SOMBRA Y SILENCIO

II

 

Emiliano González

Primera parte

 

Aleister Crowley en sus primeros libros de poemas, Aceldama (1898) y Manchas blancas (del mismo año), presenta Quijotes decadentes, muy peligrosos, y se acerca al humor negro y al poeta villano, que es aún peor que el futurista de Pessoa, pues llega a cometer crímenes reales, no sólo crímenes literarios. Al principio de Aceldama, el poeta se pregunta si Satán será el verdadero Dios, y al final estrangula al maestro con su pelo pesado (heavy hair). Este final determina el comienzo de la canción “One of the Boys” (“Uno de los muchachos”) del grupo musical inglés Mott the Hoople: Know that I grow my hear / just to scare / the teacher (Sepan que dejo crecer mi pelo / sólo para asustar / al maestro). En Manchas blancas (alusión a las manchas de la lepra), el poeta anti-cristiano George Archibald Bishop, loco y asesino, es autor de versos hórridos, que van de la decadencia al inmoralismo, y desfilan todas las perversiones sexuales.

En “La medida de un hombre”, prosa incluida en el libro Fantasías en prosa (1894), Richard le Gallienne hace una defensa del pelo largo, al que no considera afeminado, ni macho, sino artístico. En Aceldama, Crowley presenta la deformación de la prosa de le Gallienne al adoptar la máscara artística del poeta villano. La bestia 666 es una máscara similar.

Debido a Baudelaire, que le da un sentido espiritual a la palabra “aristocracia”, la Bestia 666 cree que el Espíritu aprueba la aristocracia en sentido de selección y al aplicarla políticamente desemboca en una anarquía a la que da sentido liberal, del que no tiene gobierno porque no lo necesita. La intención de la Bestia es en parte buena, pero también es mala, pues no ha dado buenos resultados en la realidad. La Bestia ha querido hacer pasar a Nietzsche por cuerdo o inocente, al demostrar que la aplicación política del irracionalismo no es necesariamente nazi. Declarándose freudiana, la Bestia pretende estar lejos de la crueldad sádica. Sin embargo, la Bestia antes ha sido Aiwass, que va de la condición angélica a la de Jefe Secreto en El libro de la ley, y antes ha sido George Archibald Bishop, neurópata del Segundo Imperio, anti-cristiano y asesino. Tales son las máscaras artísticas que Crowley ha adoptado: son máscaras de villanos con dobles personalidades. No es bueno confundirlas con el rostro. Después de la Bestia, el cantante popular Donovan en “Sunshine Superman” ha transformado la retórica de Nietzsche en poesía, sin tratar de demostrar la cordura ni la inocencia de Nietzsche, ya que no lo menciona. Swinburne, el poeta decadente, no mencionaba a Sade cuando lo transformaba en tragedia o comedia en Poemas y baladas.

Octavio Paz, en su admiración por Nietzsche, está influido inconscientemente por un fragmento de la biografía de Goethe escrita por Cansinos Assens (publicada en 1944), fragmento en que el autor dice que Goethe se contenta “con esa antigüedad clásica, vista a través de la Roma imperial, que ha impuesto al arte, como a todo, su engañosa paz octaviana [el subrayado es mío]: que no pase de ese academicismo, bajo el cual quedan represados los pozos bullentes, pasionales, de la verdadera antigüedad griega, el elemento dionisíaco, que Nietzsche, audaz, removerá más tarde…”

