de barrancas en la ciudad y el 99.9% están bardeadas, sólo hay acceso por Chapultepec y vas y es una maravilla. Pero siempre hay este espacio marginado del paisaje, ¿verdad?
Esa es la sensación que me da, pero a la vez por eso es importante crear pequeños refugios de jardines.
Después de un rato más platicando entramos a una mini galería que tenía en venta, entre muchas otras cosas, unas marionetas pequeñas dentro de cajas de cristal. Las marionetas están hechas de cosas de las que no se ha querido deshacer. Además de su pintura, ha sido de mis cosas favoritas de su obra.
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Itziar también hace piezas de cerámica increíbles, como tazas y platitos que pone en venta en el bazar morelense de la colectiva La Mercadita.
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Puedes seguir el trabajo de Itziar en sus cuentas de Instagram:
@itziarultramar
@ultramar_ceramics
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Soy la mujer perro.
Me encantan las historias de terror, el anime, los taquitos y el rámen.
Me gusta bordar. Vivo alejada de la gente, convivo más con animales, pero siempre buscando conectar con mis colegas.
Escribo para no morir de envenenamiento.
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¡COMPÁRTELO!
Sólo no lucres con él y no olvides citar a la autora y a la revista.















