PREVISIONISMO PORVENIRISTA

IV

Emiliano González

Primera parte
Segunda parte
Tercera parte

 

Gabriel Trujillo Muñoz, autor de Los confines, libro sobre ciencia-ficción mexicana, es autor también de Tijuana City Blues (1999), libro que gira alrededor del autor William Burroughs y una deformación de la leyenda de Guillermo Tell (héroe de la independencia suiza), deformación señalada por mí a la autora Itzel Reyes de la revista La mandrágora (ya desaparecida), bastante tiempo antes de la aparición del libro de Trujillo. El poeta inglés Roger McGough, en su libro Contraseñas (1969), menciona a Burroughs después de mencionar a varios asesinos.

Aunque Burroughs no es autor beat –como él mismo ha confesado– sí es tema beat e incluso tema subterráneo: lo demuestran las canciones “Hey, Joe” de Jimi Hendrix, “Parchment Farm” de Blue Cheer y “Bungalow Bill” de los Beatles. En la canción de Hendrix, el asesino ha matado a su mujer por celos y cuando el músico le pregunta adónde va a ir, responde que va ir al sur, a México, para huir de la horca.

En la canción de Blue Cheer, un personaje afirma que no ha hecho daño a nadie, y le dice a Dios que va a quedarse en Parchment Farm para siempre, pues ha matado a su mujer, que se ha portado mal con él. Después él ha bebido vino y lo único que ha hecho ha sido “dispararle” a su brazo, es decir, se ha inyectado droga.

En la canción de los Beatles, los músicos le preguntan a Bungalow Bill qué ha matado y alguien responde que ha matado tigres y que es el hijo de su madre, hijo “norteamericano con cabeza de bala”. Todos los niños cantan, “Hey, Bungalow Bill, ¿qué has matado?” Finalmente, Bungalow Bill es alcanzado entre los dos ojos por una bala del Capitán Maravilla (un superhéroe). Burroughs aparece entre otros personajes históricos en la portada del disco Sargento Pimienta. Recuerdo que Elizondo –amigo de Burroughs– decía que los de Avándaro hacían bien al fumar marihuana y hacían mal al oír música basada en los Beatles, ya que Wagner era superior.

Yo escribí un ensayo sobre Burroughs que publiqué en El Heraldo Cultural (en la época de Luis Spota), pero al enterarme de la muerte de su mujer ya no publiqué el ensayo en libro. Burroughs parecía criticar a las drogas peligrosas y a los homosexuales. Yo veo que cuando en una carta se refiere a un mesero feo y maricón, parece ser satírico y en realidad es apreciador de la anormalidad física y mental del empleado. Cuando se refiere a la lujuria de jóvenes machos, no le da a la palabra “lujuria” un significado de exceso sino de intensidad.

La vida de Burroughs parece un intento de corregir a un individuo fuera de la cárcel, y aunque no vuelve a matar, no corrige nunca la misoginia de ciertos fragmentos. En el asesinato, disfrazado de accidente, se ve un inmoralismo muy radical, que se basa en el de Gide, pero es aún peor: no sólo deja morir a la mujer, prefiriendo a un hombre: él mismo la mata.

Precursor del inmoralista de Gide es el personaje Nello della Pietra, que, movido por celos furiosos como Orlando u Othello, expone a su mujer, Madonna Pia, calumniada, a las emanaciones insalubres de la región de Italia llamada Maremma. Nello logra matar a Pia, e incluso llega a acuchillarla, según algunos cronistas. Nello lo hace todo guardando silencio, sin acusarla a ella ni responder a sus preguntas. Esta historia, registrada por la autora inglesa Felicia Hemans en uno de sus poemas, “El Maremma” (1823), es recordada brevemente por Dante en el Purgatorio y por Rossetti, que le dedica un cuadro al tema, usando como modelo a la pre-rafaelita Jane Morris. Hemans compara a Pia con Mona Lisa y en el poema muere junto con el niño que ha tenido. La palabra “Maremma” lleva a Rossetti al nombre Mariana, del personaje de Shakespeare y de Tennyson, y después de iniciar el cuadro sobre Pia elabora un cuadro sobre Mariana. El crítico de arte John Nicoll afirma que la época de esos cuadros es de crisis personales y enfermedad neurótica de Rossetti, de insomnio y paranoia. Sobre los dos cuadros dice Nicoll que “la tristeza implacable de estas pinturas es aliviada por la sensualidad y por un rico, casi escandaloso, erotismo”.