Sin embargo, Paz no está influido por el ensayo “Idea general de la obra Fausto (1945), en que Cansinos Assens observa: “Notemos aquí de pasada ese cabo suelto del amor al peligro, para anudarlo con el amor al peligro de Nietzsche y todas las teorías político-sociales que luego se han derivado de esa interpretación deportiva del fuego violento y arriesgado de las fuerzas del hombre. ‘Queremos la vida incómoda, la vida dura, la vida peligrosa, etc.’” Como en los poemas del futurista Maiakovsky, en algunos libros de Paz se da la mezcla contradictoria de Marx y Nietzsche, mezcla que es un reflejo, un eco de la actitud aristotélica, revolucionaria en poética y reaccionaria en política. En el ensayo de Paz sobre Darío es notable la influencia del personaje Octavio P., del cuento de Gutiérrez Nájera “El baño de Julia”, del que Darío hace una variación en el cuento “La ninfa”. En el cuento de Gutiérrez Nájera vuelve la romántica gruta del silencio de Pope, una variación apacible de la gruta en que Orlando enloquece después de leer los versos de Medoro. He aquí la locura posterior a la lectura, como ocurre en el Quijote. La gruta de las palabras que causan la locura profana se convierte con los años en la gruta del silencio que causa la locura sagrada.

Octavio Paz

La transformación de locura profana en locura sagrada está presente en el primer libro de versos libres en español, En la plenitud de los éxtasis (1897), de Carlos Alfredo Becú, que incluye visiones basadas en las edificaciones del rey loco Luis de Baviera, en la fuente de Neptuno, en el quiosco morisco de los pavos reales de Linderhof y en los motivos bizantinos de Neuschwanstein. En una carta a Darío Becú confiesa que “las psicosis” lo han llevado a la elaboración de sus poemas. Mientras el libro sobre el rey wagneriano es incendiado, un libro influido por Becú es celebrado: Castalia bárbara (1897) de Jaimes Freyre, en que desfilan las deidades nórdicas y en que el poema sobre las auroras nos recuerda a Nietzsche. Jaimes Freire, al referirse al verso libre, no menciona a Becú. Este silencio es un indicio de doble personalidad.

En su Autobiografía (1912) Darío dice que Becú “publicó una plaquette donde por primera vez aparecían en castellano versos libres a la manera francesa, pues los versos libres de Jaimes Freyre eran combinaciones de versos normales castellanos”.

Becú es antecesor del surrealismo cuando le dice a Darío que lea su poema In excelsis y añade: “Yo lo hubiera corregido y pulido, si el hacer tal cosa no fuera tan antagónico con mi modo habitual y necesario de producir”.

Hay una cita de Lautréamont (considerado loco por Darío) en el libro de Becú, En la plenitud de los éxtasis. Las cartas de Becú están en El archivo de Rubén Darío (1947), de A. Ghiraldo.

Carlos Alfredo Becú

Uno de los últimos Quijotes decadentes es El circo de Oxford (1922) de H. Miles y R. Mortimer. Gaveston ffoulis (nótese el apellido con minúsculas) “coleccionaba textos oscuros de la Edad de Plata de todas las lenguas, y las décadas declinantes de todos los siglos ofrecieron sus curiosos frutos. Le deleitaba estudiar detalladamente… las Eróticas de Kottabos el Siracusano. Recostado en un montón de almohadones Liberty y enredado en los humos del almizcle, el aceite esencial de rosas y del pachuli, Gaveston reflexionaba sobre la belleza fétida y corrupta del estilo del siciliano”.

La belleza de ese estilo es un recuerdo de “las fosforescencias de la podredumbre”, que Poe consideraba signos de mala literatura y que Gautier veía como detalles de buena literatura sobre el mal.

Esta actitud de Gautier proviene de raros escritos. En su carta sobre apariciones luminosas en las velas de los barcos (1730) el padre Bourzes alude a “una especie de Fuego Artificial en el Agua”, provocado por peces juguetones. El capítulo sobre “Luz de Sustancias Pútridas” en la Óptica (1796) de Joseph Priestley es revelador al aludir a peces que dejan estelas luminosas y al mar fosforescente. Estos fragmentos de libros de viajes (citados en El camino a Xanadu de Lowes) influyen sobre los versos de “El antiguo marinero” en que Coleridge se refiere a serpientes marinas luminosas. El alquimista inglés Sir George Ripley, del siglo XV, observa que durante la putrefacción “se desarrollan colores brillantes como el arco iris”. Los fuegos fatuos de pantanos o cementerios, los fuegos de San Telmo en el mar, son otros ejemplos de fosforescencias de podredumbre. Al final de El libro verde de Machen, la ninfa Alanna convierte el estanque de agua en estanque de fuego, aludiendo indirectamente a la materia prima (la putrefacción) y a la ninfa Híada convertida en sol, emblema de evaporación y de Obra realizada. Dentro del relato titulado “El pueblo blanco”, El libro verde resulta completamente quijotesco, y es repudiado por el moralista e inmoralista Ambrose, católico anglicano.

