El arte de las pantallas de

KAYLEIGH MARTIN

 

Juan Manuel Díaz

 

Esta será la primera de varias entregas dedicadas al arte de Kayleigh Martin (20 de junio de 1997), artista originaria de Zapopan, Jalisco, pero afincada en la ciudad de Mérida, Yucatán. Descubrí a la artista cuando Obras de Arte Comentadas, el muy exitoso proyecto en redes sociales enfocado a la divulgación del arte en español, nominó su pieza Serial Post-Digital Experiments: YouTube Horror a “Obra de arte del año”. La pieza no ganó, el honor sería para Hard Core Media de Andrea García (que merece una entrada aparte). Pero ahora estoy hablando de Kayleigh: su experimentación por medio de visuales y videos extraídos de internet crea una estética exclusiva no sólo del medio digital, sino que es la mirada propia de una generación con pocas esperanzas en algo más allá de sí mismas.

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No es azaroso que la experimentación de la artista haya sido detonada en pandemia y gracias al legendario anime de ciencia ficción Serial Experiments Lain. En el anime, la protagonista, Lain, se ve envuelta en un mundo surrealista alrededor de internet. Todo inicia con el suicidio de una compañera de clase, por medio del cual Lain descubre que en realidad su amiga no ha muerto, sino que ha abandonado su cuerpo físico y ahora su conciencia vive en internet.

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Esto es, precisamente, lo que Kayleigh intenta hacer. Una metáfora sobre la manera en que la generación de toda una conciencia abandona sus cuerpos para habitar un mundo digital más allá de una insulsa vida cotidiana centrada en lo análogo. ¿Cómo lo hace? Sencillo, por medio de Serial Post-Digital Experiments: Let’s All Love Images, la cual consiste en una serie de 14 imágenes modificadas por internautas de un meme que realizó la artista:

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El meme fue viralizado y usuarios de internet terminaron por apropiarse de la imagen. La imagen, en sí misma, cobró vida independiente de la artista:

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En palabras de Kayleigh, la imagen se iba degradando no sólo en calidad del formato del archivo, sino que se iba alterando su significado, variando desde la ofensa a la autora hasta el sinsentido. Además se proyectó el video nominado, el cual es una recolección de videos con temáticas de horror y terror encontrados en YouTube. La muestra de videos fue acompañada por un conversatorio después de su proyección, donde el eje rector fue la imposibilidad de la disociación entre el mundo físico y digital. Hay, pues, repercusiones claras que afectan a lo virtual y a lo físico. En palabras de la artista: “Internet nos permite observarnos a través de un espejo, cuyo reflejo tiene dimensiones y volumen físico”. Al final, hay un esfuerzo de Kayleigh por rescatar aquellas imágenes, una vez consideradas efímeras, para evitar su transformación en lost media.

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Lo que pone de manifiesto la recolección de videos que hace la artista es que muchos de ellos, pensados como videos “reales”, no son más que piezas creadas por artistas visuales, cineastas y un largo etc. Kayleigh recupera videos célebres desde los primeros días de la página de YouTube, muchos de ellos pensados como “verdaderos” en el sentido en que se hacen pasar por metrajes encontrados de diferentes tipos, como perfiles de YouTube o metrajes de cámaras de seguridad. Lo que logra Kayleigh es una recolección de la memoria visual del terror digital en YouTube.  Insiste en las condiciones autónomas de las imágenes con estas piezas de videoarte recolectadas y cortometrajes filmados que fueron liberados en internet desde sus primeros días. Vemos que Kayleigh sigue rastreando la vida que las imágenes toman independientemente de sus creadores.

Más aún, Kayleigh demuestra que lo extraño y siniestro es propio de internet. Desde videos como Username 666 (que era una leyenda urbana del internet: un perfil escondido del cual no podías escapar una vez habiendo llegado a él) hasta los del Bleach Challenge (un sujeto tomando cloro de manera voluntaria), Kalley’s Last Review (un corto de horror que juega a ser una serie de videos de una influencer cuya prueba de productos para la piel termina muy mal) o inclusive el corto llamado Hi, Walter, it’s Me, Patrick (en la que un tipo llamado Patrick cuenta a una amistad, por medio de un video subido a la red, que ha conocido a una chica maravillosa; al final se revela que la chica ha sido secuestrada por Patrick). Este último prueba el punto de la naturaleza siniestra y ambivalente con lo real que explora Kayleigh: cuando su creador lo subió, fue investigado por la desaparición de una adolescente en Wisconsin, llegando al grado de ser cubierto por las noticias estadounidenses.

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Me parecen particularmente poderosas dos piezas dentro de la experimentación de Kayleigh. La primera es un videoarte hecho por la propia artista, titulada Girls from Online. Aquí, Kayleigh recopila videos de mujeres jóvenes y adolescentes hablando sobre la violencia que han sufrido en internet. Los videos, presumo, son reales. No hay mayor ficcionalización más que el montaje que la artista hace. Hay, pues, una yuxtaposición de los videos para incrementar la sensación de dolor y sufrimiento de las protagonistas, estableciendo una verdad clara: la realidad se trata sólo de una cuestión de montaje.

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La segunda es Possibly in Michigan, un corto de horror surrealista de 1983 dirigido por la videoartista Cecelia Condit. En el corto, un asesino persigue a dos mujeres en una tienda departamental y en un contexto suburbano estadounidense. El retrato de los no-lugares, esos espacios liminales que son abandonados, no diseñados para la vida sino para sólo existir en momentos de tránsitos. Esa es la pesadilla suburbana estadounidense, una vida siempre en movimiento, en tránsito, nunca para echar raíces en donde los sujetos, en el caso del corto, serían las dos mujeres perseguidas. Estos lugares que parecieran comunes son donde se esconde lo siniestro y terrorífico. Sin embargo, el corto no lo hace de manera narrativa, sino que es una sucesión de secuencias e imágenes surrealistas en las que el sentido está oculto detrás del montaje.

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Kayleigh pareciera que está diciendo que internet es ese espacio liminal donde se oculta lo siniestro, siempre tras una cara familiar, algo reconocible, pero que en su propio reconocimiento es donde encontramos un espejo siniestro. El espejo de la pantalla, un lienzo oscuro donde podemos proyectar, crear y construir imágenes que se difuminan con la realidad. No hay una separación entre lo verdaderamente “real” y la imagen en la pantalla. Lo análogo y lo virtual se van mezclando hasta convertirse en una sola experiencia para la conciencia. Mismo punto que señaló Serial Experiments Lain hace más de veinte años. La advertencia del anime experimental de ciencia ficción se ha cumplido y Kayleigh Martin lo pone de manifiesto recopilando una serie de imágenes tétricas que nos enfrentan a una sola verdad: somos personajes en una pantalla y no podemos salir de ella.

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AQUÍ puedes revisar su canal de YouTube, donde encontrarás la pieza completa Serial Post-Digital Experiments: YouTube Horror.

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Juan Manuel Diaz de la Torre

Tengo 36 años y nací en la Ciudad de México un 11 de octubre de 1985. Ese día fue viernes y debí nacer a las 6 de la mañana, pero llegué hasta las 8. Tal vez por eso me gustan los viernes y dormir hasta tarde. Soy escritor de poesía, cuento, novela y viñeta, aunque mi trabajo diurno es ser profesor e investigador. En realidad, creo que mi chamba es comunicar: sin importar que sea una reflexión en forma de cuento, un análisis de una película o algún apunte sociológico, lo único que hago es comunicar.

 

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