Pia de Tolomei y Nello della Pietra.

Volviendo al tema de Burroughs, podemos decir que sus textos se parecen a los textos surrealistas de los 20, en que la búsqueda deliberada de frases anti-sociales, para agradar a Breton y para publicar, le resta valor a lo automático como revelación del inconsciente. Cuando Breton recomienda disparar contra una multitud para lograr el surrealismo más puro… ¿no hace una invitación a matar? El autor confunde al lector al mezclar fragmentos de humor negro con fragmentos serios. En los 20, el surrealismo se aleja de estética y moral y lo automático se aleja de lo auténtico. El texto no sólo transmite el inconsciente sino el impulso agresivo consciente también, de tal modo que no es aceptable como surrealista si no incluye por lo menos una escena sádica. Después de la segunda guerra mundial, el autor automático no busca lo anti-social de manera deliberada, pero lo acepta, siempre y cuando no abunde mucho y tenga finalidad poética y crítica.

“William Burroughs” por JazzberryBlue (2014).

La búsqueda de la inocencia –y la salud mental– adopta en Burroughs diversas formas. Una de ellas es el collage literario, anterior al collage gráfico o escultórico. El collage se construye siguiendo un procedimiento raro que vuelve creativo lo destructivo e incluso transforma comunicación en expresión, usando sólo papel y tijeras. Carroll propone cortar un párrafo y con los fragmentos hacer un nuevo texto, sin importar el orden de las frases. Tzara da instrucciones para convertir un artículo periodístico en un poema y aconseja cortar cada palabra, meter todas las palabras en una bolsa, sacar los pedazos en el orden que salgan y hacer el poema. Breton afirma que “está permitido dar el título de POEMA a aquello que se obtiene mediante la reunión, lo más gratuita posible… de títulos y fragmentos de títulos recortados de los periódicos diarios”.

El collage musical ha tenido éxito en la música popular, gracias a los Beatles, y Burroughs –que aparece en el collage fotográfico de Voorman para el Sargento Pimienta– ha mezclado el collage literario con grabaciones y elementos de horror y ciencia-ficción, que al ser géneros terapéuticos alejan de la violencia agresiva.

El nombre Canned Heat para el grupo musical subterráneo proviene del menú de El almuerzo desnudo (1959) de Burroughs, pero no tiene el carácter flamboyant (ostentoso) que el autor le da en el libro.

The Soft Machine, otro grupo musical, se basa en un título de Burroughs, pero tampoco es flamboyant.


La canción “Estoy esperando al hombre” de Velvet Underground, transforma un tema de Burroughs.

Y el satírico Bowie se opone a la violencia de todo el asunto en “Running Gun Blues”, y otras canciones originales y distópicas.

He leído acerca de un filme titulado Tarántula, de ciencia-ficción, y conozco los poemas en prosa y verso del libro de Bob Dylan, Tarantula (1966). Estos señalan el vínculo entre el tema de la araña macabra, la música folk y el blues.


Mi cuento “El devorador de planetas” es premonición de la canción de Pink Floyd, “Shine On, You Crazy Diamond” (Brilla, loco diamante), en que están la locura, la luna y los hoyos negros. Mi cuento, escrito en la primera mitad de los 70, fue publicado años después.

Hay un porvenirismo armonioso, anti-bélico (que desciende de Gómez de la Serna y otros) en el movimiento subterráneo, así como lo hay en el previsionismo, o premonitorismo porvenirista.