Robert Bloch hace su propio Quijote en el cuento “El escritor fantasma”:

“Era Luther Hawkins, autor de cuentos de horror. Y parecía un criador de cerdos. Sus manos pecosas, sosteniendo una copia de De masticatione mortuorum in tumulis, de Ranft, eran más apropiadas para sostener una copia del catálogo de Sears-Roebuck”. Se cambia a un departamento de soltero y lo adorna al estilo pre-Beardsley: colgaduras de terciopelo negro, luces escondidas, figulinas de bronce de Horus y Set y Tifón, incensarios japoneses, todo el equipo. “Simulaba el escenario de una película de 1925 para una escena de seducción de Lew Cody. Pero para Hawkins era glamour, misterio”. Un discípulo suyo, Steven Ayres, termina siendo su enemigo y creyéndose superior al maestro. Pero éste muere y su espíritu queda en su máquina de escribir, que escribe los cuentos. Finalmente, mecanografía una carta en que acusa a Ayres de haberlo envenado. La máquina de escribir, sostenida por Ayres, le cae encima y lo mata, estallando después. El autor imaginario de “El escritor fantasma” confiesa que desde entonces ha escrito sus cuentos con pluma fuente. El cuento es del libro Cocos (Bogey Men), publicado en 1963.

El narrador imaginario de “El crimen del otro” (1904) de Horacio Quiroga es un loco aficionado a Poe que se identifica con el narrador imaginario de “El tonel de amontillado” y encierra y mata a su enemigo (loco también), llamado Fortunato, en un pozo sacado de “El pozo y el péndulo”.

El argumento influye sobre Bradbury, que en su cuento “Usher II” de Crónicas marcianas (1950) hace aparecer a un personaje que también se identifica con el narrador imaginario de “El pozo y el péndulo” (Montresor), pero esta vez para hacer justicia, pues ultima a los miembros de la asociación neo-nazi “Climas morales”, a los que trata como Fortunatos. El motivo del cuento es otro tipo de locura: la del barbero y el cura, que queman libros, que reprimen la cultura, motivo que está en la novela Fahrenheit 451 (publicada en 1953) y en los cuentos “Pilar de fuego” y “Los desterrados”.

En “El hombre que coleccionaba a Poe”, de Robert Bloch, un coleccionista que parece ser Poe redivivo es sólo un ejemplo de alguien que ha desarrollado “un singular engaño nacido de la soledad y la perpetua meditación sobre el pasado”. Hay una aparición (o alucinación) del cuerpo de Poe al final del cuento y el coleccionista fallece en un incendio junto con la imagen del autor macabro. Aunque empieza igual que el cuento sobre Usher, el cuento de Bloch –como los de Quiroga y Bradbury– hace a un lado el tema del incesto y se concentra en el de la locura. El cuento de Bloch es del libro Cocos.

Continuará…

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Emiliano González

Autor de Miedo en castellano (1973), Los sueños de la bella durmiente (1978, ganador del premio Xavier Villaurrutia), La inocencia hereditaria (1986), Almas visionarias (1987), La habitación secreta (1988), Casa de horror y de magia (1989), El libro de lo insólito (1989), Orquidáceas (1991), Neon City Blues (2000), Historia mágica de la literatura I (2007) y Ensayos (2009).

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