Sin embargo, el porvenirismo puede ser distópico. En mi cuento “Los cuatro libros de Garret MacKintosh” la realidad es un poco peor que la que todos conocemos, y en Neon City Blues es un poco peor que en “Los cuatro libros”: las arañas gigantes son una realidad, no una mera fantasía de Garret, y Juan Antonio, el amigo enemistoso de Garret, se vuelve San Antonio the Third (el viejo Max) y es atacado por unas adolescentes, escena que contiene dos recuerdos inconscientes de filmes de Bergman: uno de Fresas silvestres, en que el actor Max Von Sidow recibe a la joven actriz Bibi Andersson, con chamarra negra, en una gasolinera, y otro de Hora del lobo, en que Von Sidow es atacado por un adolescente (como puede verse, recuerdo los nombres de los actores, no de los personajes). San Antonio the Third es asimismo un recuerdo inconsciente de la ciudad de San Antonio, en Estados Unidos, que en un viaje juvenil resultó frustrante para mí. Estos recuerdos se unen en Neon City Blues, una especie de historieta hiperrealista, en forma de novela, caótica, con pequeños relatos en vez de capítulos, realizados por un autor con doble personalidad. En la primera versión, que incluye fragmentos publicados en la revista Vuelta, el autor se suicida, como Garret. De esta primera versión sobreviven arañas gigantes, cuyo semen es gasolina para mover autos y motocicletas. Las arañas son símbolos de dinosaurios convertidos en petróleo.

Como en el cuento “La ninfa” de Darío, hay en mi novela relación entre el pulpo y “la araña Kraken que vive en el fondo de los mares”. La realidad espantosa de Neon City es un símbolo de ciertas etapas de la historia del siglo XX y representa, de manera deliberada, planeada, un surrealismo inconsciente que no toma en cuenta la experiencia de la segunda guerra mundial.

La obra de Lovecraft ha sido llamada surrealista y en verdad resulta un símbolo de la realidad, más que la realidad misma. La cultura humana, que incluye dioses gnósticos, se ve acompañada de hechos históricos horribles, que Lovecraft critica en sus cuentos. Al acercarse a Machen se acerca a un autor de ciencia-ficción opuesto a los futuristas y a favor del éxtasis y el sueño.

Desde la infancia Lovecraft admira a los griegos y en su edad adulta hace un equivalente moderno de la mezcla de religión y ciencia de la mitología griega. Cthulhu, Nyarlathotep y los otros personajes de Lovecraft no son dioses sino seres extraterrestres y extradimensionales: seres de otros planetas y otros tiempos, que han sido interpretados como dioses por los hombres primitivos, por los antiguos y por los modernos. No son sobrenaturales sino seres ajenos a los humanos, y éstos han creado una mitología para explicar fenómenos naturales de agua, fuego, tierra y aire. El mito que define a esos seres dice así: nuestro planeta fue habitado, en tiempos muy remotos, por otras razas, que al practicar la magia negra fueron despojadas de sus poderes y expulsadas, mas viven siempre en el exterior, siempre listas para adueñarse de la tierra. Es una variación de la historia del Génesis y de la Caída, un arquetipo que podemos hallar en los árabes y en los griegos. Sin embargo, la explicación científica –por supuesto, imaginaria, sólo real en los cuentos de Lovecraft– sigue otros rumbos: en tiempos lejanos los Grandes Antiguos, seres que dominaban magia y tecnología, robaron unos documentos sagrados a los Ancianos, seres con capacidades cósmicas, y fueron encarcelados, mientras los Ancianos (Nodens y otros) regresaron a sus hogares en algún espacio cercano a Betelgeuse, estrella de la constelación de Orión. Y aunque los Grandes Antiguos se levantarán para combatir de nuevo a los Ancianos, éstos triunfarán según las profecías. Ni los Grandes Antiguos ni los Ancianos son antropomorfos: sus formas son completamente ajenas a la humanidad.

“H.P. Lovecraft” por wildcard24.

El crítico Maurice Lévy afirma que los seres híbridos de Lovecraft son transformaciones de la xenofobia u odio por los extranjeros. Yo observo que son también transformaciones de motivos profanos de Lautréamont, como la unión de Maldoror con una tiburona. El resultado podría ser algo peor que un ser de Innsmouth. Lovecraft le da su justa medida al imaginar a un humano pisciforme, así como es capaz de imaginar a un hombre-mono, a un hombre-perro y a un hombre-cerdo: monstruos que implican involución y bestialismo de tipo mitológico, igual que los centauros y las esfinges.


Neon City Blues es una novela lovecraftiana pero se acerca a Clark Ashton Smith o a Crowley al presentar, de manera explícita, escenas perversas, uniones de adolescentes con pulpos o arañas gigantes.

Relacionado con Neon City Blues es el poema “S.W.A.L.K.” de Roger McGough, incluido en Contraseñas, libro característico del movimiento inglés llamado “Sonido Mersey”. En el poema, una adolescente de quince años, Leticia, escribe cartas a poetas y cantantes y hace sugestiones desaforadas. Cuando ha hecho la tarea, bebe su té en el silencio de su cuarto, hace “avances de pluma y tinta” y es “la reina indiscutible de la pornografía pop”. Sus corresponsales, impacientes por el cartero, comen corn flakes y holgazanean cerca de la puerta. Sus esposas creen que las cartas son de amantes, gritan Estrago y “sueltan la tarántula de la guerra”. Ella escribe cartas a “los adecuados héroes de cartón de la fantasía pubescente” y es la corresponsal carnal por excelencia.
Este extraño poema subterráneo es leído por mí años después de escribir Neon City, en que hay adolescentes, pornografía y tarántulas.


En la sección “Fantasmas y robots” del “Nuevo Bestiario” publicado en Poesía I, revista literaria francesa, en 1978, aparece el poema “El blues de los peces suicidas” de André Georget. La poesía de este autor, conocido por mí en 2016, es “narrativa, situada entre Poe y la historieta”.

Los blues de la ciudad forman un movimiento literario en que los principales males mencionados o descritos son el suicidio y el asesinato.

La escena de Tina con la tarántula anticipa mi lectura de la novela En el camino (1955) de Jack Kerouac, en que el narrador, Sal Paradise, hace el amor con Teresa, una joven mexicana, en un granero que tiene una tarántula peluda en el techo. En la novela de Kerouac, mezcla de literatura beat e irracionalismo, Dean, el presumido y nietzscheano amigo de Sal, rompe con la rodilla un disco de “hillybilly” de una joven de trece años, ésta llora y Sal le dice que le rompa a Dean un disco de jazz de Gillespie en la cabeza, y ella así lo hace. Incidentes depresivos como éste alternan con momentos de beatitud. En la novela Dean es ladrón de autos y caótico heterosexual, pero se basa en un autor homosexual que tiene la costumbre de desnudarse: Neal Cassady. El exhibicionismo predomina sobre el nudismo. Con uno de los autos robados, Dean quiere que el narrador se finja rico y él quiere fingirse amigo y chofer. Me imagino que el personaje Jupien, de Proust, le inspira a Kerouac este fragmento. Hay aburridos, incómodos y cansados viajes por Estados Unidos. Sal pasa de un empleo a otro para sobrevivir. En el capítulo 11 aparece una bella “rosa de la pradera” de dieciocho años, personaje que tiempo después aparece en una canción del grupo Roxy Music. En la novela de Kerouac hay negros beats y hipsters de pelo largo que han llegado al final del camino y beben vino. La palabra hipster (que define al blanco de alma negra) es luego confundida con la palabra hippy (melancólico) del siglo XIX. En la novela de Kerouac, el hipster convive con el criminal. Dean cuenta cómo entró en la cárcel a los trece años al cortarle el cuello a un amigo. La lectura de Nietzsche sólo agrava la actitud anti-social de Dean.


La perla prometida al principio del libro, perla que se encuentra en algún lado de la ostra formada por el país, perla relacionada con mujeres jóvenes y visiones, implica un riesgo en este caso, como en otros anteriores (de la literatura de Steinbeck y Hernández Catá) en que hay perlas y riesgos. “Yo guardo la perla triste”, dice el mar en un poema de Martí sobre una perla perdida. Esta vez no es el mar sino el camino el que se queda con la perla. Finalmente Sal y Dean encuentran “la tierra mágica al final del camino”: México… y una especie de paraíso árabe en un burdel.

Lo mejor del libro es el estilo espontáneo con fragmentos poéticos en que hay fantasía en vez de realismo. Pero son preferibles otros libros de Kerouac.

El libro de aventuras en que dos personajes recorren grandes distancias se inicia en el Satiricón, continúa en el Quijote y termina en Las aventuras de Huck y Lolita.

En el camino es ese tipo de libro.

Sin embargo, el retrato que hace Kerouac del héroe-villano Dean ha sido interpretado como un elogio.

En su libro Kerouac es paisajista y bosqueja personalidades.

Aunque se han perdido el principio y el fin, podemos ver claramente que el Satiricón de Petronio muestra la curación de un homosexual. El amigo de Kerouac, Allen Ginsberg, en la época subterránea busca su curación con LSD, pero al final de su vida su irracionalismo gay predomina sobre su tendencia beat y calumnia a Kerouac en una entrevista de la revista Gay Sunshine.

Siempre que en los libros de Kerouac es mencionado un homosexual es usada la palabra “marihuana” en vez de hierba, té, hashish o ceniza volcánica. Esto nos recuerda al autor guatemalteco Arévalo Martínez, que dice “hashish” cuando aparece la mujer verde, y “marihuana” cuando aparece Aretal (Barba Jacob).
Sal se vuelve policía, pero renuncia en poco tiempo, ya que no le gusta arrestar gente. Hay fragmentos de En el camino que van a dar, transformados, a canciones populares eléctricas: el hombre que entra la ventana del baño y el departamento de police se vuelven la mujer que entra por la ventana del baño y el departamento de bliss (felicidad) en una canción del disco Abbey Road de los Beatles. El parque y los cisnes de otro fragmento se vuelven imágenes de una rara canción del disco Adiós del grupo psiquedélico The Cream. Los libros de Kerouac, igual que los libros de los autores modernistas, inspiran a los grupos populares eléctricos. “Ocho días a la semana”, por ejemplo, otra canción beatle, se basa en un soneto del español Jacinto Benavente (premio Nobel): “¡Ocho días de amor! ¿Y no es bastante?”

Los modernistas son precursores del movimiento beat, y éste, en la medida en que se aleja del irracionalismo y explora nuevos espacios, propicia la eclosión del movimiento subterráneo, que a su vez da origen al previsionismo porvenirista, crítico y celebrador. Un fragmento de la novela de Kerouac es significativo, pues se refiere a un personaje “pidiendo aventón en el camino inglés, de Londres a Liverpool, con su pelo largo y sus pantalones andrajosos, y extraños conductores de camiones levantándolo en oscuridades del vacío europeo”. El fragmento, publicado en 1955, parece describir algo ocurrido veinte años después. Hay influencias, pero también premonición.

En Los vagabundos del Dharma (1958) Kerouac describe un ascenso místico y pretende controlar el irracionalismo por medio de la literatura. Japhy Ryder (Gary Snyder) cree que al destacar la poesía de Pound se aleja de su política reaccionaria. Kerouac escribe su novela para demostrar esa tesis. Y en efecto: el imaginismo –a diferencia del vorticismo– es creativo, sintético, y acerca a Ryder a la poesía japonesa, al “haikú”, no al fascismo japonés. Pound es el autor menos apropiado, pero de cualquier modo Kerouac encuentra en este libro una solución al problema de la ideología, solución que no se encuentra en la novela En el camino. Las peregrinaciones de los antiguos poetas japoneses son modernizadas en Los vagabundos del Dharma. Recordamos también al mexicano Tablada, el “bodhisattva” de Nueva York. El budismo y el cristianismo con sexualidad son característicos del libro de Kerouac.

Entre los blues de la ciudad, que critican suicidios y asesinatos, destaca Mexico City Blues (1959) de Kerouac, un libro con equivalentes literarios de improvisaciones musicales.

Continuará…

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Emiliano González

Autor de Miedo en castellano (1973), Los sueños de la bella durmiente (1978, ganador del premio Xavier Villaurrutia), La inocencia hereditaria (1986), Almas visionarias (1987), La habitación secreta (1988), Casa de horror y de magia (1989), El libro de lo insólito (1989), Orquidáceas (1991), Neon City Blues (2000), Historia mágica de la literatura I(2007) y Ensayos (2009).

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